Zames Chew tiene 26 años y factura 1.3 millones de dólares anuales arreglando cosas en casas ajenas en Singapur. Junto a su hermano Amos fundó Repair.sg cuando tenía 16, después de que sus padres no encontraran en internet a quién contratar para una reparación doméstica.

El sueño de dos hermanas que se convirtió en marca

Gastó 23 dólares en un dominio web, su padre lo ayudó con el registro y así nació un negocio que hoy emplea a más de 20 personas y proyecta ingresos de 2.3 millones para 2025, apunta CNBC.

Publicidad

Ganas de prosperar

Durante siete años el negocio estuvo al borde del colapso. Los hermanos trabajaban entre clases, ponían alarmas a las 4 de la mañana para responder mensajes y aceptaban cualquier trabajo sin importar si el cliente era conflictivo o pagaba poco, porque sentían que su oficio los colocaba en un escalón inferior.

Pinta a Shakira en sus chaquetas y llenó de color su vida: Daniela Camino, la diseñadora ambateña que encontró en el arte su forma de sanar

“Durante los primeros siete años, hasta quizás principios de 2024, (el negocio) estuvo prácticamente al borde de la quiebra la mayor parte del tiempo”, dijo Chew. ”Éramos jóvenes y no éramos muy buenos empresarios”.

Publicidad

El estigma les pesó desde el inicio. Sus propios padres les decían que si no estudiaban terminarían haciendo trabajo manual, como si fuera un castigo.

Algunos clientes les reclamaban en la cara que deberían estar en la escuela, que ese tipo de empleos eran para quienes no lograban nada en la vida.

“Siempre nos sentíamos muy inseguros con lo que hacíamos, porque si bien lo disfrutábamos, la negatividad nos afectaba. Así que nos propusimos no hacer público lo que hacíamos”, dijo.

Los hermanos mantuvieron el negocio en secreto durante años, avergonzados por la reacción social, aunque disfrutaran lo que hacían. No fue sino hasta 2021 que decidieron tomarlo en serio, dejaron de lado la universidad y comenzaron a escalar de verdad.

‘Quedarme de brazos cruzados nunca fue una opción’: abogada se reinventó en TikTok para mantener vivo su negocio durante el paro en El Cajas

Ahora Zames dice que ve más jóvenes entrando a oficios blue-collar, empresas o actividades económicas basadas en trabajos manuales, oficios técnicos y servicios prácticos. Y es que ahora algunos dejan los escritorios corporativos para trabajar con las manos, y asegura que muchos están más contentos que antes.

Él y su hermano pasaron años certificándose, aprendiendo más allá del destornillador y el martillo, construyendo algo que les da valor a otros mientras trabajan juntos, que era el sueño desde niños cuando armaban Legos o desarmaban computadoras.

(I)

Te recomendamos estas noticias