La posición de la ciencia sorprende: Los osos de hoy en nada se asemejan a los de hace diez siglos. Y en su cambio las acciones del hombre tienen mucho que ver.
Estos grandes animales, tachados de salvajes, han presentado transformaciones en su apariencia física y en su genética, informa Xataka.
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Citan, como ejemplo, al oso pardo de los Apeninos en Italia. Señañan que durante siglos, este animal ha vivido en una isla biológica rodeado por la civilización que ha conseguido cambiar al animal tanto de manera física como genética.
Un nuevo estudio apunta a que los osos adaptan su dieta a los cambios climáticos globales
Sus parientes pesaban unos 350 kilos. El oso pardo apenínico -de los Apeninos- pesa en la actualidad entre 140 y 210 kilos.
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Por qué han cambiado los osos
Es aquí donde los humanos tienen mucho que ver en esas transformaciones.
La ciencia, de acuerdo con lo divulgado en Xataka, advierte que los osos están cambiando su fisionomía, su ADN y hasta su forma de interactuar con el mundo “para poder sobrevivir” a dos grandes presiones: la persecución de los humanos y el cambio climático.
Afirman que “el cambio climático no solo está calentando el aire, está forzando al oso a vivir en un desfase temporal con su propio ecosistema. Algo que también se suma a la escasez de recursos que puede comprometer su supervivencia”.
Un ejemplo palpable de esta realidad es el oso del norte de España.
Exponen que también el cambio climático impacta en la hibernación, considerada como “uno de los procesos biológicos más sagrados de la especie”.
Los científicos han determinado que las hembras abandonan sus oseras cada vez más temprano debido al aumento de las temperaturas primaverales.
¿Qué pasa? Advierten que “las madres con crías se enfrentan a un monte que aún no ha despertado del todo porque no ha llegado la primavera.
Los oseznos, vulnerables y con un sistema inmunológico en desarrollo, se ven expuestos a patógenos y también al ataque de machos adultos que también se activan antes de hora”.
Cambio metabólico
En las células de estos animales, “los investigadores apuntan a que han identificado más de 1.500 fragmentos concretos que están activos específicamente en esta población. Estos elementos parecen estar alterando el metabolismo de las grasas”.
Al no depender de la grasa de las focas, buscan otras fuentes de grasa como los huevos, las aves o los renos.
Para ello, “su perfil genético está cambiando para permitirles procesar fuentes de energía terrestres, una transformación metabólica que podría ser la última línea de defensa de la especie frente a un Ártico sin hielo”. (I)