La primera fotografía de Herencia azul no muestra un paisaje submarino ni el retrato de una especie marina. Es una imagen de Gustavo Manrique, entonces ministro de Ambiente, durante una inmersión en Galápagos.

El fotógrafo submarino Roberto Ochoa la tomó pocos días antes de la firma del acuerdo que dio paso a la Reserva Marina Hermandad, en un momento de expectativa por la llegada de varios presidentes y por un momento importante para la conservación marina del Ecuador y de la región.

Ochoa decidió que esa imagen debía abrir el libro porque resume parte esencial de lo que ha aprendido durante una década detrás de la cámara: la conservación no puede quedarse en los discursos. Necesita acuerdos, cooperación y decisiones capaces de proteger la vida marina.

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El origen

“Herencia azul comenzó a gestarse en 2015, durante mi primera expedición junto a Pristine Seas, de National Geographic. Esa experiencia marcó un antes y un después en mi vida”, afirma.

Esta experiencia le permitió comprender que podía unir su pasión por el mar, la fotografía y la conservación para desarrollar sus propios proyectos audiovisuales.

“A partir de ese momento decidí emprender un camino que dio origen a documentales como Galápagos Evolution y, posteriormente, Socorro Evolution. Durante los siguientes diez años tuve la oportunidad de realizar expediciones y documentar algunos de los ecosistemas marinos y territorios naturales más extraordinarios y prístinos del planeta”.

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La herencia azul es el patrimonio natural que hemos recibido: los océanos, las especies, los arrecifes, las islas y todos los ecosistemas que hacen posible la vida en el planeta. Es una herencia que no nos pertenece únicamente a nosotros, sino también a quienes vendrán después.

Roberto Ochoa.

El desafío fue mirar hacia atrás y elegir. Entre miles de fotografías tomadas en diferentes expediciones, países y ecosistemas, cada imagen debía justificar su presencia.

“Con el paso del tiempo comprendí que todo ese archivo no podía permanecer únicamente guardado en discos duros ni compartirse de manera aislada mediante documentales o redes sociales. Sentí la necesidad de reunirlo en una obra física que pudiera permanecer en el tiempo y convertirse en un legado”.

También existe una preocupación, agrega, porque en muchos de estos territorios se pueden observar amenazas como la contaminación, la pesca indiscriminada, el cambio climático y la creciente presión humana. “Estamos heredando una enorme belleza, pero al mismo tiempo corremos el riesgo de entregar a las siguientes generaciones ecosistemas profundamente deteriorados”.

El libro, su proyecto

Herencia azul, explica, nació como el resultado de diez años de expediciones y como una forma de compartir la belleza del mar y de la naturaleza con personas que quizás nunca tendrán la oportunidad de conocer directamente estos lugares.

“El libro busca que quienes recorran sus páginas puedan descubrir lo que tenemos, valorarlo y comprender la responsabilidad que existe de conservarlo para nuestros hijos y para las siguientes generaciones”, recalca.

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El libro, dividido en trece capítulos, muestra la belleza de 11 escenarios como Galápagos, Antártida, México, Cuba, Tiger Beach, Hawái, Indonesia, Egipto, Maldivas, Tonga y la Polinesia Francesa.

“La belleza puede ser una puerta de entrada hacia la conservación. Antes de pedirle a una persona que proteja un territorio, primero debemos permitirle conocerlo y generar una conexión emocional con él”, enfatiza.

El equilibrio -admite- está en no ocultar las amenazas. “Las imágenes transmiten admiración, pero los textos y las historias también invitan a reflexionar sobre la fragilidad de estos ecosistemas y sobre los problemas ambientales que enfrentan”.

La intención, acota Ochoa, no es generar miedo o culpa, sino conocimiento, respeto y el deseo de actuar. “Considero que mostrar aquello que todavía existe y que merece ser protegido puede ser una herramienta muy poderosa para generar conciencia”.

¿Qué papel juega la fotografía en la conservación?

La fotografía y el video tienen un papel fundamental en la conservación porque permiten acercar historias reales a personas que muchas veces no tienen contacto directo con estos ecosistemas. Una imagen puede generar empatía, abrir una conversación y convertir un problema ambiental, que a veces parece lejano, en algo cercano y comprensible.

Una de las experiencias más significativas que he vivido fue el encuentro con una mantarraya que estaba enredada en una red de pesca. Tuvimos la oportunidad de ayudarla y liberarla, y todo el rescate quedó registrado en video.

Ese momento generó una enorme reacción y abrió muchas conversaciones sobre el impacto que pueden tener las redes de pesca abandonadas y otros desechos sobre la fauna marina.

La historia tuvo tanta fuerza que posteriormente se convirtió en el cuento infantil Mi amiga la mantarraya. A través de este proyecto, y con el apoyo de donaciones canalizadas junto con la Fundación Charles Darwin y Oniric Cruises, hemos podido llevar un mensaje de conservación y educación ambiental a niños.

Para mí, ese caso demuestra que una imagen no termina en el momento en que se publica. Puede transformarse en una herramienta educativa, inspirar nuevas iniciativas y ayudar a que las futuras generaciones comprendan desde pequeñas la importancia de cuidar el océano y sus especies.

Actualmente se encuentra disponible en las tiendas de Darwin & Wolf en Galápagos y en otros puntos de venta aliados que se anunciarán a través de sus redes sociales y canales oficiales.

“Por eso decidí que Herencia azul mostrara principalmente la belleza de estos lugares. No desde una visión ingenua, sino como una manera de recordar lo que está en juego. Cuando alguien contempla una especie o un paisaje extraordinario, puede comprender de una forma más cercana lo que podríamos perder”. (I)