Las imágenes de los guayaquileños con el agua a los tobillos y rodillas, en invierno y con marea alta, quedarán en el pasado. En diez años, en las zonas bajas, llegará a la cintura y, al 2050, al pecho, si en ese lapso sube medio metro el nivel del mar debido al calentamiento global.

“Las inundaciones no serán de unos días, sino permanentes”, afirma el especialista ambiental Walter Bustos y explica que las lluvias además serán intensas, lo que dificultará el desfogue del agua. Este escenario será peor con el deshielo de los nevados que alimentan la cuenca del río Guayas y la falta de dragado en el golfo.

Esto sucederá si la temperatura mundial sube 0,5 °C, es decir, de 1 a 1,5 grados centígrados entre el 2030 y 2050 y si los países no actúan, advierte el Comité Intergubernamental para el Cambio Climático, de las Naciones Unidas.

Cambio climático: los principales hallazgos para América Latina del informe de la ONU sobre la crisis climática

Publicidad

La temperatura más alta que la urbe ha soportado, de 36,5 °C -con sensación térmica de hasta 40 °C-, subiría a 37 °C e impactaría a especies marinas que podrían migrar o morir si disminuye el oxígeno, explica Mercy Borbor, experta ambiental e investigadora de la Espol.

En zonas de la ciudad, donde predomina el cemento, Borbor sostiene que se formarán islas y ondas de calor que producirán ‘estrés térmico’, un agotamiento que podría afectar la salud de grupos vulnerables.

Al momento, las acciones del Municipio y del Ministerio del Ambiente han sido “insuficientes, sin visión y anticuadas”, considera la activista Andrea Fiallos, quien critica que en proyectos, como Guayarte, se ha permitido la sustitución de la vegetación por hormigón, “en vez de tener planes como islas flotantes de manglar”.

El Ministerio del Ambiente no detalló medidas para la ciudad, pero afirma que en dos años tendrán una guía para reducir a cero las emisiones de CO2 al 2050. Este ofrecimiento también lo hace el cabildo, pero al 2045, para eliminar los seis millones de toneladas de CO2 generadas en 2017, según un estudio de la CAF.

Guayaquil debe prepararse para aumento de un metro del océano al 2050 y serían mayores las inundaciones

Para llegar a esa meta, Fernanda Rumbea, directora municipal de Ambiente, afirma que se hará una estrategia mediante una consultoría con la Espol, que aún no se contrata.

Publicidad

Este plan usará el estudio de vulnerabilidad climática de Guayaquil de la CAF (2018), que incluye diez medidas de adaptación al cambio climático. El plazo era de 18 meses hasta cinco años.

Rumbea, quien no detalló el avance de las medidas, afirma que se ha cumplido, por ejemplo, con el diagnóstico del arbolado urbano y la conservación de áreas protegidas. En tres bosques han sembrado, dice, 4.650 árboles nativos. Otras 70.000 especies se plantarán en los próximos dos años.

Municipio de Guayaquil sembró árboles en Cerro El Paraíso, en junio de este 2021. Foto: Archivo

También, este año se aprobó una ordenanza que promueve la economía circular (optimización de agua, luz, desechos). En noviembre, dice, empezará un piloto para el reciclaje domiciliario en la vía a la costa.

Falta cumplir otras medidas, como la creación de un observatorio sobre cambio climático y una herramienta para el monitoreo ambiental.

El plazo fue bastante ambicioso, considerando que había el cambio de administración.., y con la pandemia los recursos se vieron volcados a otras prioridades

María Fernanda Rumbea, directora municipal de Ambiente

El estudio de la CAF también determina a las parroquias más vulnerables, como Tarqui y Febres Cordero. En esta última se harán 10.000 conexiones para evitar las descargas al estero.

Expertos sugieren reforestar el manglar y crear nuevos espacios verdes. El mes pasado, el cabildo inició la compra de 2.856 árboles por $ 499.800. Por cada uno pagará $ 175, valor que incluye a la especie ($ 130) y su mantenimiento anual ($ 45), según esta contratación, que aún no se adjudica.

Guayaquil, según Rumbea, ya cumple con la norma de 9 m2 de áreas verdes por habitante, sin contar las áreas protegidas. Pero Fiallos afirma que tiene 5,8 m2, según un estudio satelital elaborado en 2018.

Fiallos, con su fundación La Iguana, sembró árboles y vegetación en la terminal Río Daule de la Metrovía, ente con el que hicieron en 2020 una biozanja para captar el agua de las lluvias y evitar inundaciones.

Así avanza Guayaquil para convertirse en una ciudad resiliente, opina Bustos, “tarde, con décadas perdidas”. (I)

Recomendaciones para reducir contaminación y ahorrar recursos

Desde los hogares, las familias pueden reducir su contaminación con, por ejemplo, reciclaje, disminuir el consumo eléctrico y de agua. También, el uso de la bicicleta o del transporte público para movilizarse.

“No es necesario tener tres televisores, no es necesario tener un carro para que viaje una persona”, dice la experta ambiental Mercy Borbor, quien propone aprovechar los desechos orgánicos, que generan gas metano -uno de los tres que causa el efecto invernadero- en los rellenos sanitarios.

Nosotros seguimos enterrando la basura, una práctica de hace 240.000 años: Walter Bustos, experto ambiental

¿Cómo?, Borbor lo explica: “recogemos todos lo orgánico vegetal, lo podemos en una composteras para que eso se vaya degradando, y al final de unos meses ya tenemos un sustrato orgánico que lo podemos usar en el jardín”.

Hay también, apunta la ambientalista Fiallos, un sistema tecnológico (biodigestores) que se conectan a las tuberías de los baños y cocina para recopilar las descargas y convertirlas en biofertilizantes, biogas para cocinar y, a través de un transformador, en energía eléctrica limpia.

El sector energético es el responsable de generar el 46 % de carbono del país

Ecuador generó 80,6 toneladas de dióxido de carbono (CO2) -el principal gas que causa el efecto invernadero y, en consecuencia, el calentamiento global- en 2012, según los últimos registros que maneja el Ministerio del Ambiente, entidad que ofrece actualizar estos datos para el próximo año.

Este gas es producido, en su mayoría, al quemar o consumir combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón) en diferentes procesos productivos. El 46,6 % del total de las emisiones proviene del sector energético; el 25,3 % por el uso de suelo; el 18,1 %, las actividades agrícolas; 5,6 % los procesos industriales y el 4,1 %, los residuos.

El sector energético, el mayor contaminante, tuvo un aumento del 19 % de sus emisiones entre el 2009 y el 2019. Pasó de 30,7 a 39 millones de toneladas de C02, según el Ministerio de Energía. En este campo, el 50 % fue producido por la transportación.

Una alternativa para reducir las emisiones de este sector, explica la subsecretaria de Cambio Climático, Karina Barrera, es la implementación del programa de movilidad sostenida que está desarrollando el Ministerio de Transporte y Obras Públicas, y que incluye mejorar la tecnología para la transportación, así como la transición hacia los vehículos eléctricos con su infraestructura.

¿Cómo podemos capturar CO₂ para mitigar el cambio climático?

Otra medida que puede contribuir es la eliminación gradual del subsidio a los combustibles, que está aplicando el actual régimen.

No obstante, esto no sería suficiente, porque “tendremos la misma contaminación pero con el combustible más caro”, considera Walter Bustos, experto en desarrollo sostenible, quien explica que para que haya un beneficio al ambiente el Gobierno debe acompañar esa medida con otras, como mejorar la refinación y calidad de los combustibles o destinar parte de los recursos que se obtienen con el alza del precio de la gasolina para la conservación de áreas protegidas.

En el país, según el ministerio, se registró un incremento de 3,2 % de la huella ecológica -indicador que mide el consumo de recursos naturales renovables y lo compara con su disponibilidad- por persona, entre el 2008 y 2020. En los últimos dos, el aumento fue más acelerado, de 1,2 %.

Las emisiones de dióxido de carbono (CO2) representaron el 41,2 % de esa huella ecológica. Le sigue el 24,6 % por el uso de tierra urbanizada destinada a infraestructura; el 15,8 % en productos forestales; 9,5 % en pastizales y el 7,6 % en zonas de pesca.

Expertos ambientales piden impulsar más proyectos eólicos, como el parque Villonaco, ubicado a 2.720 metros sobre el nivel del mar, en el cerro Villonaco, de la ciudad de Loja. Foto: Archivo

Para reducir esta huella, el ministerio prevé iniciar en septiembre la elaboración del Plan de Transición hacia la Descarbonización, el cual establecerá -a fines del 2023- una hoja de ruta para reducir a cero las emisiones de gases de efecto invernadero (dióxido de carbono, metano y óxido nitroso) al año 2050.

Para ello, el ministerio prevé incorporar innovación tecnológica en sectores productivos e implementar la Ley de Economía Circular Inclusiva. “Son pilar fundamental para generar modelos de producción y consumo sostenibles que reduzcan la presión sobre los recursos”, señala.

Y a pesar de que el país genera el 0,15 % de las emisiones a nivel mundial, es altamente vulnerable a los efectos del cambio climático por las condiciones y características geográficas, físicas e hídricas del país, explica Bustos, quien destaca que en el país se ha avanzado en recuperar energía limpia con las hidroeléctricas y en acciones para prevenir inundaciones.

El ministerio asegura, también, que elaborará un plan de adaptación con medidas que reduzcan la vulnerabilidad para evitar inundaciones y sequías extremas, que se podrían presentar si no se toman las decisiones para no superar los 1,5 °C al 2050. (I)