Sumergirse en los colores que abundan en Víctor Aráuz es una aventura cargada de emociones, pues el multifacético actor de cine, televisión y teatro lo ha vivido todo.

Descubrir a un Víctor más íntimo y de cerca es lo que logramos durante la profunda conversación que tuvimos con él cuando se encontraba ensayando en Casa Cino Fabiani, un lugar que le abrió las puertas desde siempre. En ese espacio cultural ha presentado un sinnúmero de producciones y, por lo tanto, es normal que se haya llenado de experiencias memorables.

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Los camerinos, las pantallas y las redes sociales han sido testigos de su crecimiento profesional, desde que salió de su natal Buena Fe en el 2002, en busca de nuevos horizontes. Este cantón, ubicado en la provincia de Los Ríos, que lo vio nacer representa el color café.

CAFÉ

“Buena Fe es café. Siempre fue café y lo ha sido porque es tierra viva. Para mí tiene un olor inigualable a la humedad de la tierra, hace poco fui y en serio me había olvidado del inmenso calor que hace, mucho más que en Guayaquil obviamente, porque está más lejos del mar, entonces no llega casi nada de viento. Viví ahí 19 años muy importantes”.

Durante esta última visita tuvo la oportunidad de reencontrarse además con sus amigos cercanos de la infancia, “me pude ver con los pocos que quedan allá y recorrer ese lugar me llena muchísimo por todas las historias que tengo. Mis amigos de toda la vida están muy orgullosos de lo que soy y lo que he hecho”.

No existe un porqué se apasionó de la actuación, pues siempre se pregunta lo mismo y no obtiene una respuesta concreta, “de verdad siento que puede ser por mi relación con el público. Cuando es un proyecto en vivo a mí me encanta hacerlos reír y joder junto a ellos, a veces me salgo del libreto solo para conversar con los que me ven. Yo hice teatro a los 15 años por una rebeldía en el colegio, ese fue mi primer acercamiento donde sentí que a la gente le gustaba y aplaudía lo que hacía. Eso es un alimento increíble”.

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NEGRO

Ese hombre detrás de cada chiste, broma y anécdota que ha logrado sacar miles de sonrisas, está lleno de tonalidades que reflejan cada paso que ha dado. Para Víctor, el color negro siempre ha estado en su interior, porque es el tipo de humor que maneja principalmente en sus producciones, pero en su adolescencia también figura este.

“Más que nada por el rock and roll, yo me vestía de negro en esa época, escuchaba y me gustaban bandas como Foo Fighters y Pearl Jam. Ya me había hasta olvidado de esto, pero incluso llegué a tener una banda de punk aquí en Guayaquil que se llamaba Los Propios, pero no tocaba, yo gritaba porque era el vocalista”, y confiesa entre risas que a su parecer, las canciones que hacían eran horribles.

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Aclara que ese tinte sombrío no significa algo malo para él. “Ojo, digo negro pero no por oscuro, porque si tendría que definir al negro como algo malo, entonces ese color sería al inicio de la fama. No es que caí en alcohol y drogas ni nada por el estilo, pero sí cometí un par de errores que ahora no cometería jamás. Estos tenían que ver con andar cerca de ciertas personas que no eran delincuentes, pero simplemente no tuve que haber andado, desperdicié unos meses ahí de mi vida”.

AMARILLO

Al seguir conversando sobre los momentos más coloridos de su existencia, habla de manera muy dinámica y con una soltura muy similar a cuando está en los escenarios o frente a las cámaras. Pensar en Natalia, su primogénita y única hija, lo lleva animadamente al amarillo. Nati se ha convertido a sus 16 años de edad en su compañera de vida. Ella es el fruto directo de su relación con la productora y directora Jéssica Páez, a quien conoció en el Instituto Superior Universitario de Estudios de Televisión (ITV), donde estudió y dictó clases.

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“Por alguna razón la relaciono con ese color, yo creo que es porque cuando nació no sabíamos si era niña o niño, entonces teníamos ropa amarilla y unas combinaciones ahí medio raras por todas partes, una vaina ahí. Nati tiene mucha luz, es una adolescente con la que todavía se puede hablar, conversar. Ella siempre me está contando chismes”, dice el actor sobre su confidente a quien tuvo cuando tenía 23 años. “Yo vengo con la cabeza en mi trabajo, pero me veo con ella y me cuenta todo lo que pasa en su colegio, algo así como la farándula colegial. Yo siento que ya conozco a todos esos niños que menciona y ni los he visto”.

Agrega que Nati tiene una onda inigualable y es superhonesta, “cuando no le gusta algo me lo dice, por ejemplo, eso pasó cuando fue a ver Incaducables, que eso ya es para un público más grande, se divirtió pero me dijo que le gustaba más De qué va, ella es muy fan del pódcast que tengo con Alexito (Vizuete)”.

El actor junto a su hija Natalia. Foto: El Universo

ROJO

Amante de la actuación y de amar, el rojo vivo también figura en su paleta de colores. “Es lo típico cuando entra el tema del amor ahí, pero yo hablo del amor en general. Yo amo mucho lo que hago y hacer esto. Amo a la gente que está relacionada con mi trabajo, de alguna u otra manera recuerdo a mis amigos que están ahí para mí, aunque yo a veces me voy, luego regreso, pero sé que están ahí y eso es bacán. Aprendí con el rojo que el amor no se trata de contar o decir, sino de estar. Creo que estar es muy importante, saber que estás a un mensaje de cualquiera esté donde esté, eso es”.

Cuando se le pregunta acerca de su estado civil afirma que los términos correctos para describirlo actualmente son indescifrable e ingobernable. ¿Qué tan ciertos son los rumores de una relación amorosa con Érika Vélez?, le preguntamos al artista.

“Con ella hay una amistad muy especial de mucho tiempo, y podría llegar a pasar a otro nivel, uno nunca sabe. Eso puede que pase, así como pueda que no suceda. Solo el tiempo lo dirá y con cualquier persona que sea, puede ser un hombre también (bromea al responder). Yo soy muy engreído, me gusta que me consientan, a mí me compras con un caramelo. Valoro muchísimo los detalles. Soy de escribir cartas, aunque me han dado muy pocas”, añade.

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VERDE

Para englobar su mundo en un solo color, piensa detenidamente su respuesta, hasta que finalmente elige uno. “Mi planeta sería un color verdecito claro, y no es que sea ecologista, aunque sí debemos cuidar la naturaleza (risas), ahorita mi mundo es un verde claro casi que blanco. Estoy en un momento bastante tranquilo en mi vida. Tú sabes que el trabajo siempre se mueve mucho, me estreso, paso haciendo miles de actividades, entre grabaciones, entrevistas, y más. Trato de no estresarme tanto por las cosas porque eso me trajo gastritis, calvicie, problemas en la piel como la rosácea. Pero ya no cargo con mi vida personal, solo con el trabajo. Un día puedo comerme una comida muy cara en otro país y al siguiente comer arroz con atún en lata y todo bien, no pasa nada”.

CELESTE

Su futuro, cercano o lejano, lo pinta de celeste. “Azul no porque no soy emelecista, así que celeste, que es un color amplio. Tiene que ver con el cielo, porque tengo que irme. Tengo la siguiente década para salir, probar cosas afuera, pero siempre regresar. El sentido de volver y conectar con tu gente, está muy divertido. Ponle tú, estoy decretando que me va increíble el año que viene y me quedo algún tiempo en México. Amo ese país, su comida, el caos de la ciudad, y tengo muchos amigos ahí. Estuve ahí mucho tiempo, aunque no me gustaba mucho estar solo, pero sí logré entender un montón de cosas”.

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SU FORTALEZA

Pasando de colores a los pilares que lo sostienen en su día a día, presenta y piensa en tres mujeres: su madre Dora, su hija Natalia y una tercera misteriosa mujer a quien no nombra ni describe. “Definitivamente serían ellas. Son fundamentales para mí. Cuando todo me falta están ellas”. Víctor puede llegar a considerarse muy rudo o duro en algunos ámbitos, y manifiesta que ha llegado a tener varias crisis.

“Soy de mucho llorar, entonces me pasa algo y es como que pienso en ellas tres, paro y me tranquilizo. El otro día algo me pasaba que no podía aprenderme un texto para el trabajo, y lo leía y revisaba y no podía. Entonces me enojé y me puse a llorar solito en la ducha. Pero luego salí, cogí el libreto y me lo aprendí”.

Así, todas estas etapas representadas a través de colores se han convertido en compañeras inseparables durante su camino que aún no ha terminado. Cerca de cumplir 40 años el año que viene (el próximo 18 de marzo), las lecciones que ha aprendido lo han marcado para siempre.

Por cada color aprendió algo: el café le enseñó a recordar, el negro a seguir creciendo, el amarillo lo educó a vivir puramente junto con su sol, Natalia, el rojo le mostró que es posible amar muy fuerte, el verde claro “casi que blanco”, a pensar en el hoy y no angustiarse, y finalmente el celeste lo ayuda a esperar lo que viene con los brazos abiertos.

Ver cómo sus recuerdos se transportan y nadan a través de un colorido panorama, el Víctor recién llegado a la Perla del Pacífico hace 21 años no esperaba ni se imaginaba nada de lo que está viviendo ahora. (E)