La música ha estado siempre en la casa de los Jaramillo Fabre, donde creció Adelaida, la mente detrás de Palabra Lab, ese espacio cultural guayaquileño dedicado a la lectura, la creación literaria, la buena escritura y las múltiples historias.

Fue así porque su padre es una de las figuras más reconocidas y populares de la música nacional, Héctor Jaramillo, el Señor del pañuelo blanco. Y aunque ella disfruta la música, admite que tiene una ‘pésima memoria’. “No recuerdo la letra”. Y sin embargo, hay algo de lo que se siente orgullosa: “Todas las canciones de mi papá me las sé”.

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Se las sabe porque ella y su hermano Juan José han estado desde niños al pie del escenario, y no solo de espectadores. “Estamos parados repitiendo las canciones. En ocasiones, él (Héctor) juega mucho con las letras, lo hace divertido, y a veces se pierde por estar en el juego y en la cháchara. Entonces se vira y nos ve, y nosotros le dictamos la canción y él agarra ese dictado y sigue cantando”, revela, mientras el intérprete, a unos pocos metros de ella, la escucha atentamente.

Guayaquil, 18 de mayo del 2023. Entrevista a Héctor Jaramillo y su hija Adelaida Jaramillo Fabre. Foto: Francisco Verni Foto: Francisco Verni Peralta

Ahora que los hermanos Jaramillo son adultos, lo acompañan menos, pero permanece en esa tarea la esposa de Héctor, Adelaida Fabre, y también un “medio hermano adoptivo”, un amigo de toda la vida. “Se lleva a mi papi a todas las presentaciones, se lleva muy bien con él”. Héctor Jaramillo nunca anda solo.

“Nos han dejado ser lo que hemos querido”

Ninguno de los hijos de Héctor Jaramillo se dedica a la música. “Mi papá y mi mamá nos han dejado ser”, dice Adelaida, de 49 años. “Yo tengo tres profesiones, mi hermano se dedicó a todo lo que tiene que ver con sistemas y ha estudiado diferentes carreras que tienen que ver con eso, pero qué maravilla que en mi casa nos dejaron ser lo que nosotros quisiéramos, en todo nos han apoyado”.

No está segura si su padre hubiese mostrado el mismo entusiasmo si hubiesen querido ser cantantes. “Nosotros hemos visto todo el sacrificio que ha hecho mi papá, en esa profesión, el tiempo que nosotros tenemos libre es el tiempo que él ha dedicado a trabajar, y a veces ha sido un poco incompatible”. Además, no todo son aplausos en la vida del artista y la de su familia. “Hay momentos de prosperidad y hay momentos en que hay que estar un poquito más apretados”.

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¿Cómo ha llevado tu papá su carrera, en tu opinión?

De una manera realmente ordenada, si tengo que elegir una palabra, es disciplina; ha sido un hombre disciplinado. Creo que es un artista excepcional. Al artista se lo relaciona con la bohemia, con los excesos, y nunca hemos visto eso en mi casa. Somos el reflejo de esa disciplina, que no nos la ha impuesto, la hemos visto; hemos tenido en la casa a un hombre trabajador, generoso, amorosísimo. Gracias a él tenemos una buena educación y vivimos bien. Yo también me dedico a la cultura, y hay percepción de que los actores culturales no podemos vivir bien. Creo que hay que considerarla una profesión como cualquier otra, con momentos de exceso y momentos de límites.

¿Cuál es el recuerdo más nítido de una presentación de su papá?

Te voy a contar algo que me pasó en Estados Unidos, porque usualmente alguien acompañaba a mi papi en las giras. Mi prima y yo fuimos a Nueva York y decidimos embarcarnos en un road trip con mi papá. Y a ella se le metió en la cabeza que quería comer, entonces paramos en la carretera, en un autoservicio en New Jersey. Tomamos una bandeja, pedimos la cola, nos acercamos a la caja y una muchacha nos dijo: “¿Ustedes están con el señor? ¿Se llama Héctor Jaramillo?”. Le dije que sí y contestó: “Yo soy fanática, mi mamá escucha sus canciones de toda la vida”. Había sido hija de una migrante ecuatoriana, y se emocionó tanto que nos dijo que pidiéramos lo que quisiéramos. Mi papá le firmó un autógrafo, teníamos un disco y se lo dejó con una dedicatoria.

Deben tener muchos de esos momentos

Ay, no, borra eso. (Haciendo memoria de otra escena). Estábamos en una gira en España, con 6.000 personas en una plaza de toros. Debo decirte que el que acompaña a mi papá tiene una misión, y es vender los discos de mi papá. Si nos lleva, sabemos a lo que vamos.

Entonces estoy yo con todos los discos y las pistas de mi papi, lo presentan y él sale. Agarra el micrófono, se enreda en el cable, se cae y comienzan a cantar desde el piso. No sé si era Chola cuencana o Chulla quiteño, pero este hombre lo cantaba en el piso. Luego se paró, hizo toda la presentación. Hubo una pausa porque iban a darle un premio, y él sale y me dice: “Me duele”. Fuimos a parar donde atienden a los toreros. Le dijeron que podía estar partido, y terminamos en una clínica donde lo enyesaron porque, en efecto, se había fracturado el brazo. Regresó y siguió cantando. Tenía 70 y pico de años. (Al fondo de la sala, los padres de Adelaida disfrutan con el relato). Nosotros en mi casa somos trabajadores, cómo no serlo, si hemos visto este tipo de cosas.

Héctor Jaramillo, ‘el Señor del pañuelo blanco’, cumple 75 años de carrera y celebra en el Malecón Simón Bolívar

¿Quién es la persona que ha vendido más discos de Héctor?

Yo, por supuesto. Además, llevaba comisión. Mi papi es una persona superenfocada en lo suyo, y lo suyo es trabajar. La primera vez que me llevó a Europa yo estaba: “Ay, me voy a ir a Europa con mi papá”, y no hicimos nada más que estar en Madrid durante todo el tiempo de la gira. Solamente al lugar donde trabajamos. En la segunda gira le dije: “Sí, pero me llevas a París, a Atenas y a Roma”. A regañadientes me dijo que averigüe. Vendí muchos discos y lo logramos.

En este momento de la entrevista, Héctor Jaramillo no se resiste más y se levanta de su asiento para contar su versión de los hechos. “Me pidió un tour por Egipto y Grecia, yo le dije bueno, pero tú vendes los discos. Salió y regresó sin un solo disco. ‘Ya tengo la plata’. Terminamos el trabajo el domingo y el lunes nos fuimos de viaje.

¿Allí sí fue paseo y no trabajo, Adelaida?

En el tour por Grecia te hacen pasar por grupos. Al comedor entran todos los que hablan inglés, luego llaman a todos los que hablan español, así que te sientas con gente que no has visto nunca en la vida. Una señora miraba y miraba a mi papi. Me pregunta discretamente: “¿A qué se dedica tu papá?”, y le digo que es cantante, y me contesta: “Pero yo lo conozco”, y me dijo hasta el lugar en Nueva York donde lo había visto, un sitio que no era exclusivamente de ecuatorianos, sino que iban artistas de diferentes países. Terminó tomándose fotos y pidiéndole autógrafos. El mundo es chiquito. Estamos en lugares inesperados y alguien reconoce a mi papá. Él es muy popular entre los migrantes. La primera vez que fui con él a España era el boom de la migración. Recuerdo haber estado en Murcia, por ejemplo, y haber sentido lo que es llevar una parte del Ecuador a esta gente que está lejos de la patria.

¿Cuándo fuiste consciente de que tu papá era famoso?

En la escuela, cuando los compañeros me pedían que mi papi cantara, y para mí era algo que yo veía todo el tiempo, era natural, en cambio a ellos les emocionaba muchísimo. Pero no lo invitaban mucho a la escuela, porque… Te lo voy a decir, no sé por qué a mí me daba vergüenza la fama. Quería ser como los otros niños, los que tenían papás que no llamaban la atención. No quería que lo invitaran a esos eventos. Quería involucrarlo en un plan de papá normal, no de papá artista.

Foto: Francisco Verni Peralta

Ustedes lo protegen mucho.

Sí, en todo aspecto, más que nada en temas de salud. En lo demás no se puede hacer mucho, porque es bien imprudente. (Héctor se acerca de nuevo a escuchar). Desde que tengo uso de razón confundía a personas, le atribuía hijos a quienes no eran los padres. Es distraído. (“Ya no me gustó”, dice Héctor, y regresa a su puesto). El cuidado es que él esté contento en la casa, que esté con salud y que todo su entorno sea bueno.

Héctor no tiene problemas crónicos de salud.

No, para nada. Siempre ha sido medio ‘debilito’ de los huesos, pero nunca problemas graves. Hemos tenido que correr con él a emergencias por el tema de las caídas. La última vez que se cayó, dice él que se ha compuesto unas vértebras que se lastimó en una caída anterior.

¿Y quién decide sobre las presentaciones?

Él. Decide distancias, tiempos, absolutamente todo. Conoce todo el Ecuador, sabe que para ir a tal lugar tiene que ir primero en avión hasta cierto punto y luego tiene que subirse a una buseta o tienen que agarrar un burro o caminar, porque todos los transportes los ha usado en su carrera. Nosotros le chequeamos la agenda, pero el que tiene la decisión final y el que contesta el teléfono es él. Revisa todo el tiempo Facebook y si le piden algún video de saludo, él está dispuesto a enviarlo.

¿Qué música se escucha en la casa?

¡De todo! Cuando éramos pequeños, mi papá era promotor de discos, entonces hemos escuchado bolero, jazz, a mi mamá le encantaba Marco Antonio Muñiz. Cuando venían los artistas, mi papá los llevaba a la emisora. Entonces, de repente pitaba (afuera de la casa) y estaba con Ricardo Montaner en el carro. O con Los Prisioneros o con Ricky Luis. En la época del rock latino yo tenía la firma de toditos los artistas.

¿Quiénes son los músicos favoritos de Héctor?

(Aquí, Héctor da sus razones). El estilo de canto de Pepe Jaramillo es más pegado al pasillo que el de Julio; él es fiel a la cadencia del pasillo, más auténtico.

Otras anécdotas de Héctor Jaramillo

Adelaida ya ha contado sus mejores recuerdos, es hora de que don Héctor hable. Y empieza con un concierto en un local de fritada.

“Viene un señor y me dice: ‘Quiero que me haga ganar una apuesta, tengo un local de venta de fritada, y a ver si usted puede cantar ahí’. Le dije que yo soy un profesional y canto sobre una mesa, no hay problema. Arreglamos y fui. Comienzo a cantar El pañuelo blanco. Entre ecuatorianos y colombianos había unas 20 personas que llenaban la fritadería. De pronto viene un señor: ‘Por favor, cante El pañuelo blanco’. Le digo que lo acabo de cantar. ‘Por favor, cante otra vez’. Y me pone en la mano un paquetito que me guardé en el bolsillo. Canté de nuevo, y el hombre lloraba. Regresamos al hotel y los guitarristas me preguntan: ‘¿Y qué es lo que le dio?’. Meto la mano en el bolsillo y era una prótesis de ojo, ¿te puedes imaginar? Los guitarristas, con una chispa tremenda, me dicen: ‘Ah, sí, al hombre le costó un ojo de la cara que cante El pañuelo blanco’”.

Adelaida Fabre de Jaramillo también quiere compartir algo. “¿Te acuerdas que te treparon al camión de la venta de naranjas? El caballero sobre las naranjas iba sentado, para que la gente lo viera, que sí estaba en el pueblo. Es que el artista ecuatoriano falla bastante, lo anuncian y no aparece, entonces habían dicho que Héctor no había llegado”.

Como dijo su hija, la carrera de Héctor Jaramillo ha tenido momentos humildes y de grandeza. “He estado 82 veces en Estados Unidos como solista, y en Europa 22 veces. En Bélgica se va siempre a Bruselas, pero de pronto vino un empresario chileno y dice que quisiera llevarme a Amberes. ‘Lo que pasa es que yo vi a don Héctor en la Quinta Vergara, en Viña del Mar, y muchísimos de los que lo vimos viven en Amberes, y me han pedido a ver si puede cantar acá’. Le aconsejé que invite a ecuatorianos, y fue un lleno total, comenzó el canto y el baile, la gente contagiada por los ecuatorianos. Fue un show lindísimo y de ahí se abrió el campo para que otros artistas ecuatorianos puedan visitar Amberes”.

¿Cuándo es la próxima presentación?

Me llamaron para que vaya en abril del próximo año. Aquí en Ecuador voy a estar en Alamor (Loja) y Santa Rosa (El Oro) y en Riobamba. Acepto fechas hasta diciembre de 2023. Tengo 91 años y no tengo la vida comprada, voy aceptando trabajos más a mes. Les anoto el teléfono y faltando un mes, de acuerdo a cómo está mi salud, confirmamos. Quisiera cantar, pero después de la caída que tuve regresando de los Estados Unidos me quedé bastante impedido. Cuando me llaman les digo: “Sabe qué, estoy en estas condiciones”. Y me contestan: “Venga en camilla, lo que queremos es verle a usted y oír sus canciones”.

¿La carrera de músico afectó el tiempo que pasaron juntos en familia?

La época en que debí estar junto con ellos fue la más fuerte de mi carrera, pasaba la mitad del año fuera del Ecuador y cuando ya podían estar conmigo los llenaba de muñequitos y de regalos.

Adelaida mamá agrega: “Ellos eran muy apegados a Héctor y Juan José se le metía bajo el brazo a dormir. Cuando llegaba bajaban corriendo las escaleras: ‘¡Mi papá llega!’, salían a recibirlo, y Héctor a veces es más allá de amoroso”.

¿Ya era famoso para cuando nació su hija Adelaida?

No me haga llorar. (Héctor hace una pausa). Ya estaba con el éxito y ella (la esposa) se pone encinta. (Las dos Adelaidas rompen en risas). Existía la clínica Sotomayor. Yo alquilo la mejor suite que había allí. Mando hacer una cuna tejida, una cosa maravillosa. Como venía trabajando en Estados Unidos todo el menaje era gringo. Vamos al parto y entra Adelaida. Luego salen por lo menos tres parturientas que entraron con ella, y Adelaida no salía. Yo quería morirme. Hasta que sale el doctor y dice: “Es una mujercita”. Yo me fui de moco. Todo el mundo decía que era igualita a mí. Y ella es más bonita, ni hablar.

El cantante ecuatoriano Héctor Jaramillo con su esposa Adelaida Fabre y su hija, Adelaida Jaramillo. Foto: El Universo

¿Qué opina Adelaida?

Yo no te voy a discutir eso, papá.

Un laboratorio de palabras

“A mí no me gustaba leer”, dice Adelaida, y rompe con la imagen de una persona que creció con los libros y que los amó desde niña. Su verdadero interés, explica, era escribir, y un poco tarde en la vida aprendió que solamente se puede escribir, y escribir bien, si se lee.

Palabra Lab, diez años de cultivar el amor a la lectura y escritura

“Comencé a formarme, a pedir referencias, y comencé a tomar gusto por la lectura. Se me ocurrió que si a mí no me había atraído ningún libro hasta ese momento, era posible que hubiera gente a la que le podría pasar lo mismo. Comencé a trabajar con niños y luego con adultos en esta vocación con la que espero quedarme para toda la vida”.

¿Qué la convenció? Un libro de cuentos (de Julio Cortázar). Por eso, para personas que no leen, sugiere empezar por los cuentos, que son compromisos lectores a corto plazo, como una caja de sorpresas compuesta de historias sobre diferentes temas. “Si te gusta uno, es posible que al día siguiente quieras leer otro”.

Como directora de Palabra Lab, desde hace trece años da talleres presenciales y virtuales, pues desde la pandemia tiene alumnos internacionales que se conectan con ella y con la lectura. “Abrí mi espacio en 2010, se llamaba Taller de lectura y escritura de Adelaida Jaramillo, y se convirtió en Palabra Lab por un empujón de una librería que me pidió que llevara publicidad de mi espacio cultural. Tuve que hacer un logo a toda prisa y me gustó esa palabra laboratorio, que hoy se utiliza tanto, para aterrizar el tema de la literatura y hacerlo un lugar más cercano”. (E)