“No era lo suficientemente alta ni lo suficientemente delgada, y no tenía la ventaja adecuada. Yo era una chica morena gordita y extraña de Los Ángeles, simplemente resolviendo las cosas”.

La industria de la moda es un nicho de mercado exigente con sus modelos. Mientras cambia el paradigma, las marcas, diseñadores, diseñadoras y modelos comienzan a buscar una forma de producción y promoción más amable e inclusiva.

Al respecto, Paloma Elsesse es una mujer multiracial nacida en Los Ángeles a los que los productores y cazatalentos no tomaban en cuenta porque "no sabían qué ponerle encima". Su color de piel, su talla y sus curvas se salían de la norma.

La joven de madre afroamericana y padre de origen chileno- suizo, estudiaba literatura y psicología en la New School de Nueva York y si se acercó a agencias de modelos no fue por gusto propio (“el modelaje nunca estuvo en mi radar; en el mejor de los casos, pensé que tal vez podría hacer un trabajo de celebridad”, dice) sino por recomendación de Steve Dance, un amigo y estilista australiano. Pero no resultó.

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“Todos dijeron que no cuando entré, porque no sabía qué ponerme. Nunca había aprendido a moverme frente a una cámara”.

Ahora su historia dio un giro inesperado porque acaba de salir en la última tapa de Vogue y es un fenómenoo del que todos están hablando. El rollo con Paloma se ha convertido en una revolución en la moda y la sociedad.

“No era lo suficientemente alta ni lo suficientemente delgada, y no tenía la ventaja adecuada. Yo era una chica morena gordita y extraña de Los Ángeles, simplemente resolviendo las cosas”, dice Paloma a Vogue mientras recuerda sus inicios.

La maquilladora británica Pat McGrath (reconocida por la revista Vogue como una de las maquilladoras más influyentes del mundo -y entre las 100 personas más relevantes según la revista Time-) estaba buscando caras para la nueva campaña de un producto y la vio a ella en Instagram. La descubrió y catapultó su carrera que este 2020 ha explotado de forma increíble.

El portal argentino de Infobae recoge su testimonio acerca de su golpe en la revista.

“Me desperté la mañana de esta sesión y me golpeé las rodillas mientras salía de la cama. Oré por protección y cuidado, por un día en el que pudiera honrar lo monumental que fue esto. Para que las voces estuvieran calladas, para saber que esto era más grande que yo, y saber que estaba exactamente donde necesitaba estar”, escribió después en un posteo en su Instagram, donde cuenta qué sintió el día que posó para la tapa.

Sigue: “Todo se volvió tan surrealista cuando miré a Gabby, Latisha, Susie y Annie. Trabajar y colaborar con mujeres que admiro profundamente. Saber que estoy filmando una portada de moda americana siendo una mujer regordeta, bajita y de raza mixta que nunca imaginó que esta sería su realidad. Aunque mi corazón se llena de gratitud, no estoy satisfecha. Insto a la moda a que nunca deje ir este impulso hasta ver que cuerpos como el mío dejen de ser radicales, diferentes, raros. Quiero ver mujeres de cuerpos más grandes, mujeres de piel oscura, personas discapacitadas y todas las iteraciones de identidad que han sido dejadas de lado en los medios. Quiero que este momento brinde un nuevo año de posibilidades y una vida de esperanza”.

Junto a Pat (la maquilladora estrella que la descubrió) comenzó a ir a desfiles y encuentros de moda. Las primeras veces sentía el síndrome del impostor, como si estuviera estafando a alguien por estar ahí, como si no lo mereciera. Lloraba y le decía a su equipo que no debía estar ahí. Ellos la convencían de lo contrario.

Y aunque suene romántico, todo cambió finalmente cuando Paloma lo creyó, y comenzó ella también a convencer a otras mujeres. No diciendo, siendo. (I)