Después de una tarde de juegos o una caminata larga, nuestros peluditos están jadeando y deshidratados y es que, la pérdida de solo el 10% de los fluidos corporales puede tener graves consecuencias para la salud de los perros.

Por ello, nuestra mascota debe disponer siempre de un acceso constante y gratuito a agua potable limpia.

Los animales reciben líquido de tres fuentes: agua en un recipiente, comida (la comida seca contiene hasta un 10% de humedad, raciones húmedas, aproximadamente un 80%) y metabolismo, cuando se produce agua dentro del cuerpo. En consecuencia, un perro alimentado con alimentos húmedos puede beber menos que un animal alimentado solo con alimentos secos.

Pero la regla general es la siguiente: la necesidad de agua de la mascota depende de su peso y es de 60 ml por 1 kg por día para mantener el equilibrio hídrico.

La elección óptima de líquido para un perro es agua hervida fría. Y es mejor servirlo en un recipiente de cerámica, acero o vidrio. El agua como regla de oro, debe estar siempre fresca, para ello se debe cambiar dos veces al día. Sin embargo, se aconseja a los propietarios de perros con salivación abundante que cambien de bebida cada vez que la mascota use el plato.

Ahora, las razas pequeñas son una historia diferente, puesto que estos perritos son más propensos a tener enfermedades del tracto urinario porque su orina está concentrada. Para reducir el riesgo de aparición y desarrollo de tales dolencias, el propietario debe asegurarse de alimentar a la mascota con raciones húmedas además de secas y hacerlo a diario.

En este caso, la ingesta total de agua de los animales aumenta con la que está presente en el alimento húmedo. (I)