Se lo identifica solo por su apellido y quizás usted haya visto alguna de las representaciones cinematográficas. Sigmund Freud inmortalizó su trabajo, pero también una imagen que se recuerda hasta hoy, cuando ya se han cumplido los 80 años de su muerte.

Marvin Kren, director de la reciente serie estrenada en Netflix inspirada en el fundador del psicoanálisis, explicó cómo se perfiló su versión del personaje. “Quiero mostrar un Freud que no conocemos y que nunca hemos visto antes: un hombre en busca de reconocimiento, atrapado entre dos mujeres, entre la razón y el instinto. Su psicoanálisis y el concepto de ego y superyó no se crearon en el vacío: se basan en las experiencias de un genio con problemas que ha experimentado todos los lados de la humanidad”.

Y también admitió haberse tomado licencia creativa para lograr que la serie resulte atractiva para un público joven: en esta producción, Freud ayuda a la policía a resolver asesinatos valiéndose de sus habilidades en psicología.

“Aunque es una serie de época, contiene ciertos elementos que tienen el objetivo de atraer a una audiencia actual. “Se debe tener cuidado de que el show no luzca antiguo. Hemos tratado de recompensar a aquellos que disfrutan de lo inesperado y al ver la serie notarán ingredientes modernos y provocativos mezclados con lo histórico”. Las críticas no fueron las mejores.

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Sin embargo, imaginar a Freud resolviendo crímenes no es algo nuevo. El autor estadounidense Jed Rubenfeld lo retrató bajo esa profesión en su novela La interpretación del asesinato (2007). “El 29 de agosto de 1909, invitado por la Universidad de Clark, llega Freud acompañado de sus discípulos Ferenczy y Jung. Esa misma noche, en un lujoso apartamento, encuentran el cadáver de una joven. Estaba atada, y había sido azotada y estrangulada con una elegantísima corbata de seda blanca”, dice su sinopsis.

Rectificar la figura histórica

“Si ya teníamos prejuicios sobre Freud, como creer que solo habló de sexo, luego de la serie tenemos otros”: detective, cocainómano, espiritista y charlatán, lamenta el psicólogo clínico Francisco Martínez Zea.

No hay que olvidar el contexto. Freud fue un judío austriaco que tuvo que exiliarse en Reino Unido para no ir a un campo de concentración nazi (donde murieron sus hermanas). “Tuvo muchas trabas para ejercer, por ser judío”. Buscó nichos diferentes y sí, experimentó con cocaína, exploró sus propiedades terapéuticas, encontró su contraproducencia y la dejó. Asimismo, probó con la hipnosis, y se dio cuenta de que era mejor trabajar con pacientes despiertos, aunque tomara más tiempo y esfuerzo.

El gran descubrimiento de Freud, dice el psicólogo, es el inconsciente. “Antes de él, se pensaba que la conciencia lo era todo, y que nuestros actos eran gobernados por ella”.

Freud, médico neurólogo, elaboró su teoría con las pacientes histéricas (como se calificaba a los casos de neurosis), a las que la medicina tradicional de la época no solía ayudar, por sospechar que fingían sus dolencias. “Él entendió que somatizaban patologías emocionales, traumas que al no ser resueltos, hacen sufrir”, dice Martínez, máster en psicoanálisis. Algunos de ellos tienen origen en escenas sexuales ocurridas, tal vez, en la infancia. “El pasado mal asimilado me hace esclavo de una enfermedad presente”. Los psicoanalistas van al pasado, dice Martínez, porque las experiencias no resueltas se repiten en los diferentes escenarios de la vida. “Sufrimos lo mismo con diferentes protagonistas. El psicoanálisis apunta a rectificar guiones de vida”.

Viggo Mortensen (i) le dio vida en la película Un método peligroso (2011). Montgomery Clift lo interpretó para la cinta biográfica Freud: The Secret Passion (1962) dirigida por John Huston.

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Freud defraudado

La serie de Netflix debió llamarse Fraud (en alemán, fraude), opina Carlos Silva Koppel, psicoanalista. “Representa una historia distinta de lo que era Freud, un autor clásico”, muy influyente porque desde él se derivan algunas corrientes psicológicas que toman en consideración el inconsciente, y tratan de creer a la persona y no culparla.

El psicoanálisis fue reestructurado con las enseñanzas de Jacques Lacan, el psiquiatra francés que estudió a Freud y que justificó su trabajo como ciencia. “En las nuevas corrientes de filosofía o ciencias sociales se lo tacha de misógino, conservador e incluso machista, sin embargo, no hay que apedrearlo”, dice Silva. “Él supo que se había equivocado en algunas de sus obras”, pero lo que escribió fue tanto, que le hizo imposible reeditar todos los textos. Como ejemplo, ¿se debe seguir hablando hoy del complejo de Edipo? Silva cree que no. “Eso lo sacó de una obra del teatro antiguo, de Sófocles. Mucho del criterio freudiano conlleva prejuicios sexistas”, que Lacan se encargó de corregir. Y eso es lo que resta hacer en la actualidad, corregir a Freud, opina Silva.

“No es un autor omnisciente, tuvo propuestas hoy inaceptables, como la visión de la mujer”. Por tanto, ha tenido siempre muchos críticos, y también los ha tenido el psicoanálisis, al que se concibe como una religión, con el neurólogo como su creador, y su obra como una especie de libro sagrado. “No es así”, dice Silva, “somos una comunidad científica abierta a trabajar sobre las críticas”.

Cuatro décadas de teoría

Una de las primeras publicaciones de Freud, al arrancar el siglo XX, fue La interpretación de los sueños, que no tiene nada que ver con el esoterismo, enfatiza Martínez, sino que es una explicación neurológica de por qué soñamos y cómo actúa el inconsciente. Pero la obra total del vienés abarca casi cuatro décadas en las que cuestionó la sexualidad, cultura, antropología, psicopatología, biología, religión. “Sería absurdo quedarse con apenas uno de esos enfoques. En Freud hay una serie de líneas de interés sobre los problemas humanos”.