Gustavo Costa von Buchwald, especial para La Revista
La piel sirve como barrera protectora entre nuestros órganos internos y el medioambiente. Nos protege de ataques físicos, químicos, rayos del sol y regula nuestra temperatura. La piel nunca nos falla porque se renueva constantemente. A través de ella sentimos el frío o calor, la picadura de un insecto, el dolor de un raspón, la suave sensación del abrazo de una madre y la emoción del toque de la amante. Se podría decir que es el portero de nuestro cuerpo.

Un atributo distintivo de la piel humana es que se presenta naturalmente en una amplia gama de colores, desde el marrón más oscuro, casi negro, hasta el marfil más pálido, casi blanco. Este exquisito arcoíris se extiende desde el más oscuro cerca del ecuador hasta el más claro cerca de los polos. Este rango forma una gradiente natural que se relaciona principalmente con la intensidad de la radiación ultravioleta (UVR) que cae en las diferentes latitudes de la superficie terrestre”.

El color evolutivo

La estadounidense Nina G. Jablonski, antropóloga y paleobióloga, conocida por su investigación sobre la evolución del color de la piel en humanos, nos dice así: “Un atributo distintivo de la piel humana es que se presenta naturalmente en una amplia gama de colores, desde el marrón más oscuro, casi negro, hasta el marfil más pálido, casi blanco. Este exquisito arcoíris se extiende desde el más oscuro cerca del ecuador hasta el más claro cerca de los polos. Este rango forma una gradiente natural que se relaciona principalmente con la intensidad de la radiación ultravioleta (UVR) que cae en las diferentes latitudes de la superficie terrestre”.

La antropóloga Jablonski dice que el color de la piel depende del medioambiente donde se encuentre la persona. Mientras más cercano a la línea ecuatorial, más radiación ultravioleta, y la piel tiende a ser más oscura; o mientras más cercana a los polos hay menos radiación ultravioleta, razón por la cual la piel tiende a ser más clara.

Desafortunadamente, el color de la piel ha dividido a la humanidad debido a la relación que existe con la raza. La conexión entre concepto de raza, color de piel y la posición social ha dividido a personas y países por siglos.

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Una de estas tantas expresiones simbólicas y rituales sobre nuestra piel es el tatuaje. La formación de imágenes y sus relaciones con lo alegórico, así como las respectivas identificaciones de sus atributos, siempre acompañan palabras, gestos, objetos, colores y comportamiento".

La decoración de la piel

Una distinción de la superficie de la piel de los humanos en relación con otros animales es que puede ser decorada. Es un tapiz que le indica a la sociedad acerca de quiénes somos o en quién deseamos convertirnos.
Una de estas tantas expresiones simbólicas y rituales sobre nuestra piel es el tatuaje. La formación de imágenes y sus relaciones con lo alegórico, así como las respectivas identificaciones de sus atributos, siempre acompañan palabras, gestos, objetos, colores y comportamiento. En Occidente, el color rojo simboliza amor; el azul, la tranquilidad; el amarillo, la prosperidad, y el verde, las decisiones correctas. Hoy, el tatuaje está tan de moda que se luce en los cuerpos de millones de personas, en forma de identidad permanente.

La historia del tatuaje en Occidente comienza con la traída de este conocimiento ancestral desde la Polinesia hasta Europa por el capitán James Cook, quien llegó a Tahití en 1769. La palabra tatuaje tiene sus orígenes en la palabra “tata”, que quiere decir cortar o herir. Esto se debe a que en la antigüedad los tatuajes eran una forma de escarificación (producir escaras en la piel mediante incisiones).

En la época precolombina, donde hoy es Perú, tenemos en el siglo IV después de Cristo a la señora de Cao, cuya momia nos muestra que era una gobernante llena de tatuajes de representaciones de cocodrilos, serpientes, mariposas y ovejas. En Polinesia, los maoríes en la Isla de Pascua se tatuaban para la guerra porque querían asustar a sus enemigos.

La versión electrónica

La piel del futuro continuará haciendo lo que ha hecho por millones de años. Es la interfaz entre la parte física y psicológica de nuestra intimidad. A través de la piel anunciamos nuestro yo y cómo nos relacionamos a otros grupos. Usamos metáforas relacionadas con la enfermedad (nada más que piel y hueso), el cinismo (tiene una piel gruesa) y la belleza o salud (piel fina).

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La robótica moderna tiene el reto de la piel. Por ejemplo, cómo prender una computadora. Para esto se necesita sensibilidad, presión, flexibilidad natural que la robótica no la tiene a la fecha”.

Pero en realidad el gran reto está en el desarrollo de la piel electrónica; es decir, aquella que imite nuestros sensores cutáneos de presión y temperatura. Estos nos ayudan a realizar actividades tan simples como romper un huevo, abrir una chapa de puerta, tomar una bebida... todo esto gracias a un órgano de milímetros de espesor.

Para Nina Jablonski, “la robótica moderna tiene el reto de la piel. Por ejemplo, cómo prender una computadora. Para esto se necesita sensibilidad, presión, flexibilidad natural que la robótica no la tiene a la fecha”. Si los robots tuvieran una piel electrónica, se convertirían en verdaderos humanos.