Anir Romero es maestra de español como segunda lengua en una escuela primaria de Estados Unidos. Sus actividades se centran en enseñar a los niños a hablar, leer y escribir en este idioma. Para lograrlo se vale de los estándares del pensamiento crítico.

Esta experiencia en el aula es la que compartió durante la Conferencia Internacional The Inclusion School 2020, organizada en Guayaquil por Interamerican Academy, con el apoyo de AASSA (Asociación de Escuelas Estadounidenses en Sudamérica) y el Centro Ecuatoriano Norteamericano.

Estos principios, dice la profesora, son aplicables a cualquier asignatura, y consisten en dar a los niños herramientas para organizar, analizar, entender y evaluar la información. Y empieza con la calidad de la lectura que se ofrece en el salón.

“No es importante que el niño lea 100 libros en el año, si puede leer 10 y los entiende, es suficiente”.

Proporcione a los niños lectura de acuerdo a sus edades y nivel de comprensión

Romero trabaja en su clase con estaciones. La estación de lectura es el primer escenario del pensamiento crítico. Se les muestra a los chicos el libro de esa unidad y se les pide que hagan predicciones sobre el tipo de información que habrá en él. “Así ponemos en marcha el primer estándar que necesito”.

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La maestra les da una hoja de trabajo para guiarlos a buscar la idea principal del libro, guiándose por cuatro criterios:

  • El titular y la sinopsis
  • Los dibujos y fotografías
  • Las palabras que se repiten una y otra vez en el texto
  • Las primeras y últimas oraciones del texto.

Ahora, ella está consciente de que en clase hay niños principiantes en el nuevo idioma, niños intermedios y también avanzados. Los maestros ecuatorianos asistentes a la charla se identifican rápidamente. Romero enfatiza que todos los alumnos deben estar incluidos en la enseñanza, aprendiendo del mismo material y con el mismo objetivo (obtener la idea principal), pero cada cual lo hará de acuerdo al nivel en que está. Al primer grupo le pide llenar los dos primeros criterios. Al segundo, los tres primeros. Y los avanzados pueden hacer los cuatro.

Permítale a niño escribir sobre lo que ama

El siguiente reto es la escritura. Romero explica que en su escuela se requiere que los niños den cuatro pruebas escritas en el año: dos narrativas, una informativa y una persuasiva. ¿Cómo motivarlos? Permitiéndoles escribir de algo que aman y que tiene sentido para ellos. Esto significa tocar un tema personal. ¿Les gustan los animales salvajes? ¿O sueñan con una mascota? Encuentre su interés y haga que la clase gire en torno a eso.

“Empiezo con algo que aman, pero mi objetivo es que escriban. Y resulta”.

O si está enseñando descripción de personajes, anímelos a escribir sobre una persona a la que admiran, y a entrevistarla si es posible. “Están aplicando el estándar que enseño, pero también es divertido”.

Además, la maestra debe modelar la escritura y ayudarlos a organizar sus ideas. Así que utiliza un gráfico que los niños han apodado ‘la dona’. En el centro escriben el tema, y alrededor todas las palabras que se les vienen a la mente a partir de ahí. “Entonces les digo que deben elegir tres palabras, las más significativas, para empezar a escribir”.

Los niños escriben solos, sin intervención del profesor. Y la primera revisión tampoco la hace un docente, sino que se apela al trabajo cooperativo: cada uno lee su escrito a un compañero. “Si algo no se entiende o falta información, el compañero te lo dirá”. Si es necesario, habrá una reescritura. El trabajo del profesor, luego. será de revisar la parte formal, la gramática o ideas que puedan expresarse mejor, antes de proceder a la publicación.

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Organizando y seleccionando las ideas

En su clase, Romero utiliza de forma permanente ciertas estrategias, como el acróstico RAP (¿Puedes rapear?) para enseñar a los niños a resolver problemas en cualquier asignatura.

  • R: replantea la pregunta con tus palabras (el niño muestra que entiende lo que le están pidiendo).
  • A: ahora contesta la pregunta (comparte su opinión o conocimiento del tema).
  • P: prueba que es correcto (incluye dos o más detalles de la información).

O pueden leer un cuento clásico como Cenicienta para enseñar conceptos como planteamiento, nudo y desenlace. Romero propone seguirlo de una nueva versión del cuento, para así mostrar un nuevo estándar: comparación y contraste. Tras dos lecturas, los niños conocen la historia y pueden poner en práctica un tercer estándar, causa y efecto: ¿Por qué crees que este personaje actuó así? ¿Cuáles fueron las consecuencias?

Es aún mejor cuando se involucra otra asignatura. Romero amplió su clase a través de una videoconferencia acordada con maestros en otros países. Los niños intercambiaron información: aprendieron a cantar Cumpleaños feliz en francés, hicieron una encuesta en español sobre comida, asignaturas y deportes en una escuela colombiana, procesaron la información y la mostraron a sus compañeros mediante gráficos.

¿Qué más puede hacer una clase con niños que están empezando a dominar la escritura a mano? Correo postal. En acuerdo con otra escuela que enseña español como segundo idioma, enviaron cartas mediante correo tradicional y esperaron (costumbre en desuso) que el cartero trajera las respuestas.

Recursos en línea para niños, padres y maestros

Usted es libre de utilizar los recursos de aprendizaje de su preferencia: completar las oraciones, tarjetas de memoria, acrósticos. “Con los niños que ya leen, en el tercer grado, hicimos un diccionario ilustrado. Hicieron un dibujo para palabra, más sus sinónimos, antónimos, definición y su uso en una oración. El índice crece de 8 a 10 palabras cada semana”.

También recomienda proveedores de recursos como Teachers Pay Teachers (en inglés y español, se adquiere una membresía), Brain Pop (inglés, español, francés; requiere suscripción, contenido gratuito y de pago) y SuperTeachers (español e inglés, con membresía anual).