Si hubo un caso emblemático de la política imperialista que practicó los Estados Unidos en América Latina durante buena parte del siglo XX fue el golpe de Estado perpetrado en Guatemala por Carlos Castillo Armas contra el gobierno de Jacobo Árbenz. Ocurrió en 1954 en plena Guerra Fría. Y los eventos siguieron, lo que iba a devenir en una suerte de patrón de conducta de la CIA a lo largo de la región hasta la caída del Imperio Soviético. Un país con profundas diferencias económicas y sociales, dominado por una élite criolla en alianza con una empresa multinacional propietaria de la entera industria del banano (la United Fruit Company), y por ende de la economía, elige en las urnas en 1951 a un demócrata, como fue el caso de Jacobo Árbenz, con ideas de cambios y transformaciones. Y allí comienzan los problemas.

En su última novela Tiempos recios (Editorial Alfaguara, Madrid. 2019, 351 páginas) Vargas Llosa nos ofrece una historia detrás de la historia que conocemos y que terminó en el sangriento derrocamiento y asesinato de Castillo en el interior de la Casa Presidencial. La obra nos revela los entretelones de semejante crimen, crimen que marcó la historia de Guatemala y que con ciertos cambios aquí y allá habría de repetirse por muchos años en otras naciones. El golpe de Estado que derrocó al gobierno de Arosemena Monroy en el Ecuador en 1963 se enmarca en esa línea.

Como le habrá sucedido al lector de La fiesta del chivo, el lector de Tiempos recios se verá sobrecogido también por la intensidad de los eventos, lo despiadados planes que se fueron fraguando y ese aire de constantes y complicadas conspiraciones que se van armando hasta lograr el objetivo. La novela aborda, sin embargo, varios temas de gran interés actual. Uno de ellos la manipulación de la opinión pública por firmas especializadas que comenzaron a operar en gran escala y de forma agresiva después de la Segunda Guerra Mundial en Washington y en Nueva York.

La campaña publicitaria y de public relations apuntó a engañar a la élite política estadounidense de que el gobierno de Árbenz era una amenaza a la seguridad nacional por su supuesta cercanía a la Unión Soviética. Vargas disecciona con sumo cuidado las prácticas de engaño y lobby político, pero en el camino nos cuenta como en un thriller – que recuerda también A sangre fría de Capote– como la CIA se encargó del cerrar este capítulo.

La novela puede adquirirse en las librerías del país. (O)