De los trastornos emocionales, la depresión es sin duda  uno de los que más afectan a la humanidad; conservadoramente se estima que la padecen de 300 a 350 millones de personas globalmente. Una característica muy preocupante de este mal es que se presenta en las mujeres casi dos veces más frecuentemente que en los hombres, independientemente de su origen étnico o nivel socioeconómico.

Un reciente estudio a gran escala evidenció ciertas condiciones que pueden ayudar a comprender algunas importantes causas de estas diferencias basadas en el género.  En primer lugar está el factor hormonal, que incide mucho en la psicología femenina.

Por su naturaleza,  la vida emocional de una mujer, a diferencia del hombre, gira mucho alrededor de su producción de estrógeno y otras importantes hormonas que están presentes, en diferentes proporciones, durante los grandes cambios en su vida, todos relacionados con su capacidad reproductiva (menarquia, periodos menstruales, embarazo, parto, lactancia, menopausia, etc.).

Es significativo el  efecto de esta hormona sobre determinados neurotransmisores cerebrales, que a su vez ejercen una fuerte influencia en el estado de ánimo, sobre todo en la dirección  depresiva (desorientación personal e hipersensibilidad emocional en la adolescencia, síndrome premenstrual, depresión posparto, depresión pre y posmenopáusica, por nombrar los más conocidos).

Es fuerte también la influencia de la crianza y las expectativas sociales, que pueden considerarse factores de mucho peso en la manera como muchas mujeres actúan frente a la vida.

Desde niñas se espera que sean más consideradas, más analíticas y autocríticas, sensibles a la opinión de los demás, mientras que de los hombres se espera que sean más fuertes, menos emotivos o sensibles (más ‘machos’), incluyendo demostraciones de irritabilidad o tendencia al consumo de sustancias adictivas como forma de lidiar con estos sentimientos.  

Se ha teorizado que tal vez no haya tanta diferencia entre los dos sexos, sino que las mujeres están más dispuestas a aceptar el problema y buscar una solución terapéutica, mientras que muchos hombres, sintiéndose estigmatizados por este diagnóstico, lo rechazan, a menudo llamándolo “estrés”.

En el extremo de este trastorno existe la idea, a menudo llevada a la práctica, de terminar con una existencia que se considera un martirio.  La depresión, en hombres o mujeres, es una alteración emotiva de tan largo alcance a lo largo de la vida  que es necesario atacarla con fuerza desde que aparecen sus primeras manifestaciones, a cualquier edad. (O)