Integración e inclusión se suelen usar como sinónimos. Sin embargo, representan filosofías diferentes. 

En la primera, se considera un logro que la persona con discapacidad ingrese al ambiente estudiantil. La inclusión, en cambio, no se centra en la discapacidad o diagnóstico de la persona, sino en sus capacidades

No se enfoca en la educación especial, sino a la educación general, cómo transformar el aula. No trata de dar a todos los estudiantes lo mismo, sino lo que cada uno necesita, eliminando las diferentes barreras. No ignora o disfraza las limitaciones, reconociendo que son reales.

La barrera del acceso

“A pesar de ser política de Estado, las estrategias desarrolladas para garantizar el acceso y la retención de estudiantes con discapacidad en la educación superior no se materializan”, dicen los investigadores Carlos X. Espinosa, Víctor G. Gómez y Carlos M Cañedo, de la Universidad Metropolitana, en el artículo ‘¿Integración o inclusión? La educación superior ecuatoriana y el pleno acceso de estudiantes con discapacidad’ (revista Ciencia y Sociedad, 2012). Alegan que hasta ahora el movimiento se centra en ofrecer tratamiento financiero especial.

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Para ellos, hace falta “un registro de implementación de programas, sistemas de apoyo y sensibilización, adaptaciones curriculares, tecnológicas, informacionales y arquitectónicas que faciliten el acceso de las personas con discapacidad a la universidad”. 

Convencerlos de quedarse

La permanencia de los estudiantes con discapacidades y otros grupos relegados es otra de las preocupaciones. La universidad fue un espacio excluyente durante siglos y de eso quedan vestigios, escribe el investigador Juan Carlos Ocampo, de la carrera de Psicología Clínica de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil (‘Discapacidad, inclusión y educación superior en Ecuador’, 2018). 

El número de estudiantes con discapacidad aminora a medida que el grado de discapacidad aumenta. 

En el caso de la UCSG, Ocampo no halló diferencias considerables en el ingreso de estudiantes con discapacidad según su género o provincia de origen, “pero sí por grado y tipo de discapacidad”. Además, “el número de estudiantes con discapacidad aminora a medida que el grado de discapacidad aumenta”. 

Adaptarnos todos

La inclusión busca que toda la comunidad educativa (y la sociedad) cambie a través de adaptaciones y diferenciación en la educación. Alegría Solines, máster en Educación, enumera: adaptaciones en el material, en la forma de evaluar y en los tiempos que se asignan para cumplir con trabajos y tareas. 

Las adaptaciones no deben implementarse únicamente en la infraestructura del lugar, sino también a nivel de planificación y didáctica de los cursos.

Los docentes, por ejemplo, deben tener el material del curso en diferentes formatos. “Si hablamos de un chico con ceguera o problemas de baja visión, necesitará los textos en braille o en audio, de manera que pueda cumplir con las exigencias de la clase”, escribe Solines en el artículo ‘Inclusión en la educación superior’ (Revista IDEA, Universidad San Francisco de Quito, 2017). 

En tanto que un estudiante con TDA (trastorno de déficit de atención) necesitará probablemente tiempo extendido para entregar tareas o efectuar exámenes, además de explicaciones extra y textos adicionales. “En dislexia se puede utilizar material en audio  y la forma de evaluación puede ser oral”. 

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Las adaptaciones, sin embargo, deben evolucionar. Los docentes necesitan seguir aprendiendo nuevas metodologías. “Las adaptaciones no deben implementarse únicamente en la infraestructura del lugar, sino también a nivel de planificación y didáctica de los cursos”.

Un ejemplo local

El departamento de Bienestar Estudiantil de la Universidad Casa Grande trabaja en acciones programáticas que conciben al estudiante como el centro de la actividad universitaria, desde un enfoque holístico, privilegiando las acciones sistémicas y preventivas, explica Jessica Quintana, director General de Responsabilidad Social y Vinculación con la Comunidad de ese centro de estudios universitarios. En lo que respecta a estudiantes, los programas son: Bienestar Estudiantil, Seguro Estudiantil, Deportes, Apoyo Socio-Económico (Becas y Créditos), Voluntariado Estudiantil.

 Asimismo, continúa, las instalaciones están adaptadas para personas con movilidad reducida, según estándares de accesibilidad universal. “Los estudiantes con necesidades especiales de aprendizaje y trastornos en la salud mental, reciben consultoría y seguimiento personalizado”.

Para fortalecer su compromiso en contra de todo tipo de discriminación, prevén realizar el próximo año un estudio de percepciones sobre el respeto a la diversidad dentro de su comunidad académica. “Resultados que servirán para orientar, si fuera necesario, las acciones necesarias para garantizar un espacio seguro para todos y todas”, concluye.

¿Qué hacer como estudiante?

“El mejor consejo es preguntar a tu compañero con discapacidad si necesita realmente la ayuda”, explica María José Toledo, directora del espacio Somos Capaces (IG: somoscapaces.ec), desde donde fomenta la cultura de inclusión y accesibilidad en la sociedad. “A veces, por querer hacer un bien, los minimizamos o consideramos que no pueden realizar cierta actividad por su cuenta. Hay que respetar su independencia”, advierte. “Ellos nos dirán si nos necesitan”. 

Las personas con alguna discapacidad coinciden: no hay nada peor que otro haga su trabajo, les imponga su ayuda o los trate como  niños.

De acuerdo con María José, gran parte de las personas con alguna discapacidad coinciden en que que no hay nada peor que otro haga su trabajo, le imponga su ayuda o los trate como  niños. “Recordemos que  son personas como nosotros y hay que tratarlos según su edad. Eso es parte del respeto y de ser realmente inclusivos”. 

 

 

Finalmente, puntualiza algunos aspectos que considera pendientes por fortalecer.  

1. Que el entorno físico sea accesible (no es solo tener una rampa).

2. Considerar a cada estudiante como un elemento individual.  

3. Evitar las suposiciones y cuidar el lenguaje (el término correcto para tratar a una persona con algún tipo de condición es “persona con discapacidad”).

4. Organizar actividades grupales que fomenten la inclusión  y no permitir que nadie se burle de alguien por ser ‘distinto’. “La diversidad es la única característica que todos tenemos en común”, afirma.

(D. V. y D. J. L.)