Hasta hace pocas décadas, el término “neurótico” era comúnmente utilizado para describir a una persona con ansiedad, depresión, irritabilidad, inseguridad, obsesiones y similares desajustes en su personalidad. Estas condiciones le afectaban, pero no impedían, el manejo de su vida diaria, aunque a menudo necesitaba ayuda psicoterapéutica y/o farmacológica (ansiolíticos, antidepresivos, etc.). 

Su origen se remonta a la segunda mitad del siglo XVIII, cuando se comenzó a usar este término para describir trastornos del sistema nervioso que no se podían explicar fisiológicamente, muy probablemente por las limitaciones de la medicina en dicha época.  

La neurosis fue el centro del interés investigativo y terapéutico de los más reconocidos psicólogos, psiquiatras y psicoanalistas del siglo XX.  

El diagnóstico de neurosis cubría la mayoría de las afectaciones emotivas de la persona “normal”, con limitaciones pero funcional, a diferencia de las personas “psicóticas”, que mostraban una clara desconfiguración de su personalidad y una evidente desconexión con la realidad (alucinaciones, delirios, etc.).  

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En el último cuarto del siglo pasado, el mundo y la sociedad comenzaron a complicarse (más), se crearon nuevas fuentes de estrés y el individuo ordinario comenzó a sentirse más vulnerable.

Los profesionales involucrados en la salud mental comenzaron a dejar de usar el término neurosis, que abarcaba una amplia gama de malestares emotivos, por diagnósticos más puntuales. 

La tendencia desde entonces ha sido el diagnóstico específico de las manifestaciones emotivas del paciente (la ansiedad, la depresión, las obsesiones, etc.) y su tratamiento a través de los canales terapéuticos respectivos.

A partir del año 1980 la neurosis dejó de ser incluida en el Manual Diagnóstico y estadístico de la Asociación Norteamericana de Psiquiatría y desde entonces no se la considera un diagnóstico. 

Aunque la modernidad la eliminó del escenario de la psicopatología, la neurosis ha permanecido como parte importante de la definición más aceptada del significado y composición de la personalidad. 

El neuroticismo es uno de los cinco factores que componen dicho modelo,  y los individuos que obtienen puntajes altos en esta área son personas con tendencia a sufrir de humor depresivo y sentimientos de culpa, ira y ansiedad con más frecuencia e intensidad que el promedio de la gente. (O)