Cualquier viajero que llegue a esta comuna junto a la frontera con Manabí se percatará de su gran cambio. Las casas lucen llenas de color y diversas paredes exhiben murales pintados por una treintena de jóvenes artistas nacionales y extranjeros que llegaron para apoyar esta iniciativa.

Este proyecto nació hace dos años con el nombre Casitas de Colores, ideado por una pareja de estadounidenses retirados que reside allí desde hace casi 9 años. Shell Spivey y Marsha Spivey apoyaron a los comuneros para terminar la construcción de la nueva iglesia del poblado, detenida luego del terremoto del 2016. Para ello  abrieron una cuenta que recolectó donativos por internet (crowdfunding). 

“Un frente de cristal fue añadido para brindar una vista magnífica hacia el océano”, dice Shell, “lo cual, junto con la belleza del templo, resultó ideal para atraer bodas. Y ahora La Entrada está recibiendo a muchas parejas que desean casarse aquí”.

Ese dinero donado  también está sirviendo para embellecer el  poblado, para lo cual contactaron a los artistas y consiguieron el apoyo de la empresa Sherwin Williams, que les dio descuentos para comprar las pinturas, agrega Shell, quien junto con su esposa son dueños del hostal Villa de los Sueños.

La Entrada cuenta ahora con 55 murales que narran la historia de esta comuna de la parroquia Manglaralto, y pintaron las fachadas de casi todas las casas. Y cuando el proyecto termine habrá 90 murales y todas las fachadas quedarán llenas de color. 

“La Entrada ha cambiado. El malecón y la iglesia  están renovados y hemos tenido bodas ‘aniñadas’ allí”, dice Benito Pincay (dueño de Los Dulces de Benito), presidente de la comuna, quien confía en que el progreso seguirá.