¿Cuál es la problemática más frecuente en la psicoterapia actual? La de la pareja, dice el psicólogo cognitivo conductual Luis Pérez Flores, decano del Colegio de Psicólogos del Perú. En su opinión, es la número uno, compitiendo con las adicciones por alcohol o drogas.

Mientras que estos están visibilizados como trastornos, los problemas de pareja se ven de otra manera. “Nos parece normal pelear con frecuencia”.

La perturbación emocional en la pareja, continúa Pérez, es la que genera más problemas de salud; pareciera que causa mucha más angustia que el trabajo, al que se le ha dado también notoriedad.

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A la pareja no se la ha visibilizado, y esto puede deberse, en parte, dice el especialista, a que la psicología no se ha posicionado en este campo.

“Queremos resolver el problema del femicidio y la violencia de género, cuando lo que nos corresponde es la situación de la pareja”, que viene a ser la raíz de los anteriores.

Una escalada emocional

Desde este planteamiento, más que de problemas de pareja es necesario hablar de trastornos psicológicos por la relación de pareja. Uno de ellos es la perturbación emocional por celos, “que no es solamente un asunto de separarme y divorciarme civilizadamente. Vayan a ver cómo se divorcia la gente”, invita Pérez a profesionales de salud mental ecuatorianos, durante el Taller de Celotipia organizado por el centro de Psicoterapia Integral y Análisis Conductual (PIAC).

La perturbación por celos puede convertirse en una escalada emocional hasta llegar a los celos patológicos, que generan agresión y violencia física. “Según el Ministerio de la Mujer (Perú), puede ser la razón de mayor peso en el femicidio”.

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Amar con angustia

Los celos son una emoción normal frente a una evidencia. Pero si son repetitivos, desestabilizan y si a falta de pruebas se interpreta cualquier signo como un peligro de perder al otro, y se desencadenan reacciones mayores (agresión), se habla de una perturbación emocional.

En este caso hay que trabajar en los pensamientos y emociones que pertenecen al celoso, más que en la conducta del otro, o como sentencia Pérez: “Lo que yo interpreto me pertenece a mí”.

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¿Qué pasa en la mente del celoso patológico? Hay distorsiones, dice el psicólogo, y expone un caso frecuente. Va una pareja a consulta. El señor tiene una hija de una relación anterior. El juez le ha permitido visitas supervisadas. Quien supervisa es la mamá de la niña. A la actual pareja eso no le parece bien (a sus ojos, están comportándose como una familia) y siente celos.

Esa interpretación dispara la cólera, y esta, la conducta impulsiva: reclamos, llamadas continuas, frustración, insistencia y rastreo que no terminan cuando el otro da una explicación, sino que se reanudan.

Se produce aversión por el otro o la otra, aquel con quien se cela a la pareja. La persona celosa somete al otro a un hostigamiento. Comienza a amar con angustia. El celado, por su parte, pierde interés en la relación, y esta se deteriora, aunque no haya separación.

Hay desconfianza, conflicto y rompimiento. Para que esto ocurra ni siquiera es necesario que los dos hayan mantenido una relación significativa, ni que haya una infidelidad real, probada. Las personas que celan suelen ser imaginativas, dice Pérez, y esa perturbación las lleva a un convencimiento. A esa convicción va dirigida la terapia.

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Los celos nacen al creer o interpretar la posibilidad de: 1. Sufrir un engaño, 2. Perder el control o cariño exclusivo, 3. Perder a la persona amada o querida. Se resumen en no querer perder ni sufrir, pero de todas formas se padece en el intento.

“Si entendiéramos desde el inicio cómo funciona esto”, comenta el psicólogo, “podríamos incluso construir mejores parejas”.

Un problema de uno

Otro cambio que se plantea en el tratamiento de este problema por la relación de pareja es la recuperación de la individualidad. Se asume que un conflicto de este tipo implica que irán a consulta las dos personas, en conjunto. “Y no es así”, sostiene Pérez, decano del Colegio de Psicólogos del Perú.

“El problema de pareja no es de dos. Es de uno. Yo voy a la terapia y me trabajo a mí mismo para estar mejor en mi relación. Vamos a trabajar en mi perturbación en relación a ti. Yo me perturbo. Yo soy dueño de mis emociones y pensamientos, de lo que me pasa”.

Y tengo, concluye, la capacidad independiente de decidir si sigo o no con la relación, dependiendo de lo que encuentre en el trabajo terapéutico.

Desde esta visión, si uno de los dos no quiere ir a la psicoterapia, eso no tiene que detener a quien sí quiere buscar soluciones. “El asunto central es la salud psicológica. Estar sano, sea que siga junto a ti o no”.

La gran mayoría de terapias de parejas dirigidas a la reunificación han fracasado, opina Pérez, por no abordar el concepto de salud psicológica individual. “Necesitamos cambiar los marcos teóricos”.

Esto suena fuerte, admite el especialista, y enfatiza que la psicoterapia debe estar dirigida a la sanación psicológica individual. Si bien sanar podría ayudar a la reunificación, no siempre será así. “Las parejas pueden recomponerse, pero cuando hay odio, es muy difícil”.

“Si estoy odiando al otro, lo necesario es sanar ese odio”. La terapia se dirige, por tanto, a solucionar el odio y el resentimiento, sin necesidad de reunirse, dado que ya no hay amor.

Tipos de celos

En primer lugar están los celos normales o funcionales, que sirven para protegerse. Son episódicos, pasajeros, circunstanciales. Responden a un estímulo y no tienen permanencia cognitiva emocional posterior (no se convierten en un pensamiento recurrente). Esto último, subraya Luis Pérez, hace la diferencia y evita que haya un trastorno, “revela sabiduría emocional”.

En la celotipia neurótica o celos disfuncionales o por perturbación emocional, hay una conducta frecuente, magnificada y catastrófica en relación con un estímulo o situación que genera el malestar; las respuestas emocionales son negativas, con acciones violentas que buscan aplacar o comprobar la temida infidelidad. Se planifican acciones de daño contra el otro. En casos extremos, se llega al femicidio. Es un trastorno de la emoción, y esa emoción es la angustia.

No es fácil de racionalizar. “Hemos tratado de convencer a los celotípicos de que están equivocados”, dice el doctor Pérez, “y puede que lo acepten, pero no cambian”.

La celotipia psicótica, finalmente, hace referencia a un trastorno delirante. No hay hechos que justifiquen la obsesión con la otra persona. No tiene que haber una relación. Puede que no sean conocidos. Sin embargo, el individuo está rígidamente convencido de ello.