Mariela Urrutia Orozco, especial para La Revista

En algún momento usted quizá se ha preguntado qué hacer o cómo llegar a una jubilación digna.

La jubilación o el retiro en muchas ocasiones puede ser vista como una situación de crisis, incertidumbre, sensaciones de incapacidad o de no ser útil. No tiene que ser así, también puede ser una nueva oportunidad para emprender en diversos ámbitos o para poder llevar a cabo aquello que tanto deseaba y que no había logrado realizar.

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Antes de llegar a ese punto (la jubilación) considero importante que usted analice algunos aspectos antes de decidirse a dar ese importante paso.

¿Es la edad una determinante para la jubilación?
Por ahora dejaremos de lado el factor del tiempo estipulado por el seguro social. La edad dependerá de lo que usted desee realizar como proyecto de vida, una vez terminado su periodo laboral formal o tal vez antes de que se dé esa fecha límite. Regresemos un poco: “proyecto de vida”; ¡sí, así como lo leyó! A lo largo de la vida y sin importar el momento en el cual se encuentre puede tener o replantearse proyectos o metas por alcanzar, ya sea antes o después de la jubilación, por lo que la edad que tenga no será un impedimento para ello.

Lo importante es cómo se sienta física y emocionalmente frente a los nuevos retos que se plantee. Desde luego, debe existir un deseo y este será el motor que lo impulse a perseguir la meta planteada.

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¿La jubilación implica dejar de ser productivo?
Dependerá de lo que usted desee, tal vez algunos esperan la jubilación para descansar, disfrutar de la familia, viajar, practicar algún pasatiempo; ese es su proyecto de vida y está bien si así usted lo decide. Para otros es el momento para continuar o iniciar algún proyecto personal, trabajar por su cuenta, escribir un libro, colaborar en forma activa con la sociedad, impulsar a otros, convertirse en asesores... En ocasiones, la pérdida de un empleo puede ser el momento para replantearte el camino por el cual se encontraba. El mercado laboral es muy competitivo y en muchas ocasiones ciertos empleos tienen una edad de caducidad, por lo que podría pensar que su tiempo de ser “productivo” ha terminado, pero no tiene que ser así. Las crisis son necesarias para sacudirnos y hacernos cambiar de dirección cuando sea necesario; recuerde que la vida es movimiento y nunca es tarde para replantearse las decisiones tomadas.

¿Estoy preparado para ese momento?
Toda decisión implica un riesgo y requerirá de un esfuerzo de su parte. Analice las opciones que tiene enfrente, prevea y haga que su deseo sea lo suficientemente fuerte para ir tras él.

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Como dicen los versos de una canción conocida: “Todo tiene su final, nada dura para siempre. Tenemos que recordar que no existe eternidad”. A veces la “eternidad” es un trabajo o una actividad, por lo que hay que sacudirse, moverse y analizar otras opciones que de seguro pueden darle muchas satisfacciones.

* Lcda. en Psicología Clínica, magíster en Psicoterapia Psicoanalítica.

¿Y por qué no la cuarta edad?

Talento con experiencia

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A los 88 años tuve, desde la edad de 65, 23 años para darme cuenta de que la famosa tercera edad no corresponde a nada y que haber fijado su inicio a los 65 años no tiene ni justificación ni explicación.

Busqué en la enciclopedia, en internet y en las redes sociales y no encontré nada. Así que habría podido iniciarse a los 70 o 75 años para los que siguen sintiéndose jóvenes, o a los 35 o 40 para quienes renunciaron desde temprano a afrontar y vencer las vicisitudes de la vida.

Sorprende además que nunca se mencionan la primera y la segunda edad ni a qué periodo de la vida corresponden.

En realidad, la tercera edad no es más que un pretexto para ofrecer a los jubilados ventajas y privilegios que pocas veces se respetan. Es un pretexto para impedir a muchos talentos humanos seguir siendo activos y productivos cuando están en el grado máximo de la madurez tanto personal como profesional, ignorando las virtudes de la sabiduría y de la experiencia.

Es un pretexto en las empresas para evitar un supuesto conflicto de generaciones en lugar de considerar la mezcla de grupos de edad como una indispensable y sabia complementariedad.

Un pretexto para hacernos sentir viejos cuando, por lo contrario, y como decía Pablo Picasso, lleva mucho tiempo llegar a ser joven.

Y pregunto: ¿por qué será que talentos humanos perfectamente aptos y eficientes deben jubilarse a los 65 años? ¿Y por qué será que, a partir de los 50, no consiguen trabajo por haber alcanzado, supuestamente, cierto límite de edad?

Encuentro dos posibles explicaciones: primero, porque saben demasiado y podrían convertirse en una amenaza para niveles gerenciales de supervisión o para sus mismos pares.

La segunda: porque muchos empleadores no pueden o no desean garantizar la evolución y las condiciones jerárquicas y económicas que sus destrezas profesionales y su experiencia justifican ampliamente.

Me acuerdo de que hace unos 30 años, en Estados Unidos, grandes empresas mandaban para su casa a altos directivos por haber llegado a los fatídicos 50 años. Pero tuvieron que recapacitar y reincorporarlos no solamente por su pericia, sino para formar talentos más jóvenes y convertirlos en ejecutivos de alta proyección.

Y esto es la tendencia y la evolución que cualquier empresa, mercado o país necesita: invertir en su gente y confiar en ellos hasta que ellos mismos decidan que llegó la hora de dar un paso al costado, para que quienes formaron pasen a asumir mayores responsabilidades… sin límite de edad.

¿Por qué, entonces, no olvidarnos de la tercera edad y sus 65 años para así llegar felices, útiles y respetados a la cuarta edad? Por cierto, a mis 88 años me siento divinamente bien. (I)