El agua no dio aviso y avanzó mientras todos dormían, primero como una humedad en el piso y luego como una masa que cubría los pies, subía por los muebles y se metía en cada rincón del departamento ubicado en la parte baja de un edificio de Urdesa central.
En ese sitio, Cecilia Zamora despertó en medio de la alerta de su hijo, quien había notado que el garaje, que también era parte de la vivienda, estaba completamente tomado por la lluvia que se acumuló durante la madrugada.
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“Estábamos dormidos. No nos dimos cuenta; él fue el que nos alertó y ya el agua estaba adentro, entrando al cuarto”, relató con la voz entrecortada, mientras señalaba el interior aún cubierto.
A la altura de Laureles se constató que el inmueble se encuentra en un nivel inferior al de la calle, condición que facilitó que el agua descendiera con rapidez pese a la colocación de sacos de arena y una compuerta instalada en el acceso, medidas que, según se observó en el sitio, no lograron contener el volumen que ingresó tras la precipitación registrada durante la noche.
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“Siempre ha habido inundaciones, pero no así; esto fue de una, se llenó todo”, manifestó, insistiendo en que el nivel alcanzado no había ocurrido en eventos anteriores.
Zamora relató que, cuando se levantó, el agua ya había alcanzado el dormitorio y avanzaba desde el garaje, por lo que las primeras acciones se concentraron en desconectar equipos eléctricos, retirar cables y evitar riesgos, debido a que se percibía corriente en el piso.
“Sentíamos electricidad en los pies, por eso comenzamos a desconectar todo, a sacar los enchufes”, explicó, detallando que la prioridad fue evitar una descarga mientras el agua seguía subiendo.
En medio de esa situación, la familia comenzó a sacar lo que podía, priorizando ropa y algunos objetos, mientras el nivel continuaba en ascenso y los muebles empezaban a flotar dentro del espacio reducido.
El departamento, que comparte estructura con el área de parqueo del edificio, quedó completamente cubierto en su parte baja, con colchones, camas, electrodomésticos y utensilios sumergidos o desplazados por el agua.
La refrigeradora se encuentra en la parte de afuera, pero la cocina permaneció bajo el nivel alcanzado, sin posibilidad de recuperación inmediata.
“No quedó nada, todo está adentro: los colchones, la cama, la cocina, todo está ahí”, dijo, mientras observaba los enseres retirados hacia la vereda, aún mojados, colocados uno sobre otro en un intento por salvarlos.
El hijo de la familia fue quien alertó inicialmente sobre la emergencia, lo que permitió que sus padres reaccionaran y dieran aviso a otros residentes del edificio.
Vecinos acudieron al llamado y colaboraron en la evacuación de pertenencias y en el rescate de cinco gatos que se encontraban dentro del departamento, los cuales fueron trasladados a niveles superiores del inmueble. “Los vecinos nos ayudaron a sacar a los gatitos, a subirlos, nosotros no podíamos con todo”, sostuvo, reconociendo el apoyo recibido en medio de la emergencia.
Las labores de salida se extendieron hasta las primeras horas de la mañana, ya que en un primer momento la familia optó por permanecer dentro para intentar rescatar bienes y asegurar las conexiones eléctricas. Recién entre las 06:00 y las 07:00 lograron salir, cuando el nivel del agua lo permitió parcialmente y tras haber retirado lo que estaba a su alcance.
“Primero tratamos de sacar las cosas; no podíamos salir así nomás, recién después pudimos salir”, explicó, detallando que durante varias horas permanecieron dentro del agua.
El esposo de Zamora, quien se desempeña como guardia del edificio, participó en las tareas pese a encontrarse en proceso de recuperación por una cirugía reciente, lo que limitó su capacidad física durante la emergencia. Ambos indicaron que priorizaron la seguridad de su hijo y de los animales antes de evaluar los daños materiales.
“Él está recién operado y aun así ayudó, uno no piensa en eso en ese momento, solo en sacar lo que se pueda”, señaló la mujer, quien con su familia alquila el espacio.
Se verificó que el sistema de captación de aguas lluvias de la zona se encontraba rebasado, lo que contribuyó a que el agua se acumulara sin control en el área hundida del garaje. Aunque la compuerta y los sacos habían sido utilizados en eventos anteriores, esta vez no evitaron el ingreso masivo del líquido. “Eso se llenó completamente y ya no dio más, por eso el agua se vino para acá”, explicó.
Zamora señaló que ya habían experimentado inundaciones en años anteriores, aunque de menor intensidad, lo que permitió en su momento retirar pertenencias sin mayores daños. En esta ocasión, el nivel alcanzado comprometió la totalidad del espacio habitable, dejando pérdidas en la mayoría de los bienes.
“El año pasado también pasó, pero no así, pudimos salvar las cosas, ahora ya no”, afirmó.
Durante la mañana, la familia permanecía en el exterior del inmueble, con sus pertenencias expuestas y a la espera de asistencia para la extracción del agua acumulada, mientras continuaba retirando objetos del interior y evaluando lo que podía recuperarse. “Necesitamos que nos ayuden a sacar el agua, no sabemos cómo vamos a hacer para dormir hoy”, expresó, evidenciando su preocupación ante la incertidumbre inmediata tras la emergencia.
Hasta las 10:00 de este domingo, 19 de abril, la familia espera algún tipo de asistencia de una entidad pública para poder retirar el agua acumulada. (I)