Desde el feriado de carnaval, cuando las lluvias comenzaron a intensificarse en Guayaquil, la oferta en el centro cambió de lugar dentro de los locales.
En la calle 6 de Marzo, los ponchos plásticos ya no están guardados al fondo. Cuelgan en las entradas, uno junto a otro, en colores amarillo, azul y negro. Las botas de caucho se alinean en el piso, por tallas, y los paraguas permanecen abiertos o colgados en racimos para que el cliente revise el tamaño y la resistencia antes de preguntar el precio.
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En Comercial Thalía, Luis Sánchez atiende entre consultas rápidas. Explica que las camisas con capucha cuestan $ 5 y que los cubrebotas están en $ 10.
La batona, un modelo más amplio que cubre hasta debajo de la rodilla, se vende en $ 18. Los conjuntos para motociclistas, que incluyen chaqueta y pantalón impermeable, están en ese mismo rango. Las botas para motorizados alcanzan los $ 18 y las infantiles parten desde los $ 7. Los valores de los paraguas comienzan en $ 5 en versiones plegables.
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En semanas de lluvias continuas han facturado entre $ 600 y $ 1.500 solo en estos artículos.
El comerciante señala que, cuando el invierno termina, guarda la mercadería hasta el siguiente año y retoma otros productos de temporada.
A pocas cuadras estaba Sandra, de 53 años, residente en Urdaneta, provincia de Los Ríos. Llega a la ciudad por los exámenes médicos de su padre y decidió aprovechar el viaje para comprar botas para una amiga que trabaja en moto.
“Donde vivimos llueve todos los días y el camino está en mal estado. Con zapatillas no se puede andar”, cuenta mientras comparaba suelas y tallas.
Explica que en su cantón hay menos variedad y que prefiere adquirirlas en Guayaquil para llevárselas personalmente.
En el mercado Cuatro Manzanas se repite la imagen de botas apiladas y ponchos plásticos colgados junto a mochilas y artículos escolares. Patricia, de 43 años y habitante del Guasmo, revisaba paraguas y botas antes de tomar el bus de regreso a su casa. Trabaja en una tienda de productos en la avenida Machala y afirma que en las últimas semanas esa zona se ha inundado. “Ya obligadamente me toca comprar. Vengo todos los días y me toca”, manifiesta.
Reconoce que los precios le parecen altos, pero lo considera un gasto necesario. “Espero que sea una única compra y que dure. Más que nada las botas y el paraguas, que es lo que quiero que me dure. Espero que ya no sea tan fuerte la lluvia para poder venir tranquila”, añade. Prefiere acudir al centro porque ya conoce los valores y evita pagar más en otros sectores.
En Comercial Gama, ubicado en la Bahía, Luis Guamán, comerciante desde 2005, organiza ponchos de $ 5, $ 10 y $ 15, según la calidad. El modelo tipo rompeviento con cinta reflectiva cuesta $ 15. Las botas de caucho van de $ 10 a $ 15, incluidas las diseñadas para motociclistas. Calcula que en jornadas con lluvia puede vender entre 30 y 40 unidades.
Guamán señala que el invierno impulsa la rotación de estos artículos, aunque advierte que las inundaciones en sectores rurales afectan a parte de su clientela habitual. Cuando hay desbordes, dice, las familias priorizan otros gastos y postergan compras de artículos para las lluvias.
Ahora los equipos para el invierno ocupan vitrinas y accesos en el centro. Desde carnaval, con precipitaciones más constantes, ponchos, botas y paraguas se han vuelto parte del recorrido diario de quienes buscan continuar su jornada sin detenerse por el clima. (I)