Patrizia Puccini, una italiana que tiene más de 45 años viviendo en Ecuador, ya perdió la cuenta de cuántos animales ha rescatado a lo largo de su vida y ha ayudado a buscarles un hogar con el refugio Happy Puppy Tail, que creó con su hija, con quien comparte el amor por las mascotas.

Con sus propios recursos, actualmente mantiene a más de 200 perros, unos 70 gatos, 10 caballos y hasta un burro.

La mayoría de estos animales está en una finca en el kilómetro 20 de la vía a la costa, en el oeste de Guayaquil.

Los demás están en su casa, en una zona residencial de Guayaquil, donde permanecen los perros y gatos que requieren mayores cuidados, porque, por ejemplo, Patrizia tiene algunos animales que usan andador para movilizarse o que viven con alguna otra discapacidad.

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Incluso tres de sus equinos tienen prótesis: perdieron una pata e iban a ser sacrificados, pero la italiana los rescató y mandó a hacer prótesis para ellos. Ella cuenta que la primera la mandó a elaborar en Argentina, y que el resto que han necesitado las pudieron replicar acá.

Tres de los diez caballos que hay en Happy Puppy Tail tienen prótesis, porque perdieron una extremidad y estuvieron a punto de ser sacrificados. Foto: El Universo

En el refugio y en casa tiene en total unos 20 empleados que se encargan del cuidado, la limpieza, la alimentación, de darles los medicamentos y hasta de engreír a las mascotas que están recién llegadas y necesitan adaptarse.

La rescatista explica que ninguno de sus perros es violento, y que cada día que ella llega a la finca se vuelven locos, que intentan lamerla y hasta la lanzan a la piscina, donde se rehabilitan los perros que han perdido la movilidad en alguna parte del cuerpo.

Al menos a una docena de sus canes les falta una extremidad. La perdieron por maltrato o por algún accidente, detalla la mujer, que añade que al llegar al refugio las mascotas se recuperan al ser bien alimentadas y tratadas con amor. Además, son esterilizadas.

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Ella destaca el ejemplo de vida de Strongger, un perrito de unos 8 años que había sido maltratado y atropellado en Durán, y que llegó al refugio de Patrizia hace un par de años en muy malas condiciones. Estaba prácticamente muerto; permaneció muchos días hospitalizado. Pero actualmente es un ejemplo de superación y hasta visita escuelas demostrando sus habilidades en Agility (competencia en la que los perros pasan una serie de obstáculos).

Strongger, un perro maltratado y atropellado en Durán, se convirtó en campeón de Agility pese a que no tiene una pata trasera. Foto: El Universo

Pese a que le falta una pata trasera, empezó a entrenar junto con los otros perros que se preparan para competencias y demostraciones, explica Patrizia, quien conoce el nombre y la historia de cada uno de los animales que tiene. Por eso, es sumamente cuidadosa al dar en adopción a alguno de ellos; hasta cuenta que hacen visitas posteriores para saber cómo los están tratando.

Así, señala a Colorado y Sussy, dos perros rescatados en abril del 2016 en Manabí. Las mascotas perdieron a sus dueños en el terremoto.

“Colorado no se quería despegar del cadáver de su dueño”, cuenta Puccini mientras le rasca la cabeza.

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Cuenta que los perros han llegado a su vida de las formas más inesperadas. A veces, alguien que la conoce le avisa que hay un perrito abandonado en algún sitio, y ella va. Pero una vez, hasta tuvo que pagar a un reciclador que llevaba a un perro en un saco para que se lo entregara. Recuerda que otra vez iba por la vía a la costa con sus amigas en el carro y vio un perro amarrado a un poste durante un fuerte aguacero; ella se bajó, lo desamarró, el perro subió al carro y se acomodó entre las señoras, que regresaban de una cena.

Recuperación y adopción toma meses

Ella comenta que en algunos casos toma muchos meses recuperar la confianza de un perrito maltratado y que, por eso, se demoran el tiempo necesario antes de ponerlos en adopción.

“Algunos deben ser reformados, porque vienen traumados y maltratados. Hasta perras violadas por seres humanos han llegado aquí”, revela, y menciona que actualmente hay unos 50 perros y 40 gatos listos para ser adoptados. Pero admite que todo el equipo del refugio es muy cuidadoso al escoger un hogar, porque no quieren que les devuelvan a la mascota unos días después.

La extranjera, que llegó a la ciudad cuando tenía 19 años para trabajar en el consulado italiano, cuenta que al principio no le gustó mucho Guayaquil, pero volvió un par de años después y comenzó a amarla; la adoptó como su segundo hogar.

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Patrizia enviudó al inicio de la pandemia, pero tiene dos hijos y dos nietos que la mantienen enamorada de este país. Con ellos disfruta cultivándoles el amor hacia los animales y paseando a sus nietos en poni.

Muy conectada a sus raíces italianas

Puccini permanece algunos meses al año en Roma, atendiendo negocios familiares y rescatando algunos perros de las calles y refugios.

Lleva siempre consigo a Serena y Bea, dos perritas que, según cuenta, permanecían encerradas en jaulas de conejos en Roma. Ahí las tuvieron pariendo durante años, y ahora son las compañeras de viaje de Patrizia, quien explica que, aunque en Italia no cuenta con un refugio, también rescata perros y los acomoda en hogares donde los cuidan y ella paga los gastos.

Adoptar para dar una vida digna

“Hay gente que piensa que porque un perro es inválido, le falta un ojo o es ciego o viejo es mejor no adoptarlo, pero no tiene idea de lo que se pierde. No hay un amor más grande, una mascota más agradecida que esa”, dice Patrizia.

Patrizia Puccini tiene cerca de 200 perros, 70 gatos y más de 10 equinos. Foto: Cortesía Happy Puppy Tail

Puccini dice que adoptar un perro viejito es una experiencia que aconseja.

“Darles dignidad, amparo, protección y amor en sus últimos años es muy gratificante. Conozco perros de hasta dos patas que van de maravilla”, sostiene la extranjera.

Esperan convertirse en fundación

Patrizia desde hace algún tiempo está haciendo los trámites para que Happy Puppy Tail se convierta en una fundación.

Cuenta que está en manos del Ministerio de Ambiente y que esperan que dé el visto bueno, porque hay personas en el extranjero que ven las redes y la página web del refugio, les gusta su labor y quisieran hacer donaciones; pero, hasta que no sean una fundación, esa ayuda no se concreta.

Por ahora, ella paga por todos los gastos y explica que de vez en cuando alguna familia adoptante regala fundas de comida.

Al refugio llega todos los días Gustavo Ferrari, el administrador de Happy Puppy Tail y quien se encarga de la salud y que coordina la alimentación de cada uno de los animales que son acogidos.

Él explica que en el lugar se producen todos los días 60 kilos de comida para los perros, un alimento natural elaborado a partir de pollo, tres tipos de verduras y un cereal.

Esto se puede congelar y se consume crudo. Gustavo explica que es un alimento natural, libre de conservantes, y que es la base de la comida originaria de los perros. (I)