Vestidos de blanco y negro y visiblemente afectados llegaron decenas de fieles a la iglesia de la parroquia San Alberto Magno, en Daule, para participar en la misa de cuerpo presente del padre Alfonso Avilés.

El sacerdote murió el pasado 13 de marzo tras salvar la vida de dos jóvenes en Playas. Junto con él falleció el padre Pedro Anzoátegui, por quien también se pidió durante la ceremonia de este sábado, 14 de marzo.

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Avilés Pérez era oriundo de Murcia, España, y fue sacerdote de la Sociedad de Jesucristo Sacerdote (SJS) por tres décadas.

Los asistentes llegaron solos y algunos en familia. Con lágrimas, los fieles hicieron una larga fila y se acercaron al féretro, que se colocó en el centro de la capilla, que fue decorada con flores.

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“Él era el sinónimo de paz, de alguien que reconfortaba y que nunca te dejaba caer”, dijo Nila Ortiz, quien se movilizó desde una de las urbanizaciones de la parroquia La Aurora.

Génesis López recordó que el padre Alfonso fue quien la hizo “volver a su fe” y recuperar su relación con sus padres.

El padre Lope Pascual (SJS), vicario de la parroquia San Alberto Magno, presidió la eucaristía, en la que primó el homenaje a la vida de Avilés.

“Celebramos la misa por el alma del padre Alfonso Avilés y el padre Pedro Anzoátegui, los dos se jugaron la vida por salvar la vida de otros dos jóvenes”, manifestó el sacerdote en la capilla dirigiéndose a los fieles.

Pascual recalcó a los asistentes que la muerte “es el reflejo de la vida de una persona”.

“Estos padres dieron su vida por salvar la de otras dos personas. (...) El padre Alfonso, toda su vida fue un intento de salvar el alma de las personas”, agregó durante la eucaristía.

Durante la misa se recordó su labor con las familias, con la recuperación de matrimonios y la devolución de la fe en muchos feligreses. “Los ejemplos serían incontables”, apuntó.

“Mi agradecimiento a Dios, porque nos concedió ese regalo, el de conocerlo. A todos nos hubiera gustado que el regalo hubiera durado más”, puntualizó el sacerdote, quien dijo que conocía a Avilés desde los 13 años.

Pascual recalcó a los asistentes que, como parte del legado de Avilés, lo que más le entusiasmaría sería que se siguiera su ejemplo, sus directrices.

“El único propósito de nuestra existencia en este mundo es el de ser santos y eso es lo que ansiaba el padre Alfonso (...) No hay mayor amor que el que da la vida por sus amigos”, subrayó.

Antes de su llegada a la parroquia San Alberto Magno ejerció también su ministerio como párroco de la parroquia Santa Teresita, en Entre Ríos, donde acompañó pastoralmente a la comunidad. Por ello, fieles de esa congregación acudieron también a las misas.

Desde 2017, como sacerdote de la parroquia San Alberto Magno impulsó iniciativas de catequesis familiar, adoración eucarística y formación de monaguillos. También promovió campañas de renovación y diversas actividades que integraron a toda la comunidad.

En esta se recuerda que Avilés organizó y animó grandes celebraciones de fe, como la procesión de Corpus Christi, aniversarios parroquiales, maratones de adoración, bodas comunitarias y encuentros culturales y deportivos.

En la misa de las 11:00 estuvieron presentes párrocos de otras parroquias, entre ellos el rector de la iglesia Catedral de Guayaquil.

A las 15:00 de este sábado está previsto que se realice la misa de exequias antes del traslado del cuerpo al Panteón Metropolitano en la vía a la costa. (I)