La promesa que terminó convirtiéndose en una experiencia de fe marcó a Marien Corozo, quien participó por primera vez en la vigilia en el santuario del Cristo del Consuelo, horas antes de la multitudinaria procesión que recorrerá las calles del suroeste.

A las 22:00 del jueves 2 de abril, junto con su pequeña hija de 5 años, caminó desde su casa, ubicada a pocas cuadras del templo, para ubicarse en una de las bancas y participar de los cánticos y la reflexión durante la noche.

La mujer de 35 años es oriunda de Borbor, localidad de Esmeraldas. En este 2026 prometió fortalecer su fe y asistir a actividades que le renueven el espíritu.

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“Le pedí a Dios que me ayudara con mi bebé y por eso decidí pagarle de esta manera”, cuenta. Su pedido es claro: “Salud, bienestar y que sea un Ecuador de paz”.

El ayuno y la renovación espiritual de Marien

Corozo llegó al santuario después de merendar. Poco antes de las 22:00 empezó el ayuno que lo mantendrá hasta que culmine la caminata de este Viernes Santo.

Durante la noche, asegura, no percibió nada fuera de lo habitual, más allá del recogimiento. “Algo muy lindo, escuchar, cambiar. Hoy siento que saldré renovada después de todo esto lleno de fe”, comenta.

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La experiencia, dice, la deja con un compromiso personal. “Sí, voy a hacer cambios en mi vida”, afirma, y menciona uno en particular: “Ser más devota del Cristo del Consuelo”.

Su vínculo con la fe se ha fortalecido con el tiempo, especialmente tras convertirse en madre. Tiene un hijo de 17 y una niña de 5 años.

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Para Marien, la experiencia no termina con la vigilia. Planea completar todo el recorrido religioso.

Guayaquil, 3 de Abril del 2026 Gran Guayaquil: Vigilias en el Cristo del Consuelo. Foto: José Beltrán/ EL UNIVERSO Foto: José Beltrán

Marcela retoma la tradición

Un poco más atrás, entre los fieles que avanzaban con imágenes y velas, estaba Marcela Chinchín, quien retomó la tradición después de tres años. Aunque ella no hizo la vigilia completa, acudió poco antes de las 03:00 de este viernes para tener su espacio de recogimiento y reflexión.

Regresar a la vigilia tuvo un significado especial en este año. “No hay nada más hermoso que estar en la casa de Dios porque encuentra una paz”, subraya.

Llevaba consigo una imagen que había permanecido guardada en casa durante años. Este es un Cristo crucificado que este viernes rodeó de velas y ramos con romero.

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“La imagen ya la tenía, pero no la había bendecido. Entonces dije: En la procesión la llevo”. También cargaba velas de distintos colores, cada una con un significado.

Más que pedir, asegura que llegó a agradecer. Sin embargo, también mantiene intenciones específicas: la salud de su madre, quien tiene problemas de la vista, y la de los padres de su esposo, uno de ellos con complicaciones hepáticas.

Aspira a completar el recorrido de más de dos kilómetros previsto para las 07:00 desde el santuario en Lizardo García. “Hasta donde Dios lo permita”. (I)