Una guardia puede empezar antes de que amanezca y terminar cuando las circunstancias lo necesiten. En ese tramo, que no siempre tiene pausas claras, se cruzan pacientes que llegan sin aviso, decisiones que se toman en equipo y médicos que, aun con años de ejercicio, vuelven a aprender.

Así transcurre la formación de posgrado de Medicina de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil en el hospital de especialidades Semedic, en La Aurora, donde quienes ya pasaron por internado, rural y consulta general entran a una etapa más exigente, más precisa y más cercana al paciente.

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Las jornadas no siguen un solo horario. Entre rotaciones, clases y guardias de 24 horas, cada día se reorganiza según el área en la que estén.

La médica Verónica Zapata, a cargo del grupo formado por 36 estudiantes, indicó que participan en todas las actividades asistenciales y académicas y que ese cumplimiento es parte de su formación. En ese esquema, los médicos en formación pasan por emergencia, hospitalización, consulta externa y cuidados críticos dentro de un proceso que exige constancia y presencia continua.

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Prácticas con tecnología ayudan a su desenvolvimiento con pacientes en el hospital.

En emergencia, el contacto es directo desde el inicio. José Vintimilla, de medicina interna, explicó que desde los primeros minutos participan en la valoración de los pacientes junto con un tutor.

“Estamos desde el abordaje inicial, en los pases de guardia, en hospitalización y también en quirófano cuando el caso lo requiere”, señaló.

En una jornada regular, dijo, pueden ver entre 15 y 20 pacientes, en un flujo que cambia a lo largo del día y obliga a sostener atención constante. Esa dinámica marca el ritmo del aprendizaje.

La exigencia no se queda en el hospital. Javier Flores, también en medicina interna, describió días que empiezan antes del amanecer. “A veces toca levantarse a las 04:00 para repasar temas. Luego vienes al hospital, haces la jornada asistencial o la guardia y después hay que seguir estudiando”, comentó. En su caso, la formación se divide entre atención, clases y análisis de casos. Recordó una guardia reciente en la que un paciente de 12 años requirió la intervención de varias especialidades. “Éramos varios médicos revisando el caso al mismo tiempo. Después lo volvimos a analizar para ver qué se hizo bien y qué se podía mejorar”, añadió. Esa revisión posterior forma parte del proceso.

Enfermería y médicos en formación coordinan atención en sala dentro de jornadas que combinan práctica y aprendizaje.

Para quienes vienen con menos tiempo de ejercicio, el cambio se percibe rápido. María Belén García, de cirugía general, llegó al posgrado poco después de terminar la rural. “El primer día estaba muy atenta, todo era nuevo. Ahora ya me acerco al paciente con más seguridad, siempre con el respaldo de los tutores”, sostuvo. En su experiencia, cada guardia deja una lección distinta. Recordó el caso de un niño con cortes profundos que fue atendido por varias áreas. “Ver a tantos especialistas trabajando juntos para resolver un mismo caso te enseña cómo funciona realmente la medicina”, dijo.

Ese trabajo compartido lo vive Luis Villavicencio, de cirugía general. En sus primeros meses participó en la atención de un paciente con trauma de tórax que permaneció varias semanas hospitalizado. “Fue un caso largo, con varias especialidades involucradas. Ver la evolución del paciente te hace entender que ningún caso se resuelve solo desde una área”, manifestó. Desde entonces, señaló, presta más atención al seguimiento posterior a la cirugía y al trabajo con otros equipos.

En ginecología, Rafael Vera pone el foco en la comunicación con el paciente. “Lo primero es explicar qué se va a hacer y por qué. Cuando el paciente entiende, el tratamiento avanza mejor”, indicó. Su primer día en el hospital lo llevó a una guardia en la que atendió un embarazo gemelar. “Fue directo a quirófano. Salieron dos bebés sanos. Son casos que uno recuerda porque marcan el inicio”, comentó. Para él, la especialización implica afinar decisiones y mantener un criterio claro en cada paso.

Durante las rotaciones, los médicos en formación participan en diferentes áreas, como emergencia y hospitalización.

En quirófano, la relación con el paciente tiene otro matiz. Elizabeth González, de anestesiología, explicó que su trabajo comienza antes de la cirugía. “Muchos pacientes llegan nerviosos. Hay que hablar con ellos, explicarles lo que va a pasar y transmitir seguridad”, señaló. Durante las guardias, el seguimiento se mantiene en cada etapa. “No es solo el momento de la cirugía. Es antes, durante y después”, agregó. Tras una jornada sin descanso, su rutina es simple: salir a comer algo, descansar y volver a estudiar los casos.

Pediatría introduce otra dinámica. Verónica Cedeño, de 34 años, puntualizó que el trato se extiende a toda la familia. “En pediatría trabajas con el niño, pero también con los padres. Hay que saber cómo hablarles y explicarles lo que ocurre”, añadió.

Recordó a un niño de casi 2 años que llegó con fiebre y vómito. “Los padres estaban nerviosos. Lo primero fue tranquilizarlos y explicarles de forma clara”, dijo. Su jornada no termina al salir del hospital. “Lo primero que hago es llamar a mis hijas. Están en Manta. Luego descanso y me preparo para el siguiente día”, comentó.

En todos los casos, la formación se construye en la práctica diaria. Entre guardias, clases y revisión de casos, los médicos ajustan su manera de atender, de decidir y de comunicarse. La especialización, en ese contexto, deja de ser un objetivo a futuro y se vuelve una rutina que se repite cada día, frente a pacientes distintos y en escenarios que obligan a actuar con rapidez y criterio. (I)

Simulación de atención permite a los posgradistas reforzar procedimientos antes de aplicarlos en pacientes reales.