Julie Tomé, de 37 años, lleva en Ecuador desde 2014. Ahora se dedica a ser profesora en una universidad, donde enseña sobre la realización de guiones de cine, y también emplea esos conocimientos con algunas productoras.
En esta época mundialista, la parisina junto con su hijo Amaru, de 6 años, gustan de disfrutar la fiesta y la emoción de ver a Francia.
Publicidad
En los primeros partidos de Ecuador compartió la visualización de los encuentros con amigos locales; y ahora, cuando el equipo europeo juega, lo hace con sus compatriotas. En caso de tener trabajo, como este miércoles, ella se mantiene al pendiente de las incidencias desde su celular.
Por su selección, principalmente acude con su hijo a la panadería Oh La La de unos amigos en Ayampe, una de las playas preferidas cuando tiene días libres. En ese balneario suelen compartir cervezas y pizza; aunque, como el horario de los partidos es de mañana o de tarde, mejor han variado por la degustación de panes franceses, como croissants. “Es un momento de compartir”, resalta.
Publicidad
“La emoción de estar juntos, esa adrenalina: es chévere. Tengo un hijo al que le encanta el fútbol, la época de Mundial. Me parece linda la fiesta que es; no me afecta tanto la vida, pero trato de ver los partidos”, comenta.
En su caso, como local, ella vivió la conquista de Francia en la copa en que fue anfitriona, en 1998; mientras que en el anterior Mundial lo hizo en este país sudamericano. En esa segunda ocasión, comenta que estuvo un poco frustada por observar el clímax de la fiesta desde lejos. Esta vez espera disfrutarlo nuevamente en el país con su hijo ecuatoriano-francés.
Por ese ambiente de fiesta, ella revela que le hubiera gustado que Ecuador avanzara más en el Mundial para poder disfrutar en el sitio que ahora la acoge a ella y a su hijo.
De estas tierras, la educadora resalta varios de los aspectos locales que le gustan, como la tradición de mantener cercanía con el círculo familiar, las costumbres de año nuevo de quemar los monigotes, la comida y la acogida de la gente. No obstante, el proceso de los trámites no le gusta, también comentó. Sobre la gastronomía, tiene gusto particular por el encocado, bollo y ceviche manabita con salsa de maní.
“Muchas cosas me gustan. Es un país que, como todos, tiene sus dificultades; no lo podemos negar; no existe un lugar en el mundo que no las tenga. Me encanta la gente cálida; es feliz, es muy positiva, trata siempre de ver el buen lado a las cosas. La mayor parte del tiempo siento eso: que la gente es más feliz”, dice la francesa, que gusta de barrios como Urdesa y Las Peñas, y además de espacios céntricos con restaurantes, como La Culata. (I)