En el número 303 de las calles Alcedo y Lorenzo de Garaicoa, en pleno centro de Guayaquil, el sonido de las máquinas de coser cuero y el olor a pegamento se mezclan con expedientes judiciales que reposan en un escritorio.

Allí trabaja José Antonio Peralta Reynoso, un artesano del calzado de 63 años que, además, es abogado en libre ejercicio. Dos profesiones que supo llevar en paralelo durante décadas.

“Soy artesano del calzado y, aparte de eso, soy abogado. He ejercido ambas profesiones al mismo tiempo, aunque la que más me apasiona es ser artesano del calzado”, contó mientras revisaba un par de zapatos escolares recién reparados. Lleva 40 años dedicado a esta labor que, aseguró, le ha dado todo en la vida.

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La herencia familiar y el crecimiento del taller

La historia comenzó cuando apenas era un joven. Recordó que empezó a reparar calzado entre los 18 y 20 años, guiado por su padre, quien le enseñó cada detalle del oficio. “Es herencia de mi familia”, afirmó.

Aprendió observando, obedeciendo indicaciones y perfeccionando la técnica con la práctica diaria. Con el tiempo, adquirió el taller donde hoy trabaja, hace más de 30 años, y desde entonces se ha mantenido en ese mismo punto.

Aunque abrió otros locales, no todos prosperaron. Explicó que la economía en el seno de su familia atravesó años complejos y que algunos talleres tuvieron que cerrar. Sin embargo, el negocio principal se ha mantenido firme.

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El sustento familiar y la rutina de un doble oficio

Peralta tiene tres hijos, todos graduados. Señaló que la artesanía fue el sustento que les permitió acceder a la educación superior, adquirir una vivienda y mantener una vida estable. “Nos ha dado todo lo que tenemos: la casita, el negocio y vivimos tranquilos, con comodidad”, resumió.

Su rutina ha sido exigente. Durante años trabajó en el taller desde las 08:00 hasta las 18:00. Antes extendía la jornada hasta las 20:00, pero decidió reducir el horario por seguridad. “A las 18:00 esto ya se vuelve vacío y lo que más cruzan son ladrones. Por eso cerramos a esa hora”, explicó.

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El ejercicio del derecho lo organiza en las mañanas. “Voy a dar una vuelta para ver qué pasa con los juicios y el resto del día lo paso aquí”, comentó.

Se graduó como abogado hace aproximadamente 20 años. Estudió en horario nocturno: salía del taller a las 18:00 y se dirigía a la universidad, mientras sus hijos quedaban encargados de cerrar el local.

Temporada alta y especialización en reparaciones

El taller funciona con cinco personas: dos familiares y tres empleados. La temporada escolar es, sin duda, la más fuerte del año, junto con el cierre de año. “Cuando entran a clases, los padres cosen y arreglan los zapatos para que los niños regresen al colegio. Ahí hay un 40 o 50 % más de trabajo”, detalló.

En los meses de marzo y abril estimó que pueden reparar entre 1.000 y 1.500 pares, e incluso proyectar hasta 2.000. En días de mayor demanda llegan a atender cerca de 150 pares diarios.

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No fabrican calzado nuevo; se especializan en reparación y costura. Los precios varían según el daño y el tipo de intervención que requiera cada par. El precio más alto llega a los $ 3, mientras que el más bajo ronda por $ 1,50.

El futuro del oficio y la importancia del respaldo

A pesar de los años, Peralta mantiene la ilusión de que sus hijos conserven la tradición familiar, aunque no impone el camino. “Quisiera que aprendan, pero también que sean profesionales en lo que les guste”, dijo.

Una de sus hijas estudia Diseño de Interiores; otro analiza la posibilidad de irse al extranjero, una opción que, contó, muchos jóvenes contemplan actualmente.

Defendió la vigencia del oficio y lamentó la falta de respaldo institucional. Señaló que se forman nuevos artesanos, pero que no existe suficiente apoyo de entidades estatales o municipales para fortalecer estos emprendimientos y evitar que desaparezcan.

Para él aprender un oficio nunca será un error. Considera que incluso los profesionales pueden atravesar dificultades económicas y que dominar una actividad manual puede convertirse en un respaldo para sostener a la familia. (I)