Las maletas empiezan a aparecer en fila desde las puertas de desembarque de la terminal terrestre de Guayaquil, donde este domingo, 3 de mayo, el feriado por el Día del Trabajador entra en su cierre con la llegada de pasajeros que disfrutaron de estos días de descanso.

Familias completas, grupos de jóvenes y parejas avanzan entre andenes con fundas, mochilas y bolsos, muchos todavía con el rastro del sol en la piel.

Los viajeros contaron que adelantaron su arribo para evitar contratiempos o congestionamientos que puedan generar problemas para cumplir con el horario de toque de queda, vigente desde las 23:00 de este domingo, 3 de mayo.

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En este feriado se preveía la movilización de 311.000 usuarios en las tres terminales terrestres de Guayaquil. Desde la estación matriz se transportarían 248.365 pasajeros, 31.966 de la terminal Costa y 30.825 de Pascuales.

Desde los buses que llegan desde la Península, los pasajeros bajan cargando equipaje y organizándose para salir a sus hogares después de disfrutar del feriado. Entre ellos está Verónica Pinto, quien retorna junto con su familia luego de pasar varios días entre Salinas y La Libertad.

Cuenta que salieron en la tarde del miércoles pasado, un día antes del feriado largo, viajaron en la cooperativa Libertad Peninsular. En esa misma se da su regreso. Llegan con varias maletas y una sonrisa. Eran cinco en total, incluidos niños que todavía mostraban el efecto de la playa en el rostro.

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“Nos fuimos a pasar el feriado allá, a Salinas y La Libertad, aprovechando que teníamos casa allá”, comenta mientras acomoda el equipaje.

En general fue algo muy relajado para ellos. Cuentan que por la mañana salían a la orilla, caminaban en el mar, comían algo y regresaban. En otros momentos se quedaban en casa, compartiendo con parientes que también viajaron de diferentes ciudades, como Quevedo. “Era estar allá, tranquilos, salir un rato y luego volver”, explica.

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El gasto, dice, fue medido. “Más o menos unos $ 150 o $ 200 entre todos”, señala, al explicar que el hecho de contar con alojamiento les permitió controlar los costos y destinar el dinero a comida y salidas cortas a bares y discotecas en la zona.

Con dos niñas a su lado, que ya estaban listas para el ciclo escolar, señala: “Ellas ya habían empezado, pero igual nos dimos este tiempo”. “El feriado fue una pausa breve. Ni bien volvieron y ya se fueron de viaje, ya quisiera yo haber tenido esos descansos en el colegio”, añade risueña.

A pocos metros, en otro andén, llegaba la familia Castro, que regresaba desde Engabao y organizaba sus pertenencias antes de salir de la terminal. Su recorrido empezó en Playas, donde pasaron algunas horas, y luego decidieron trasladarse hacia una zona más tranquila. El retorno lo hicieron en la cooperativa Villamil.

El plan inicial era volver el sábado 2 de mayo, pero cambiaron de opinión. “Íbamos a regresar ayer, pero como era feriado nos quedamos un día más”, comenta César Castro, mientras espera a que el resto del grupo baje del bus.

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En Playas, aprovecharon las actividades en el mar. Los más jóvenes insistieron en participar en los juegos acuáticos. “Querían subirse a la banana, meterse al agua”, cuentan. La cantidad de visitantes influyó en su siguiente decisión. “Había bastante gente, entonces nos movimos”, explican.

La familia se reunió completamente en Engabao y organizó una parrillada. Pasaron varias horas juntos, entre comida y conversación. “Ahí ya fue más tranquilo, más en familia”, dicen.

Así es como en la terminal se siguen viendo personas que llegan con el cuerpo cansado, pero con experiencias en la playa y las muestras de un sol que no pidió perdón a sus visitantes. (I)