El camino de Gabriela Morales empezó hace poco más de cuatro años. Su hijo mayor, que ahora tiene 6 años, mostró comportamientos diferentes desde su primer año de vida.

Lloraba desconsoladamente, no señalaba objetos cuando requería algo y tampoco enunciaba palabras. Eso llevó a Morales a buscar respuesta en especialistas.

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Aunque su hijo no tiene un diagnóstico de autismo, la madre de familia acude a actividades y busca información constantemente sobre este cuadro. Este sábado, 11 de abril, por ejemplo, participó en una feria que se realizó en el Malecón 2000, en el marco del Mes Mundial del Autismo.

“Es siempre bueno encontrar estos espacios”, dijo Morales.

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Yolanda Haro es cuidadora de un pequeño de 8 años. Hace cuatro años transitó junto con la familia el camino hacia el diagnóstico de autismo.

“Fue difícil, porque fue como el nacimiento de un bebé. Él ya tenía 4 años, pero después del diagnóstico fue como empezar de cero, haciendo cambios. Cuatro años después podemos decir que hemos avanzado y que sí, se puede convivir con niños con autismo. Uno debe ser siempre empático; uno debe llenarlos de amor y seguir impulsando espacios para ellos”, comentó.

En esa línea, el Centro Integral UPA organizó este sábado por quinto año su feria para hablar del autismo y educar a las familias. Jazmín Bastidas, psicóloga clínica y parte del centro, dijo que lo que empezó en 2021, en plena pandemia y ante la falta de espacios para hablar de autismo, hoy reúne a decenas de familias en Guayaquil.

Este sábado se realizó la feria en el Malecón 2000.

“Creamos este espacio para que las familias puedan encontrarse y sentirse acompañadas”, explica Bastidas.

El objetivo responde a una realidad frecuente. “Llegan sin sentirse acompañadas, pero aquí se dan cuenta de que hay muchas familias pasando por lo mismo”, señala.

En la explanada del Cinema Malecón se colocaron carpas para que los niños puedan realizar actividades lúdicas.

Visibilizar, acompañar y aceptar el diagnóstico de autismo

Más allá del evento, Bastidas insiste en que el reto no es solo visibilizar el autismo, sino acompañarlo. “Antes se decía: ‘Mira el autismo’. Ahora ya se lo ve más, pero lo que pedimos es que no solo lo miren, sino que acompañen”, relata.

En ese proceso, la aceptación del diagnóstico sigue siendo uno de los mayores desafíos. También advierte sobre diagnósticos apresurados, pues asegura que la neurodivergencia es amplia. “No todo es autismo, aunque haya rasgos parecidos”, cita.

Actualmente, el Centro UPA atiende a cerca de 90 niños y adolescentes, con un enfoque particular que es la atención y acompañamiento para los padres.

Durante el encuentro de este sábado, además, participan otras organizaciones, ampliando la red de apoyo. Pero el mayor impacto, según Bastidas, ocurre entre los propios asistentes: “Se conocen, se hacen amigos y se dan cuenta de que hay alguien más como ellos. Eso hace todo más llevadero”, puntualiza. (I)