A las 21:00 de este sábado, 16 de mayo, sobre la calle Los Ríos, en el centro de Guayaquil, empleados agitaban franelas para llamar a los conductores y guiarlos hacia los cangrejales de la zona. El movimiento seguía activo pese a que faltaban pocas horas para el cierre por el toque de queda.

En las veredas de la zona del centro porteño había motocicletas estacionadas. Dentro de los locales, familias compartían cangrejos mientras sonaba música en vivo desde pequeños escenarios improvisados. Algunos cantantes recorrían las mesas interpretando canciones para los clientes.

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En uno de los establecimientos, varias personas se levantaban de sus asientos luego que terminara el partido entre Barcelona y Aucas, transmitido en pantalla gigante. Otras seguían conversando y compartiendo bebidas mientras avanzaba la noche.

El ambiente variaba según el negocio. Algunos locales lucían llenos y con clientes esperando mesa. En otros, los empleados ya recogían las sillas y limpiaban las áreas vacías para adelantar el cierre antes del toque de queda.

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Afuera de varios cangrejales reposaban planchas cargadas de cangrejos. Los trabajadores las ingresaban al local mientras se abastecían para la jornada del domingo. Muchos negocios comenzaron a abrir hasta dos horas antes para intentar compensar las restricciones nocturnas.

Mientras algunos clientes terminaban sus platos y otros pedían órdenes para llevar, varios comerciantes coincidían en algo: esperan que el cierre de esta etapa y los resultados obtenidos en las operaciones permitan recuperar poco a poco el movimiento nocturno en la ciudad.

El toque de queda dispuesto por el presidente Daniel Noboa concluirá a las 05:00 de este lunes, 18 de mayo, tras quince días de vigencia en nueve provincias y cuatro cantones priorizados. Según el Gobierno, la medida buscó contener la violencia vinculada a organizaciones criminales y fortalecer los operativos de seguridad.

Durante ese periodo se ejecutaron allanamientos y detenciones en distintos puntos del país. El ministro del Interior, John Reimberg, aseguró que no habrá una nueva extensión después del feriado por la batalla del Pichincha, aunque los controles y operativos continuarán.

El periodo del toque de queda se definió del 3 al 18 de mayo en horario de 23:00 a 05:00 en Guayas, así como en otras ocho provincias y cuatro cantones.

Esta medida se aplicó por segunda vez con el fin de realizar intervenciones especiales contra operaciones y economías de grupos delictivos.

Personas compartían en familia y entre amigos durante la noche del sábado en cangrejales. Foto: José Beltrán

Álex Calberto, trabajador del cangrejal Cangrejón de Javier, explicó que durante las semanas del toque de queda tuvieron que reorganizar los horarios y reducir las jornadas laborales entre el personal.

“Nos hemos tenido que ajustar en los horarios y el presupuesto. Los trabajadores no han tenido la misma regularidad y se los ha ido turnando para que todos puedan trabajar algunos días”, comentó.

También señaló que el negocio adelantó su apertura. Antes atendían desde el mediodía, pero ahora comenzaron operaciones desde las 10:00 para aprovechar el movimiento de la mañana y la tarde.

Según Calberto, el horario nocturno era el más fuerte para los cangrejales de la avenida. Contó que antes trabajaban hasta la 01:00 o las 02:00, pero durante la restricción han tenido que dejar de atender entre las 21:30 y las 22:00.

Regularmente, este local tenía mayor movimiento desde las 18:00. Para atraer clientes y compensar esa situación de menos horas de trabajo, explicó que implementaron promociones, combos y descuentos difundidos en redes sociales. Aseguró que las ofertas ayudaron a mantener el movimiento durante el último sábado de restricciones.

Calberto consideró que, en caso de repetirse una medida similar, el horario podría comenzar más tarde. “Sería mejor que el toque de queda arrancara desde la medianoche para tener más tiempo de trabajo”, expresó.

En el cangrejal HLH Dos Hermanos, Milton Campuzano coincidió en que el horario redujo las horas de venta, aunque señaló que había ciudadanos que ya habían cambiado las costumbres de los clientes incluso antes del decreto por diversos factores, como la seguridad.

“La gente ya no sale como antes. Muchos prefieren quedarse en casa”, manifestó.

Campuzano indicó que ahora abren a las 09:00 para captar clientes durante el día. Aun así, sostuvo que los gastos fijos continúan siendo los mismos pese a trabajar menos horas.

“El arriendo, la luz y el internet siguen igual. El personal cobra lo mismo y nosotros trabajamos menos tiempo”, expresó.

También sugirió que las futuras restricciones se enfoquen en la madrugada y no desde las primeras horas de la noche. Según dijo, muchas personas salen de sus trabajos después de las 21:00 y ya no alcanzan a permanecer en restaurantes o bares.

Entre los comerciantes se espera que las medidas aplicadas sirvan para que a mediano plazo se perciba más seguridad, ya que justamente ha habido una baja de los índices delictivos y de las muertes violentas.

Andreína Cordero, propietaria de Custicrabs, comentó que la mayoría de sus clientes acostumbraba a llegar tarde. Contó que antes podía atender hasta pasada la medianoche, pero ahora empieza a cerrar desde las 21:00.

“Muchos clientes llaman para pedir comida para llevar porque prefieren no quedarse afuera”, relató.

En este negocio optaron por bajar los precios y adelantar los horarios de apertura para sostener las ventas.

En la misma avenida, Susana Ochoa, propietaria de un local de hamburguesas, expuso que esperan con expectativas el fin de la medida para retomar su rutina habitual. (I)