El día empieza antes de que el hospital esté completamente en marcha. Hay reportes que revisar, cifras que contrastar, nombres que ubicar dentro de un turno que ya viene en curso desde la noche.
En una pantalla o en un mensaje se resume lo ocurrido en las últimas horas. Detrás de toda esa coordinación está siempre alguien que maneja la carga sin descanso.
Publicidad
Ella es Marlene Morán Muñoz, licenciada en Enfermería con tres décadas de ejercicio profesional, quien actualmente dirige el departamento de enfermería del Hospital de Especialidades Alfredo G. Paulson, en Guayaquil.
Desde esa posición tiene a cargo a más de 300 personas entre licenciadas y auxiliares, distribuidas en hospitalización, consulta externa, áreas de apoyo, laboratorio, imágenes y servicios que sostienen la atención diaria. Hoy, 12 de mayo, se recuerda el Día Internacional de la Enfermería.
Publicidad
Su rol no se limita a la supervisión administrativa. Incluye la observación directa del trabajo en campo, el control de procesos y la toma de decisiones inmediatas cuando algo se altera en la atención.
Orígenes y la vocación por la enfermería
Antes de ocupar ese cargo, su historia empezó lejos de esos pasillos. Nació en el recinto La Carmela, en Baba, provincia de Los Ríos, y se trasladó a Guayaquil para estudiar Enfermería en la Universidad de Guayaquil. Ese paso implicó dejar su entorno, adaptarse a una ciudad que no conocía y enfrentar limitaciones económicas.
“No es fácil venir sin tener un familiar que lo reciba, no conocer la ciudad. Hay momentos en los que no tienes un lugar donde descansar y te quedas en una banca de la universidad”, relató. En esos años, indicó, el respaldo familiar fue determinante para continuar. “Cuando uno cuenta con una familia que tiene mucha esperanza en uno, uno no quiere defraudar”.
La decisión de estudiar Enfermería tuvo un origen claro. En su familia había antecedentes de alzhéimer y desde joven observó el deterioro de sus familiares. “Tenía que prepararme; tenía que buscar esa parte científica que pueda ayudar a mi familia”, sostuvo.
Años después, su padre también desarrolló la enfermedad. “Pude darle todas las directrices a mi familia, porque yo conocía los cuidados principales”, explicó.
Su formación incluyó largas horas de estudio y prácticas exigentes. Recordó que durante la carrera muchos compañeros abandonaron. “Uno va quedando. Seis personas se van quedando en el camino, porque es una carrera fuerte”, dijo. Aun así, decidió continuar. “Siempre quise tener una profesión. Ese era mi sueño”, afirmó.
Primeros pasos en la Clínica Kennedy y trasplantes complejos
Sus primeras experiencias profesionales fueron en la Clínica Kennedy, donde realizó pasantías como estudiante destacada y luego fue contratada. Allí empezó a tener contacto con procedimientos complejos y con una exigencia que, según dijo, no siempre se aprende en la universidad. “Las instituciones privadas son más estrictas. Eso me ayudó mucho en mi formación”, indicó.
En esa etapa participó en cuidados posteriores a cirugías de alta complejidad y en procesos vinculados a trasplantes. Recordó uno de sus primeros casos tras un trasplante de corazón. “Eran tantos cables, tantas cosas, que uno tenía temor, pero el paciente estaba vivo”, señaló. También intervino en trasplantes renales y de médula, donde el seguimiento requería protocolos estrictos. “Nos volvíamos prácticamente estériles por la vestimenta. Todo era muy controlado”, explicó.
Trayectoria en el Hospital Luis Vernaza
Con el tiempo, su trayectoria continuó en el Hospital Luis Vernaza, donde asumió funciones asistenciales, luego jefaturas y posteriormente roles de coordinación y auditoría. Durante varios años trabajó en revisión de procesos y en la implementación de estándares de calidad.
En 2019, cuando se reorganizaron los servicios por la pandemia, pasó al área de emergencia para la atención de pacientes con COVID-19. “Ese cambio fue directo, a la recepción del paciente”, recordó.
Durante ese periodo, explicó que reforzó sus medidas de protección y revisó constantemente información adicional a las guías oficiales. “Yo buscaba otras alternativas, cómo cuidarme desde otro punto de vista”, dijo.
Tras esa etapa, asumió la jefatura de enfermería del Hospital Luis Vernaza, donde tuvo a su cargo la gestión integral del personal en ese centro. Posteriormente, se integró al Hospital de Especialidades Alfredo G. Paulson, donde continúa en funciones similares.
Liderazgo y formación de nuevas generaciones
En su actual cargo, la organización del personal es una de las tareas centrales. Recibe información de ocho coordinadores de enfermería, distribuidos en turnos, y evalúa la dotación frente a la carga de pacientes. “Si alguien se siente mal o tiene un permiso, tiene que avisar con anticipación para poder cubrir el turno”, explicó.
La supervisión incluye también áreas específicas, como ginecología, donde se registran partos durante la madrugada. “Esa parte me preocupa, porque a veces los niños no salen bien y hay que trasladarlos”, indicó.
Además del trabajo asistencial, ha mantenido vínculos con la docencia a través de convenios con instituciones de educación superior, aunque actualmente no ejerce como docente de forma directa. Su enfoque, señaló, está en formar nuevos profesionales dentro del mismo hospital. “Hay un momento en que uno tiene que formar gente para que sean otras Marlenes”, expresó.
La esencia de la enfermería
Al referirse al significado de su profesión, Morán insistió en que la enfermería implica preparación técnica y condiciones personales específicas. “Somos una herramienta, un todo. Usted no sabe con qué paciente se va a encontrar. Tiene que estar lista”, afirmó.
También hizo énfasis en la relación con el paciente. “El paciente con nosotros comparte su intimidad. Si yo tengo que hacer un procedimiento invasivo, usted me está permitiendo ver su cuerpo. Eso requiere respeto”, señaló.
Para quienes buscan seguir la misma carrera, indicó que no basta con el interés inicial. “Tienen que amar la profesión, darse su tiempo, tener disciplina”, manifestó. Y agregó una condición que considera fundamental: “Una enfermera sin humildad no puede ser enfermera”.
Al revisar su trayectoria, desde un recinto rural en Los Ríos hasta la dirección de enfermería en un hospital de especialidades en Guayaquil, Morán resumió su recorrido en la constancia y en el cumplimiento de un objetivo personal. “Yo siempre muy contenta porque sí cumplí lo que le prometí a mi familia”, concluyó. (I)