El aroma del café recién servido y el murmullo de las familias llenaron el ambiente de cafeterías durante las primeras horas de este domingo, en la celebración del Día de la Madre.
Mesas llenas y filas afuera de los locales se observaron desde temprano en zonas de Urdesa y centro de Guayaquil. Más allá de tomar esta comida del día para celebrar, algunas familias optaron por este plan como el arranque de una jornada dedicada a las madres.
Hasta Boncibo, en Urdesa central, Walter García se movilizó con su esposa, Grace, y sus dos hijos para festejar a la “reina de la casa”.
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“Ella pidió estar aquí y aquí estamos”, contó García, quien tiene 36 años de matrimonio con Grace, a quien celebraron este domingo.
En ese día, la madre de familia resaltó que en “lo sencillo está lo más bonito”.
Mientras hablaba, sus hijos permanecían cerca, atentos y sonriendo. “Lo más bello de este día es saber que ellos están conmigo”, decía Grace mientras sonreía a sus hijos.
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Su esposo explicó que habían llegado temprano para ganarle tiempo al reloj y a las filas que se forman por la celebración.
Gladys Murillo, quien llegó desde Mucho Lote 2 también a esta cafetería, dijo que dividirá la celebración entre sus cuatro hijos. “Mis hijas fueron las primeras en preguntarme qué quería para hoy”, contó.
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Gladys dice que el mensaje a las madres en este día es sencillo: “Que tengamos un bonito día y que disfruten las que todavía tienen a sus mamás”.
En otro punto de la ciudad, en el local El Divino Encebollado, la mañana seguía avanzando y las mesas continuaban llenándose.
Algunas familias terminaban su platillo mientras otras recién llegaban, listas para iniciar su propio recorrido.
Pasadas las 09:00, Noemí Salas llegó con su esposo e hijos para compartir el desayuno, la primera actividad en su día.
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“Agradecida por mis hijos, por mi esposo, por tener a mi mamá todavía con nosotros y poder compartir también con mi suegra”, dijo.
Su esposo, Richard Fernández, dijo que este domingo un itinerario les esperaba. El desayuno era apenas la primera parada de una agenda que avanzaría de casa en casa, entre abrazos, saludos y regalos de último minuto.
“De aquí vamos a la casa de mis padres y luego a visitar a nuestras madres. Y por ahí también a buscar algún regalo que los hijos todavía no les han dado”, comentó.
Para Noemí, no hacía falta nada más elaborado. El verdadero obsequio era la compañía de todos en una mesa.
“Están chiquitos todavía y pueden disfrutar conmigo”, manifestó.
En la calle Panamá, otro punto gastronómico de la ciudad, el movimiento también dinamizó los locales desde temprano. Las familias llegaron para disfrutar de platillos elaborados con verde, con mariscos e incluso antojos dulces.
“Todo para celebrar temprano y más tarde quizá algo más, pero ya en casa con la familia pequeña, algo más íntimo y solo con los niños”, mencionó Carlos Brito, quien se trasladó desde el sur de la ciudad hasta este punto del centro en las primeras horas de este domingo. (I)





