Ecuador enfrenta la mayor ola de hospitalizaciones por el COVID-19 en lo que va del 2021. Hasta el jueves, 22 de abril, el Ministerio de Salud Pública (MSP) reportó 1.986 pacientes ingresados a nivel nacional: 1.350 están estables, pero 636 tienen pronóstico reservado. El alto costo de las pruebas y también el de las medicinas inciden en el repunte de casos de personas que requieren cuidados intensivos en las redes de salud pública y privada, donde la ocupación llegó ya al 100%.

Julieta Macías, jubilada de 77 años de edad, es una de esas pacientes que este mes engrosan las cifras que evidencian la crisis sanitaria. Ella ingresó al hospital del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) Teodoro Maldonado Carbo el pasado 15 de abril. Antes de eso, su familia gastó $ 520 en comprar un tanque de oxígeno que le ayudaba a respirar en casa, hasta que ya no pudo más y requirió hospitalización.

En casa quedó una receta que incluía once medicamentos y equipos para colocación de sueros comprados en $ 242, luego de que una radiografía ($ 120) y una prueba de hisopado PCR ($ 85) confirmaran su resultado positivo. Otros $ 120 se pagaron a una ambulancia particular para llevarla al hospital del IESS, en el sur de Guayaquil. En total: $ 1.087 desembolsados en pocos días, equivalente a tres veces su pensión jubilar.

Su caso, como el de miles de pacientes, empezó como una gripe a la que no le prestó mayor atención hasta que al cabo de cuatro días de los primeros síntomas se agravó en su casa, en Sauces 8. Su pronóstico, dos semanas después de estar hospitalizada, es reservado y está a la espera de una cama en cuidados intensivos.

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Familiares de pacientes COVID-19 esperan noticias en exteriores de la carpa ubicada en el hospital Teodoro Maldonado Carbo. Foto: Jorge Guzmán

Ricardo Soto, coordinador de áreas críticas del Teodoro Maldonado, confirma que no hay espacio para más ingresos allí, donde a inicios de la semana pasada, en una carpa equipada en el exterior, había 21 pacientes a la espera de una cama en cuidados intermedios o intensivos. “Aparte de las de aquí, en todo lo que constituye como IESS a nivel de la ciudad, aproximadamente hay otros 50 pacientes en espera de una cama en forma general”.

Aun así, a esa casa de salud continuaban llegando a diario decenas de pacientes en busca de atención, mientras familiares pasan afuera esperando noticias de los internados. La situación se repite en otros hospitales públicos y clínicas privadas de la ciudad.

El médico infectólogo Carlos Cervantes dice que no existe un tratamiento definitivo para esta enfermedad, que dura al menos dos semanas, y que los especialistas en salud saben que solo deben tratar los síntomas, que no son iguales en cada paciente. Por eso, las recetas y sus costos no son iguales en ningún caso.

“Si se produce una neumonía por COVID, allí viene el problema”, advierte el doctor Cervantes, porque el médico en ese caso debe dar un tratamiento de soporte, de ayuda al paciente, con corticoides, anticoagulantes y oxigenoterapia.

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Por su parte, el médico Jorge Luis Portes, que atiende pacientes COVID-19 en domicilios en Guayaquil y Daule, explica que en su receta incluye corticosteroides, antibióticos, sodificantes y vitaminas. La receta de estos medicamentos fluctúa entre $ 200 y $ 300 para un tratamiento de diez días.

“Aparte hay que agregar el valor de las terapias respiratorias que se realizan a pacientes moderados. Allí son $ 30 por terapia y se necesitan algunas, eso depende de cada paciente”, indica Portes.

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Casos de coronavirus en Ecuador, el jueves 22 de abril: 365.393 confirmados, 17.965 fallecidos y 179.292 vacunados, precisó la cartera sanitaria en su parte oficial diario. EFE/José Jácome/Archivo Foto: EFE

Yessenia Pincay cuenta que en el tratamiento de su esposo se gastó algo más de $ 600. “La primera semana la pasó con síntomas leves como tos y fiebre. De allí le mandaron paracetamol, ibuprofeno y codipront para la tos. Se puso un suero de vitaminas, llegó el día 9 y se puso crítico con la tos que no lo dejaba respirar bien, y comenzó a tomar fluimucil, buprex, vitamina C, complejo B, vitamina D3 y adicionalmente tres sueros más”.

Por fortuna, no necesitó ir al hospital, pero los gastos incluyeron la visita de dos médicos a su casa, donde pudo recuperarse.

El doctor Juan Muñoz señala que primero se debe evaluar al paciente para conocer cómo evoluciona la enfermedad y que de acuerdo con el estudio se podrá determinar si el enfermo necesita una dosis alta o moderada.

De allí la importancia de acudir al médico, recalca Muñoz. “Hacemos un llamado a que los pacientes no se automediquen porque con tantas medicinas que pueden haber ingerido previamente, sin diagnóstico médico, sin duda se complicaría su cuadro. La enfermedad es muy agresiva si no se lleva un control adecuado”.

Según la Mesa Técnica de Salud del Municipio de Guayaquil, el promedio de 30 muertos a diario confirmados por COVID-19 se mantiene en la urbe. Y la lista de espera de pacientes graves por una cama en UCI supera los 80 en la ciudad.

De acuerdo con médicos y familiares de pacientes el costo para hacerse las pruebas en los laboratorios privados es alto (igual que las medicinas), sobre todo para la PCR (hisopado neofaríngeo), test oficial que maneja el Ministerio de Salud Pública (MSP) para el registro de casos.

Por eso, el doctor Javier Flores cree que es preferible enfocarse en las pruebas, porque en cuanto a la medicación para el COVID aún no hay nada claro de parte de la Organización Mundial de la Salud.

“En etapas iniciales se trata el COVID como una gripe común: antipiréticos (para disminuir la fiebre), analgésicos, hidratación. En esta etapa no es tan caro el tratamiento, pero debe ser descubierta la enfermedad a tiempo, por eso es importante la prueba”, dice Flores.

“La cosa se complica para los pacientes hospitalarios o en camas de UCI en clínicas privadas que gastan de 2.000 a 4.000 dólares por día, sobre todo por la falta de control del Estado en la venta de terceros de medicamentos como la Tocilizumab (Actemra) que cuesta $ 350 oficialmente, pero que la venden hasta en mil dólares cada ampolla y hay pacientes que necesitan entre dos y seis inyecciones de ese medicamento”, agrega el especialista.

Flores recomienda que se hagan más pruebas gratuitas por parte del Estado y que se promocione, en la parte de la salud, que se espere al menos cinco días después de un contacto sospechoso para hacerse las pruebas PCR, a las que recién las autoridades les han puesto un techo en cuanto a su costo.

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Se deben tener en cuenta dos cosas, dice el doctor Flores, citando lo que la OMS llama “estrategia de acuerdo con los síntomas”: que pasen dos semanas desde el primer día de los síntomas. O que, ya sin uso de medicación, el paciente haya pasado diez días sin presentar síntomas.

Pero en los hospitales y centros de salud públicos, el acceso a esas pruebas es difícil, pues solo las hacen a quienes están ya con síntomas intensos. Por eso, entre los principales motivos para no hacerse una prueba PCR está el factor económico.

En exteriores del hospital Bicentenario decenas de pacientes con sospecha de COVID-19 -con síntomas leves- esperaban su turno para ser valorados. Foto: José Beltrán

Jacinta Zamora tiene ingresada a su madre en el Hospital General del Guasmo Sur, pero allí no hay todas las medicinas que su progenitora necesita y la familia debe comprarlas por su cuenta. “Primero no había una cama para ella, y ahora no hay lo que los médicos le piden. Estamos gastando $ 250 diarios en unas inyecciones para poder atender a mi madre”.

Jhonny Real, exdirector de Vigilancia de la Salud Pública del MSP, es consciente de que “no hay circulante y las familias gastan primero en la medicina para tratar lo urgente”. Dice que la necesidad de saber si alguien tiene el virus lo hace optar por las pruebas de antígeno y hasta por las rápidas, porque son más baratas que las PCR, pero no certeras”.

Real dice que ante este nuevo aumento de casos es fundamental mejorar la detección por la PCR, considerada como la prueba de oro por su diagnóstico-seguimiento vírico y porque permite también un seguimiento genómico del virus, situación que toma importancia con las nuevas mutaciones del SARS-CoV-2 como la brasileña P1, que ya tenemos en Ecuador.

“Para tomar decisiones de vigilancia y control es necesario saber dónde están los casos positivos. Se debe testear más a la población para la vigilancia epidemiológica, por eso se viven estos escenarios de repuntes, porque no se está controlando como debe de ser... debe haber inversión para hacer vigilancia virológica y genómica en este momento de la pandemia”, pide el médico epidemiólogo.

Área de atención a pacientes COVID-19 en el hospital Luis Vernaza. Foto: Cortesía del hospital Luis Vernaza.

José Luis Vergara, médico coordinador de UCI del hospital Luis Vernaza, informa que allí tienen 90 camas en UCI y que todas están ocupadas; hay otras 50 camas de hospitalización para pacientes de COVID-19, todas ocupadas también.

“Aquí, cama que se desocupa, cama que se ocupa, no hay disponibilidad permanente. Eso pasa aquí y en todas las unidades. Históricamente, las camas en UCI no han sido suficientes, siempre han estado ocupadas; pero ¿qué pasa ahora?, que ahora todas están siendo ocupadas por pacientes de COVID-19 y eso complica el resto de emergencias″.

Según médicos y gerentes de varios centros médicos consultados, si el número de pacientes que requieren hospitalización no se reduce, en menos de tres semanas el sistema de salud no tendrá cómo responder adecuadamente. Adoptar estrictamente el distanciamiento, cumplir con el confinamiento y las normas de bioseguridad será la clave para reducir la nueva ola de hospitalización y de muertes por COVID. (I)