El agua avanza en oleadas que levantan a los niños por segundos y los devuelven entre gritos y carcajadas, mientras corren de nuevo hacia el mismo punto para esperar la siguiente ola, sin querer salir, con el sol cayendo directamente sobre la piel y obligando a muchos a quedarse dentro el mayor tiempo posible.
Es el ambiente en la piscina de olas del Batallón del Suburbio, en el suroeste de Guayaquil. Allí, familias completas se reparten alrededor, siguiendo de cerca a los menores, que no dejan de moverse.
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En los bordes, algunos se sostienen de la orilla mirando hacia adentro, otros llaman a sus hijos entre risas, y los salvavidas intervienen con silbatos cuando alguien intenta avanzar más allá de lo permitido, en un control constante que se repite cada vez que el movimiento del agua concentra a varios en una misma zona, generando empujones suaves, saltos y juegos que no se detienen.
Diana Calderón permanece sentada, con la mirada fija en el grupo de niñas que acompaña, quienes entran y salen del agua en conjunto, sin separarse.
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“Vine a sacar a unas amiguitas, que la mamá me dijo que las trajera, es la primera vez que vengo y está muy bonito, más que todo porque hay salvavidas que dicen que hasta cierto punto pueden entrar los niños, y eso es favorable, porque a veces uno se descuida un poco y ya se van para allá”, indicó, mientras seguía cada movimiento de su hija Edith y de las otras menores.
Contó que llegó con ayuda de una familiar que ya conocía el lugar.
“Como estoy desempleada, me tocó traerlas a mí. Vine con una prima, porque ella ya sabía; yo no tenía claro dónde quedaba, solo me decían que quedaba por el Batallón, entonces ella me fue guiando”, manifestó.
Ella detalló que el grupo está conformado por varias niñas de distintas edades, quienes se mantienen jugando juntas durante todo el tiempo.
Sobre el motivo de la salida, ella explicó que buscaban aprovechar estos días antes del regreso a clases. “Hay que aprovechar porque ya entran a la escuela y después ya no se puede salir casi a ningún lado”, señaló, mientras las niñas volvían a correr hacia el agua, entre gritos y salpicaduras.
A pocos metros, Rubén Baidal observó a su nieto, quien alterna entre pequeños juegos y carreras cortas que terminan en nuevas entradas a la piscina, siempre regresando con una sonrisa.
“Varias veces hemos venido; se entretiene el bebé, está disfrutando ahí”, explicó sin apartar la vista del menor.
También mencionó el motivo de la visita: “Para las vacaciones también aprovechando, porque con este calor no se puede estar en la casa”. Añadió que la salida continúa luego con otras actividades: “Más tarde creo que tiene deporte en la cancha de fútbol de enfrente”.
El mismo comportamiento se repitió en la laguna artificial del parque acuático Coviem, en el sur de la ciudad.
En dicho lugar, los niños permanecieron dentro del agua por largos periodos, saltando, chapoteando y regresando una y otra vez, mientras los adultos observaban desde los alrededores, atentos a cada movimiento.
Lady, quien acudió por primera vez, siguió con la mirada a sus hijos mientras permanecían dentro de la laguna. “Hay bastante presencia, están monitoreando que los padres no dejen solos a los hijos o que no se salgan del límite establecido, me parece bien, el lugar se ve limpio y las personas están disfrutando”, afirmó.
Explicó que la decisión de acudir responde al clima y al tiempo disponible en casa. “El calor está insoportable, por eso hemos venido, pero también porque están de vacaciones y queríamos salir un rato en familia”, indicó y añadió que el ambiente le resultó adecuado. “Se ve gente tranquila, no vemos problemas, incluso hay guardias en la entrada”, sostuvo.
En otro grupo, Anthony Nieves permaneció con sus hijas y otros familiares, quienes se mantuvieron cerca entre sí, entrando y saliendo del agua en conjunto, sin alejarse demasiado. “Venimos por las vacaciones antes de que entren a la escuela y por el calor inmenso que hay en Guayaquil, entonces salimos a disfrutar un rato en familia”, manifestó.
Nieves señaló que ya han acudido en otras ocasiones. “Ya hemos venido otras veces; aquí es bonito, los niños la pasan bien”, detalló y agregó que el plan continúa fuera del lugar. “Después vamos a comer, el agua da hambre”, dijo, mientras los menores regresaban nuevamente al agua. (I)