Desde tempranas horas de este miércoles, 31 de diciembre, decenas de personas se concentran en puntos tradicionales de venta de carnes para adquirir piezas de cerdo y pavo, protagonistas infaltables de la mesa de fin de año.
El movimiento es constante y el trabajo no se detiene.
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En el sector donde funciona el local El Sabrosón, la atención se inició desde las 07:00 y se mantiene hasta agotar el stock.
Su administradora, Roxana Molina, explicó que este año la demanda ha sido alta y que la organización permitió responder al flujo de clientes.
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Detalló que las reservas tuvieron una buena acogida y que se facilitó el pago mediante transferencias para evitar el uso de efectivo.
En cuanto a los precios, Molina indicó que la libra de cerdo se comercializa en $ 3,60, mientras que la de pavo alcanza los $ 3,70.
Las piernas de chancho se ofertan desde las 10 libras en adelante y el pavo, desde las 15 libras.
“El 31 siempre predomina el cerdo, es el protagonista”, señaló, al tiempo que destaca que el personal trabaja de forma continua para cubrir la demanda.
Agradeció además la fidelidad de los clientes y resalta que el negocio lleva 47 años acompañando las cenas navideñas y el recibimiento del nuevo año.
Entre quienes hacen fila estuvo María Eugenia Zambrano, residente del sector de Lizardo García y San Martín.
Llegó alrededor de las 06:30, como lo hace cada año, para comprar una pierna de chancho.
Contó que la comida será solo para su familia, “cuatro nada más”, y expresó su deseo de que el año que empieza llegue con salud para todos.
“Barriga llena, corazón contento”, resumió con una sonrisa.
Otra de las compradoras fue Jazmín Anchundia, del sur de la ciudad, quien esperó cerca de media hora para adquirir cerdo.
Comentó que la cena será en familia y con algunas amigas invitadas, una tradición que mantiene cada fin de año.
José Luis Paredes, vecino del norte de Guayaquil, llegó antes de las 07:00 para asegurar la compra de una pierna de cerdo.
Comentó que aunque la espera es larga, prefirió madrugar porque la calidad del producto “vale la pena” y ya es una costumbre familiar repetir la compra cada 31 de diciembre.
Señaló que la cena será para compartir con sus padres y hermanos, y expresó su deseo de que el nuevo año traiga trabajo y tranquilidad para la ciudad.
Otros ingredientes de la cena
El movimiento no solo beneficia a los expendios de carne. A los alrededores, vendedores complementan la oferta con rellenos, mote y guarniciones.
Carlos Ortiz, quien se dedica a esta actividad únicamente en estas fechas, relató que terminó de preparar el relleno alrededor de las 02:30 y llegó de inmediato al lugar para ofrecer el producto recién elaborado.
Vende cada tarrina, de aproximadamente una libra, a $ 10.
Detalla que el relleno lleva pasas, aceitunas, nueces y vino, sin fruta confitada, además de un toque especial que aporta su esposa.
Asegura que el negocio es rentable y que espera estas fechas cada año.
En otro punto, Giovanni Varela ofrece rellenos de pavo, mote y bandejas para servir las piernas de cerdo y pavo.
Señala que también trabajaron los días previos y que, aunque el movimiento suele arrancar lento, con el pasar de las horas las ventas fluyen.
Sus rellenos incluyen aceitunas, pasas y pavo, con una receta casera. El mote se vende a $ 1 la funda y las bandejas a $ 2.
Así, entre filas, trabajo continuo y aromas tradicionales, Guayaquil despide el año con una intensa actividad comercial que refleja la importancia de compartir la cena de Fin de Año en familia. (I)