“La vida ha triunfado sobre la muerte”. Con esa frase, el arzobispo de la ciudad, Luis Cabrera Herrera, resume el sentido de la Semana Santa, una celebración que atraviesa la experiencia personal y colectiva de quienes la viven.
El recorrido se inicia con el Domingo de Ramos y avanza día a día por episodios que la Iglesia recuerda de forma progresiva. Cabrera explicó que la semana se organiza en momentos que preparan a los fieles para el triduo pascual, considerado el núcleo de estas jornadas.
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“Vamos entrando poco a poco en esos acontecimientos, en la pasión, en la muerte y en la resurrección de Jesús”, dijo.
El lunes se recuerda la unción de Jesús, el martes se anuncia la traición de Judas y la negación de Pedro, y el miércoles se desarrollan los preparativos para la Pascua. A partir del jueves, indicó, se concentra la mayor carga simbólica. En la mañana se celebra la misa crismal, en la que se bendicen los óleos y se refuerza el vínculo de los sacerdotes con la Iglesia, mientras que en la tarde se inicia el triduo con la cena del Señor y el lavatorio de los pies, acto que representa el servicio.
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El triduo pascual - Jueves, Viernes y Sábado Santo
El Viernes Santo se vive desde el recogimiento. “Es acompañar a Jesús en su camino”, señaló, al referirse a las prácticas de oración y al vía crucis que se desarrolla en distintos puntos de la ciudad.
Este día se centra en la contemplación de la cruz como parte del proceso que culmina en la resurrección.
En Guayaquil hay más de cinco grandes procesiones que recorren el suburbio, centro y el norte. La más grande sigue siendo la del Cristo del Consuelo, que este viernes espera más de 500.000 fieles católicos de diferentes sectores.
La otra procesión que ha cobrado fuerza es la del norte, donde se reúnen varias parroquias de esa zona.
El sábado se mantiene como una jornada de silencio y se espera hasta la vigilia pascual, que marca el anuncio de la resurrección.
Para el arzobispo, esta secuencia no se limita a una representación simbólica. “La pasión de Jesús también toca la vida de cada persona”, indicó, al explicar que los fieles suelen vincular estos días con sus propias experiencias.
Mencionó que hay quienes atraviesan pérdidas, momentos difíciles o situaciones personales complejas, lo que influye en la forma en que participan de cada celebración.
Esa diferencia en las vivencias, explicó, no rompe el sentido común de la Semana Santa. “Cada uno la vive desde lo que está pasando, pero es la misma fe la que responde”, afirmó. Señaló que niños, jóvenes y adultos mayores participan desde perspectivas distintas, dentro de un mismo marco.
Cabrera insistió en el carácter colectivo de estas jornadas. Indicó que la Semana Santa no es una práctica individual, es un espacio en el que coinciden familias completas.
“Se vuelve un momento en el que la gente se encuentra”, manifestó, al describir la participación de distintos grupos en las celebraciones.
Añadió que estos encuentros permiten acercamientos entre personas. “Se genera reconciliación”, sostuvo, al referirse a la posibilidad de retomar vínculos dentro de las familias y comunidades.
El mensaje de reconciliación y cambio en la actualidad
También señaló que el mensaje central de la Semana Santa se mantiene vigente frente a situaciones actuales. Indicó que la invitación es a revisar conductas personales y a dejar de lado conflictos. “Abrir el corazón a Jesús”, expresó.
Explicó que, desde la perspectiva religiosa, la celebración propone cambios en la forma de actuar.
Mencionó que se busca dejar atrás actitudes como el egoísmo o el distanciamiento entre personas. “La idea es volver a mirarnos como hermanos”, afirmó.
Finalmente, reiteró que la Semana Santa alcanza su sentido completo en el Domingo de Resurrección, como cierre del proceso que se inicia días antes. “Es un tiempo que da sentido a la vida”, concluyó. (I)