Rodolfo Cabrera avanzaba varias páginas de su libro Vivir positivamente sentado en una de las mesas del área de filosofía de la Biblioteca Municipal de Guayaquil. Afuera, el movimiento del centro seguía entre buses, vendedores y ruido de bocinas. Adentro, apenas se escuchaba el sonido de hojas pasando. A sus 67 años, el hombre llega tres veces por semana luego de trabajar como vendedor ambulante en el centro de la ciudad.
Dice que empezó a frecuentar la biblioteca desde finales de los años noventa, cuando estudiaba matemáticas y las salas permanecían llenas de estudiantes revisando libros o esperando turnos para utilizar textos académicos. Mientras recuerda esos años, mira alrededor y comenta que ya no encuentra el mismo movimiento.
“Antes esto no tenía espacio ni para caminar. Había que esperar por los libros porque todos los necesitaban”, recordó.
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Ahora llega para leer, revisar periódicos o buscar información relacionada con negocios. Cuenta que muchas veces permanece unas dos horas sentado leyendo, porque siente que es uno de los pocos lugares donde puede estar tranquilo.
“Aquí nadie me molesta. Me hace acordar cuando era más pelado y venía a estudiar o a buscar en el periódico oportunidades laborales”, comentó.
Las nuevas generaciones en la biblioteca
Mientras Rodolfo permanecía concentrado en su lectura, en otra sala un joven se acercó hasta el escritorio de atención preguntando si había novelas de romance disponibles. Era Josué Arias, de 25 años, quien contó que uno de sus sueños es escribir un libro y que comenzó a leer más seguido para aprender sobre construcción de personajes y narrativa.
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“No tengo los recursos, así que me toca venir acá y nutrirme lo más que pueda. De paso dejo un poco el celular y me concentro más”, explicó.
Josué dice que espera publicar su historia de manera digital y bajo anonimato, aunque mantiene la idea de llegar eventualmente a una editorial.
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En otra de las estanterías, una joven de 19 años buscaba un tomo de Tokyo Ghoul, manga japonés que conoció por streaming y que compañeros de la universidad le recomendaron buscar en la Biblioteca Municipal. Contó que recién este año comenzó a visitar el lugar, principalmente por interés en cómics y novelas gráficas.
“Sabía que existía, pero recién vine este año por este cómic”, comentó la estudiante de Diseño Gráfico.
Poco después apareció Richard Valencia, trabajador del área de pintura, quien llegó hasta la biblioteca para pasar parte de la mañana leyendo. Dijo que le gusta el espacio porque encuentra silencio y tranquilidad.
“Aquí es tranquilo. Casi no hay ruido”, comentó mientras avanzaba varias páginas de un libro.
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La Biblioteca Municipal en cifras y su evolución
Aunque muchos de los visitantes reconocen que ya no existe el mismo flujo de estudiantes de hace años, la Biblioteca Municipal todavía mantiene movimiento constante.
Entre enero y abril de este 2026 ingresaron 14.771 personas y solo durante abril se registraron 3.752 visitantes. Durante todo el 2025 la institución contabilizó 46.791 usuarios.
Joaquín Moscoso, jefe de la Biblioteca Municipal de Guayaquil, explicó que actualmente cerca del 30 % de los asistentes son niños, adolescentes y jóvenes, y el 70 % restante son personas adultos y adultos mayores. Solo durante el 2025 la biblioteca atendió a 25.970 usuarios de hasta 17 años, cifra superior a los 15.620 registrados en 2023.
Parte de ese crecimiento, indicó, está relacionado con actividades impulsadas junto con unidades educativas, talleres vacacionales y espacios de mediación lectora. Entre esas iniciativas constan concursos intercolegiales y recorridos guiados dentro de la biblioteca.
Moscoso explicó que uno de los cambios recientes fue reforzar áreas como la comiteca y los fondos juveniles mediante la incorporación de mangas, cómics europeos y novelas gráficas. Solo entre 2025 y este año se integraron más de 1.300 libros nuevos en las áreas infantil y juvenil.
“La biblioteca tiene que volver a convertirse en un espacio de encuentro”, sostuvo.
Un legado de conocimiento y planes futuros
Dentro de las salas todavía hay usuarios que llevan décadas llegando al edificio. Uno de ellos es Iván Constante, abogado de 62 años, quien contó que antes de la pandemia acudía frecuentemente a revisar códigos penales y periódicos archivados relacionados con casos judiciales.
Recordó que durante su etapa universitaria utilizaba la biblioteca como refugio antes de los exámenes, porque encontraba silencio para estudiar.
“Veníamos hasta con amigos después del trabajo. A veces revisábamos periódicos, otras veces solo nos quedábamos leyendo parte del Código Penal que ocupamos en nuestros casos del tiempo”, comentó.
La Biblioteca Municipal conserva alrededor de 270.000 tomos distribuidos en catorce fondos bibliográficos. Entre ellos constan salas de filosofía, hemeroteca, publicaciones nacionales y archivos históricos.
Moscoso indicó que actualmente la institución trabaja en la digitalización de documentos y en una nueva página web que permitirá revisar catálogos y acceder a archivos digitalizados. (I)




















