“Guayaquil siempre fue puerto principal y astillero de fama, muchos cantautores, poetas y trovadores se han inspirado en su historia. Ciudad castigada por incendios, asaltada por piratas, creció por el poder de sus raíces, costumbres, afectos, por sus personajes e instituciones”, describe a la Perla del Pacífico Mario Canessa, director del Grupo Caravana.

Y si de instituciones se habla, en lo deportivo emergen dos. La primera, fundada en mayo de 1925 por una colonia de catalanes residentes en Guayaquil. La otra, nacida del ideal del estadounidense George Capwell, un alto directivo de la Empresa Eléctrica, en 1929.

Entre hazañas y anécdotas Barcelona y Emelec han sido pioneros en muchos aspectos deportivos e institucionales.

“Ni los distinguidos caballeros de la colonia española ni el gringo Capwell se pudieron haber imaginado que desde el astillero estaban creando dos sentimientos unidos por la partida de nacimiento, que crecieron y caminaron por sendas distintas hasta convertirse con los años en enfrentados devoradores del sentimiento popular”, dice Canessa y habla de una de esas primeras veces.

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Aquel 22 de agosto de 1943 en el estadio Guayaquil, luego Ramón Unamuno, cuando se enfrentaron por primera vez y nacería el Clásico del Astillero, que hasta la fecha es el primero en importancia en el país.

En adelante, Canessa explica que canarios y eléctricos “fueron creando una comunicación lúdica, sensible, que viniendo del placer, de la diversión, también consigue por el poder catártico liberar tensiones sociales y económicas”.

Ligados a ese sentimiento llegaron las gestas y logros.

Emelec marcaría un hito, menciona Carlos Ramón Loor, periodista deportivo y autor del libro Azul 1 y 2 del C.S. Emelec, al ser el primer club ecuatoriano en tener su estadio, el George Capwell, inaugurado en octubre de 1945, con un partido de béisbol, recordando que el fútbol hizo su debut allí, en noviembre del mismo año, tras la primera de las tres remodelaciones, junto con la de 1991 y la de 2017 cuando llegó a 35.430 plazas.

Dos años después, Guayaquil sería la primera ciudad ecuatoriana que se convertiría en el epicentro futbolístico del continente, al acoger el Campeonato Sudamericano de 1947, teniendo como único escenario al George Capwell.

En 1957 llegaría otro momento histórico con la disputa del primer Campeonato Ecuatoriano de Fútbol, siendo Emelec el campeón pionero.
En tanto, Barcelona se convertiría en el primer bicampeón (70 y 71), resalta Loor; y en 1988 revolucionaría su historia con su propio estadio, el Monumental, el primero del país, con capacidad de 57.319 espectadores. El escenario sería luego testigo de la primera final de Copa Libertadores de un equipo ecuatoriano, esto en 1990, cuando Barcelona se midió con Olimpia de Paraguay.

“Los años han pasado, Barcelona puede presumir de ser el primero en haber alcanzado su estrella 15, en tanto que Emelec con 14 es el único de la provincia y la región que ha ganado un tricampeonato, esto dentro de un ciclo dirigencial que en algo más de un decenio suma cuatro títulos y cinco subtítulos”, dice Loor, quien asegura que la pasión dual, auriazul, es uno de los mayores patrimonios intangibles de Guayaquil y el Ecuador.

Esa pasión se traduce en el ámbito de adhesiones. Según Agustín Salvarría, director del programa de socios de Emelec, el Ballet Azul tiene unos 17.000 socios. Mientras, los toreros cuentan con 15.370, según Jorge Puno, jefe de Fidelización de Barcelona. (I)