En el siglo XX Guayaquil registró su mayor crecimiento urbanístico y poblacional por varios motivos: la migración del campo a la ciudad y de cientos de extranjeros que se establecieron aquí para trabajar.

En 1920 se formó el barrio del Centenario, el primer sector residencial en la urbe porteña, que ese año cumplió el centenario de independencia.

Para esa época, en el centro de Guayaquil vivían las familias acaudaladas, pero una vez que se creó dicho barrio, partieron a la nueva zona residencial ubicada en el sur.

Tres décadas después, la ciudad se había expandido de forma considerable. En el suroeste residían los trabajadores, mientras que el norte comenzaba a acoger a familias adineradas.

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Para la década del 50 se formó una de las zonas residenciales más emblemáticas de la ciudad porteña, que está próxima a conmemorar los 200 años de su independencia.

Urdesa nació en el año 1955 gracias a la visión de Ernesto Estrada, Julio Vinueza y Jacobo Ratinoff, quienes se unieron en sociedad para adquirir 300 hectáreas de la hacienda Mapasingue, perteneciente a la Junta de Beneficencia de Guayaquil. Estrada, aficionado a la aviación y uno de los primeros pilotos comerciales del país, había observado este terreno en uno de los vuelos que hizo.

El terreno donde se construyó Urdesa pertenecía a la Junta de Beneficencia de Guayaquil. Foto: Archivo.

Junto con Vinueza y Ratinoff formaron Urbanizadora del Salado S. A. (Urdesa) y compraron este espacio, situado en las riberas del estero Salado. El arquitecto chileno Alamiro González Valdebenito diseñó el proyecto urbanístico.

Martha Béjar, presidenta de Acción Cívica Cultural de Urdesa (Accur), lleva más de 50 años residiendo en el sitio. Explicó que esta nueva ciudadela estaba conformada por tres sectores: clase alta, clase media alta y clase media.

“La parte alta de la ciudadela eran las dos Circunvalaciones hasta la avenida Las Lomas, eran terrenos de 1.000 a 2.000 metros cuadrados”, dijo Béjar.

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Los de media alta eran solares de hasta 800 metros cuadrados, mientras que las de media eran de hasta 400 metros cuadrados, explicó ella. “Urdesa era una ciudadela integrada”, agregó Béjar.

Una de las particularidades de esta ciudadela es que las calles, desde sus inicios, fueron denominadas en orden alfabético por árboles nativos. Es así que desde Circunvalación se ubican Acacias, Bálsamos, Cedros, Dátiles, Ébanos, Ficus, Guayacanes, Higueras, Ilanes, Jiguas, Laureles y Mirtos.

También hay algunas calles que tienen denominaciones especiales. “Todos los Santos es llamada así porque en esa cuadra vivió la familia Santos, cada casa era junto a la otra. Y Las Monjas, porque en esa calle está el colegio Santo Domingo de Guzmán”, manifestó Béjar.

Una de las primeras casas en Urdesa perteneció a uno de sus creadores, Julio Vinueza, en 1957, en Circunvalación y la avenida Víctor Emilio Estrada.

En el diseño original del arquitecto González existían casas de una planta. Pero para 1960 ya las estructuras comenzaron a ser modificadas.

La recién construida avenida Víctor Emilio Estrada en 1956. Foto: Archivo.

Varios arquitectos aportaron para el desarrollo de la ciudadela, como Juan Péndola, Héctor Martínez, Pablo Graf, René Bravo, entre otros.

Béjar rememoró que uno de los espacios de distracción de los urdesinos era el estero Salado. Las viviendas, sin rejas, tenían jardines delanteros.

La avenida Víctor Emilio Estrada comenzó a acoger locales comerciales en la década del 70. Actualmente congrega decenas de establecimientos como bancos, restaurantes, bares, discotecas y otros que la han convertido en una de las arterias viales más dinámicas de la ciudad porteña.

El cambio de uso de suelo de residencial a comercial, en la década del 80, impulsó a varios residentes a buscar otros espacios para vivir.

No obstante, cientos de urdesinos como Béjar luchan a diario para proyectar a Urdesa como un espacio seguro, en el que se puede retomar el uso del estero Salado como espacio de recreación para los urdesinos y guayaquileños. (I)

Vía toma su nombre por banquero y político guayaquileño

Víctor Emilio Estrada Sciacaluga fue un banquero guayaquileño, hijo del expresidente de la República Emilio Estrada Carmona en 1911, y de Victoria Sciacaluga Aubert. Nació el 22 de mayo de 1891, según recogen reseñas del historiador Rodolfo Pérez Pimentel.

En 1910 se recibió como teniente de infantería del Ejército y fue oficial del Estado mayor. A lo largo de su carrera, ocupó varios cargos públicos. Durante el mandato de su padre, en 1911, se desempeñó como ayudante del Ministerio de Defensa en Europa.

En 1916 fue elegido diputado suplente por la provincia del Guayas y perteneció a la Junta Patriótica del Centenario y la de Embellecimiento de la ciudad, por los 100 años de la independencia de Guayaquil.
Estrada Sciacaluga también laboró como Interventor de Hacienda del Guayas en 1917.

La Caja de Ahorro y Crédito La Previsora fue creada el 24 de enero de 1920. Estrada fue designado como gerente.

Escribió el Ensayo sobre la balanza económica del Ecuador, que reflejaba datos sobre el comercio exterior del país entre 1913 y 1922. En esta publicación Estrada expicó las razones de la crisis del cacao.

Fue director de la Compañía Ecuatoriana White para Construcciones, y además presidente de la Bolsa de Valores y Productos de Guayaquil.

El 28 de mayor de 1944 fue designado como presidente del Concejo Cantonal de Guayaquil.

Al mando de La Previsora, formó varias compañías que fueron administradas por sus hijos. Uno de ellos, Ernesto, formó la Urbanizadora del Salado S. A. (Urdesa) junto al chileno Jacobo Ratinoff y el ingeniero Julio Vinueza, esposo de su hija Leonor.

El banco La Previsora otorgaba créditos de hasta diez años para que los ciudadanos puedan adquirir sus casas en la nueva urbanización Urdesa, a mediados del siglo pasado.

Víctor Emilio Estrada falleció en Guayaquil a los 62 años, el 22 de febrero de 1953. (I)