La intensidad de la calle Villamil se ha visto mermada por la pandemia de COVID-19. Casi dos meses de silencio hubo en este y otros corredores comerciales de la denominada Bahía de Guayaquil, ícono comercial de esta ciudad pujante que el 9 de octubre conmemorará su bicentenario de independencia.

Las voces de “Lleve a 20 (dólares), “Qué talla busca”, “Pregunte nomás” se apagaron por la orden de cese de actividades no esenciales. Pero ya con el cambio a color amarillo del semáforo sanitario, el Municipio autorizó el 20 de mayo la reapertura de locales de la Bahía pero por turnos, para desalentar las aglomeraciones. No obstante, la calle José de Villamil, de no más de 300 metros de longitud, es un corredor saturado por los comerciantes regularizados y los ambulantes.

El nombre rinde homenaje a un prócer de la gesta del 9 de Octubre de 1820.

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El historiador Miguel Cantos refiere que este sector era conocido popularmente como el barrio de los marineros, puesto que tripulantes ingleses, franceses y holandeses desembarcaban en los muelles del actual malecón Simón Bolívar y ahí buscaban tabernas o fondas para su distracción luego de meses en altamar.

“Posteriormente se comenzó a convertir de una zona bohemia a una zona de viviendas. Ese sector conocido como el barrio de los marineros a partir de la independencia se convirtió en el barrio del Porvenir”, expone Cantos.

En ese sector porteño, reseña, se estableció el depósito de aceite de ballenas, material utilizado para encender las farolas del alumbrado público. También la tradicional Casa de las Cien Ventanas del general Guillermo Bodero, otro prócer de la gesta de Guayaquil.

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La Tahona, inmueble de propiedad de la familia Rocafuerte, era otro de los edificios representativos de la época.

Cantos explica que el barrio Villamil tomó esta denominación a finales del siglo XIX. Algunas de las casas asentadas ahí, asegura, no fueron afectadas por el dantesco incendio de 1846.

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Este sector se convertiría con los años en un referente local y nacional de comercio. Cantos sostiene que la calle Villamil fue establecida a inicios del siglo XX. Luego fue tomada por los comerciantes.

“Comenzaron a tomarse las calles del malecón, casi donde actualmente están ubicadas la Gobernación y la Universidad de las Artes. En esos sectores, en los años 30 y 40, se concentraba el comercio, que poco a poco fue trasladado al sur, y esos vendedores se tomaron esta parte a las orillas del río Guayas, alrededor de la calle Villamil”, describe.

El historiador asegura que en 1968 el entonces alcalde Assad Bucaram reubicó a los comerciantes en la calle Villamil, a partir de Colón hasta llegar a la actual calle Olmedo, donde en la época funcionaba el tradicional hotel Humboldt.

De no más de 300 metros, la calle José de Villamil es una prolongación de la calle Pichincha con salida al malecón Simón Bolívar. Es un trazo comercial que empieza con ropa y zapatos, sigue con dispositivos electrónicos y termina con electrodomésticos y perfumes, a la vez es un corredor oblicuo que también copan los vendedores informales de encebollado, bollo y naranjada.

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Walter Manzano, riobambeño con 45 años en Guayaquil y hace 25 dueño de un local en la calle Villamil, está seguro de que el repunte comercial se remonta a los años cincuenta.

Recuerda bien las disputas por puestos en la calle en época de Navidad y de fin de año.

La extinta Comisión de Tránsito del Guayas mandaba personal a mantener despejada la vía, entonces carrozable, hoy llenas de cubículos. (I)