Estados Unidos mantiene una larga tradición de bautizar sus grandes buques de guerra con nombres de figuras históricas y los portaaviones no son la excepción.

Durante el fin de semana del Día de los Presidentes, el USS Gerald R. Ford zarpó al Medio Oriente para unirse al USS Abraham Lincoln. Ambos navíos reflejan una costumbre arraigada: honrar a expresidentes como símbolo de liderazgo nacional y poder naval.

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De acuerdo a Forbes, el segundo portaaviones de la clase Ford llevará el nombre de John F. Kennedy, mientras que, antes de dejar el cargo, Joe Biden autorizó que futuros buques honren a Bill Clinton y George W. Bush.

Estos gigantes tardan años en construirse y no entrarán en servicio hasta la década de 2040, lo que abre especulaciones sobre si algún día podrían existir portaaviones llamados Barack Obama, Donald Trump o incluso con el nombre del propio Biden.

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El portaviones USS Gerald R. Ford (CVN 78) desplegado en el Caribe. Foto: U.S. Navy @USNavy

¿Cómo se originó esta tradición?

El líder de la clase Nimitz, el USS Nimitz, honraba al almirante Chester W. Nimitz, mientras que el USS Dwight D. Eisenhower reconocía tanto al expresidente como a su rango militar equivalente al del almirante durante la Segunda Guerra Mundial.

Por su parte, portaaviones anteriores como el USS Franklin D. Roosevelt y el USS John F. Kennedy ya habían honrado presidentes, aunque sin establecer aún una norma clara.

La convención moderna se consolidó con el USS Theodore Roosevelt, seguido por el USS George Washington y otros buques nombrados en honor a mandatarios. Sin embargo, la política también influyó en decisiones controvertidas, como el USS John C. Stennis, cuyo nombre generó críticas por motivos históricos y políticos, mostrando que la nomenclatura naval puede reflejar tensiones sociales y decisiones estratégicas.

Portaaviones más recientes que rompen tradiciones

El futuro USS Enterprise retomará un nombre legendario en la marina estadounidense, mientras que el USS Doris Miller será el primero en honrar a un marinero afroamericano alistado, héroe de Pearl Harbor. Estos cambios reflejan una evolución hacia una representación más amplia de la historia naval del país.

Aunque el clima partidista hace improbable ver pronto un USS Biden o USS Trump, la tradición de honrar presidentes continúa moldeando la identidad naval estadounidense.

(I)

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