Las sondas Voyager 1 y Voyager 2 de la NASA, que se acercan a los 50 años de su viaje pionero, se encuentran al borde del agotamiento de su energía. Sin embargo, una audaz estrategia de ingeniería podría extender su misión hasta la década de 2030, lo que potencialmente permitiría realizar más descubrimientos científicos en el espacio interestelar.
El proyecto de ingeniería “Big Bang” extenderá la vida útil
Las sondas Voyager de la NASA han superado con creces su vida útil prevista, y ahora funcionan con solo una fracción de su potencia original. A medida que estas extraordinarias sondas se adentran en el espacio interestelar, la energía disponible disminuye, lo que obliga a los ingenieros de la NASA a adoptar estrategias innovadoras para mantenerlas operativas. Uno de los esfuerzos clave que se están llevando a cabo actualmente es una maniobra de ingeniería de alto riesgo conocida como el “Big Bang”.
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“Una próxima actividad de ingeniería, apodada “Big Bang”, en las naves gemelas Voyager de la NASA dará continuidad a los esfuerzos de la agencia para maximizar la producción científica de la misión", declaró un portavoz de la NASA en un correo electrónico enviado a Space.com.
El plan consiste en desactivar tres dispositivos que se han utilizado para evitar que las líneas de combustible de los propulsores de la nave se congelen, según publicó Daily Galaxy. Al reemplazarlos con tres nuevos dispositivos, los ingenieros esperan ahorrar casi 10 vatios de potencia, lo cual es fundamental dado que la fuente de alimentación de la nave sigue reduciéndose.
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Esta maniobra podría ser clave para prolongar la vida útil de los instrumentos que siguen recopilando valiosos datos científicos de los confines del sistema solar y más allá. Si la estrategia resulta exitosa, podría retrasar la necesidad de desactivar instrumentos científicos vitales al menos un año. El equipo comenzará a probar los ajustes en la Voyager 2 en mayo y junio de 2026, con planes de implementar los cambios en la Voyager 1 poco después.
El desafío del agotamiento de la energía
Lanzadas en 1977, ambas sondas Voyager fueron diseñadas para una misión mucho más corta: explorar los planetas exteriores del sistema solar. Sin embargo, su longevidad y capacidad para transmitir datos desde el espacio interestelar han superado las expectativas, y siguen operativas más de cuatro décadas después. A pesar de su éxito, ambas sondas se acercan al final de su vida útil, ya que sus fuentes de energía, las baterías nucleares, continúan perdiendo eficiencia.
Cada año, las naves espaciales pierden aproximadamente cuatro vatios de potencia, lo que les deja con un margen de energía muy reducido para el funcionamiento de sus instrumentos. Para 2022, la directora de la misión, Suzanne Dodd, informó que cada nave espacial disponía de tan solo cinco o seis vatios de potencia adicional, apenas suficientes para mantener los sistemas en funcionamiento. ¿El componente que más energía consume? El transmisor que permite a la nave enviar datos a la Tierra, que por sí solo consume alrededor de 200 vatios.
El inminente agotamiento de la energía ha llevado a los ingenieros de la NASA a apagar diversos instrumentos uno por uno. Si bien algunos, como los detectores de rayos cósmicos, ya se han apagado, otros permanecen operativos, incluidos los subsistemas de ondas de plasma y los magnetómetros. Sin embargo, la NASA se enfrenta a la constante presión de equilibrar la necesidad de conservar energía con el deseo de seguir recopilando datos el mayor tiempo posible.
¿Un objetivo ambicioso para 2035?
Si bien la próxima actividad del “Big Bang” podría dar más tiempo a las Voyager, las naves espaciales siguen en una cuenta regresiva hacia su fin. Alan Cummings , coinvestigador de la misión Voyager, explicó que, aunque la fuente de energía nuclear nunca se agotará por completo, las naves espaciales eventualmente carecerán de la energía necesaria para operar sus sistemas. A pesar de esto, las sondas ya están desafiando las expectativas al continuar enviando datos invaluables desde el espacio profundo.
Esta perspectiva optimista se basa en años de ingeniería excepcional y una serie de eventos afortunados que han mantenido las naves espaciales operativas durante tanto tiempo. El objetivo final del equipo es que cada nave alcance las 200 unidades astronómicas (UA) de la Tierra, un hito que podría lograrse para 2035. Actualmente, la Voyager 1 se encuentra a 169,8 UA y la Voyager 2 a 143,1 UA.
Si bien este objetivo es ambicioso, la misión Voyager siempre se ha caracterizado por su capacidad para superar las expectativas. Los ingenieros confían en que, con un poco más de suerte y una gestión cuidadosa, la nave espacial seguirá enviando datos durante los próximos años, alcanzando potencialmente hitos que nadie creía posibles cuando se lanzaron las sondas por primera vez. (I)