El B-2 Spirit se mantiene como uno de los bombarderos más letales de la Fuerza Aérea de Estados Unidos tras 36 años en servicio, gracias a un proceso de constante modernización: cuenta con un diseño furtivo combinado con mejoras tecnológicas, que le permite evadir sistemas de detección avanzados y ejecutar ataques de alta precisión, incluso contra objetivos especialmente protegidos y enterrados bajo tierra.

De acuerdo al portal 1945, recientemente se comprobó la vigencia operativa del B-2 durante la Operación Martillo de Medianoche, donde su desempeño fue presentado como ejemplo de una ejecución de misión más refinada. Esto, gracias a que la automatización, los nuevos enfoques de comando y control y las interfaces de armas actualizadas redujeron la carga de trabajo de la tripulación y aumentaron la rapidez y exactitud en la toma de decisiones durante el combate.

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Bombardero B-2 Spirit | Foto: Cortesía X @refueled

¿A qué se debe la longevidad del B-2?

Uno de los ejes de esta longevidad es la profunda renovación tecnológica interna. El bombardero vuela hoy con computadoras hasta mil veces más rápidas que las originales, una cabina digital rediseñada, sensores mejorados para detectar defensas enemigas y un control de fuego más avanzado, características que amplían de manera significativa su capacidad para operar en entornos altamente disputados.

Sin embargo, las mejoras no se limitan al software, pues el B-2 también incorporó un nuevo cableado de fibra óptica, procesadores de gestión de vuelo reubicados en unidades más potentes, materiales furtivos y mejorados, así como sistemas de gestión térmica avanzados, actualizaciones que procuran mantener la ventaja frente a las defensas aéreas modernas de potencias como Rusia y China, diseñadas para detectar aeronaves furtivas en un amplio rango de frecuencias.

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Uno de los principales retos de este bombardero furtivo, que entrará progresivamente en servicio, será la integración operativa con el B-21 Raider, pues ambas plataformas deberán coexistir y operar coordinadamente a través de redes de datos, sensores compartidos y asignación conjunta de objetivos, mientras el B-21 logra su tamaño de flota previsto.

En cuanto a la capacidad para atacar objetivos bajo tierra, el B-2 tiene un gran impacto en esta área debido a sus nuevas interfaces, software y control de tiro (puede emplear armas como el penetrador masivo GBU-57 y versiones modernizadas de la bomba nuclear B-61, municiones diseñadas para perforar profundamente el suelo antes de detonar y destruir instalaciones fortificadas).

(I)

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