El portaaviones nuclear USS Abraham Lincoln, desplegado por la Armada estadounidense junto a otras unidades en el Indo-Pacífico en 2025, llegó a Guam el 12 de diciembre y luego se dirigió a patrullar el Mar de Filipinas y el Mar de China Meridional, una de las zonas más sensibles del escenario geopolítico actual.

De acuerdo al portal 1945, este despliegue pretende garantizar la libertad de navegación, mantener abiertas las rutas marítimas estratégicas y reafirmar el compromiso de Washington con aliados regionales como Japón y Filipinas.

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Asimismo, este movimiento procura cuestionar las amplias reclamaciones marítimas de China sobre gran parte del mar de China Meridional mediante la llamada línea de los nueve trazos.

USS Abraham Lincoln (CVN 72) | Foto: Cortesía Instagram @warship_cam

Un portaaviones que no está solo

El USS Abraham Lincoln no opera solo, junto a él hay otros activos estadounidenses, tales como el buque asalto USS Tripoll y el submarino de ataque furtivo USS Seawolf para reforzar la presencia militar en la región. Estas patrullas conforman las operaciones regulares destinadas a monitorear la actividad china y demostrar que estas aguas no están bajo el control exclusivo de ningún Estado.

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¿Por qué esta ruta?

El Mar de China Meridional es vital para el comercio mundial, pues a través de él transitan billones de dólares en mercancías y una gran parte del suministro energético de Asia Oriental y sudoriental, en este sentido, aunque Estados Unidos no reclama soberanía sobre estas aguas, sí rechaza las pretensiones que contradicen el derecho marítimo internacional al tiempo que considera que la militarización china de islas artificiales amenaza la estabilidad regional y la gobernanza marítima global.

Visto desde la estrategia, el despliegue del portaaviones también cumple una función central de disuasión, ya que un grupo de ataque ofrece capacidades de superioridad aérea, vigilancia, guerra electrónica y respuesta rápida, permitiendo a Estados Unidos incluso si el acceso a bases terrestres se ve limitado.

Pese a esto, la misión se produce bajo la amenaza del poderoso arsenal antibuque chino, que cuenta con misiles como el DF-21D, diseñado específicamente para atacar portaaviones, y el DF-26, con alcance suficiente para golpear objetivos tan lejanos como Guam, representando riesgos significativos.

(I)

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