Brendon Grimshaw visitó por primera vez la isla Moyenne, en Seychelles, cuando tenía 37 años y decidió quedarse, por lo que compró ese pequeño terreno deshabitado y lo convirtió en el proyecto de su vida. Con el tiempo, transformó la isla en un refugio natural lejos del interés de los millonarios que querían adquirirla.

De acuerdo al portal 3DVF, en 1962 pagó 8.000 libras esterlinas por la isla, un lugar de apenas nueve hectáreas cubiertas de maleza y silencio. No se trababa de una inversión económica, sino una oportunidad para crear algo duradero, por lo que comenzó una vida dedicada a restaurar ese pequeño rincón del planeta.

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De las redacciones a recuperar una isla

El experiodista dejó atrás las redacciones y se asoció con René Antoine Lafortune, un joven local de 19 años junto quien limpió senderos, estudió el entorno y trabajó durante años para devolverle vida a la isla, esta alianza resistió el aislamiento, el clima y las dificultades del trabajo manual.

Durante décadas plantaron unos 16.000 árboles, incluyendo especies endémicas como palmeras y caobas. Gracias a ese esfuerzo, el ecosistema comenzó a recuperarse y la isla volvió a llenarse de vida, atrayendo a más de 200 especies de aves al lugar, sin dejar de lado que, las tortugas gigantes de Aldabra volvieron a multiplicarse.

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El creciente valor natural de Moyenne atrajo el interés de inversores ricos. Incluso se menciona que un príncipe saudí ofreció unos 50 millones de dólares por la isla. Sin embargo, Grimshaw rechazó todas las propuestas con una respuesta constante: el lugar no estaba en venta.

Finalmente, en 2009 la isla fue declarada parque nacional, convirtiéndose en el más pequeño del mundo.

Grimshaw falleció en 2012, pero dejó un legado de conservación y paciencia. Hoy Moyenne sigue siendo un refugio natural creado a partir de la visión de un solo hombre.

(I)

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