En las montañas del oeste de Rumanía, una manada de bisontes está actuando como “ecologistas de cuatro patas”, transformando paisajes que antes eran uniformes. De esta manera, su presencia ha permitido que la vegetación crezca hasta un 30% en diversidad y volumen, generando ecosistemas más ricos y equilibrados.
Tras haber desaparecido hace más de un siglo, el bisonte europeo ha regresado gracias a programas de conservación que evitaron su extinción. En este sentido, su reintroducción actual en la cordillera de Tarcu se considera un ejemplo destacado de recuperación de fauna en Europa, señala Eco News.
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¿Cómo contribuyen los bisontes al ecosistema?
Estos gigantes peludos modifican el entorno de forma natural: al pastar, pisotear y desplazarse, abren espacios para nuevas plantas y dispersan semillas, creando un mosaico de praderas, arbustos y bosques jóvenes que favorece la biodiversidad de múltiples especies.
Además de restaurar hábitats, los bisontes contribuyen a combatir el cambio climático, pues su actividad ayuda a que el suelo capture grandes cantidades de carbono, actuando como aliados naturales en la regulación ambiental.
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Sin embargo, su regreso también plantea desafíos para las comunidades locales, que temen daños a cultivos o ganado, de modo que se han implementado medidas como sistemas de alerta, compensaciones y educación comunitaria para mitigar estos conflictos.
Aun así, la presencia de bisontes abre oportunidades económicas mediante el turismo de naturaleza.
Este modelo sugiere que la reintroducción de grandes herbívoros puede restaurar ecosistemas, apoyar economías locales y servir como guía para proyectos similares en Europa.
(I)
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