La suboficial de segunda clase Gissela Chamorro-Vinueza, oriunda de Quito, Ecuador, hoy forma parte de la Armada de los Estados Unidos y presta servicio a bordo del USS Theodore Roosevelt, uno de los portaaviones más grandes y poderosos del mundo, asignado a operaciones desde San Diego, California.

Antes de llegar a uno de los gigantes navales más importantes del planeta, Chamorro-Vinueza estudió en el Colegio Milenio Mejía D7, en Ecuador. Años después, su vida tomó un rumbo completamente distinto al mudarse a Estados Unidos e incorporarse a la Armada estadounidense.

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Aunque ahora trabaja en un entorno militar altamente tecnológico y exigente, asegura que muchas de las enseñanzas que la han ayudado a avanzar nacieron en Quito, donde aún viven varios miembros de su familia.

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“Crecer en Ecuador me enseñó a ser agradecido todos los días”, dijo Chamorro-Vinueza. “Ahora, en este entorno, la gente se queja de todo, pero esto es un hotel de cinco estrellas comparado con donde crecí. Ser agradecido me ayuda a recordar de dónde vengo”.

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Chamorro-Vinueza ingresó a la Armada hace cuatro años y actualmente se desempeña como asesora legal. Cuenta que su decisión estuvo motivada por el deseo de superarse y conocer el mundo.

“Me uní a la Armada para ser una mejor versión de mí mismo”, señaló. “Me gusta viajar mucho y sabía que iba a llegar lejos en la Armada”.

Un “monstruo” de más de 100.000 toneladas

El USS Theodore Roosevelt es considerado una pieza clave dentro de las fuerzas navales estadounidenses. Los portaaviones han sido durante más de un siglo el centro de operaciones marítimas de Estados Unidos, participando en misiones de disuasión, ayuda humanitaria, control marítimo y respuesta ante crisis internacionales.

El Theodore Roosevelt impresiona por sus dimensiones. Tiene 333 metros de eslora, equivalente a más de tres campos de fútbol, mide 77 metros de ancho y supera las 100.000 toneladas de peso. En este “aeropuerto móvil” trabajan más de 5.000 marineros.

“Este portaaviones es uno de los buques de guerra más poderosos del mundo, pero son nuestros marineros quienes le dan a la Armada de los Estados Unidos nuestra ventaja en combate”, afirmó el capitán Will Mathis, comandante del Theodore Roosevelt.

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El oficial agregó que durante más de 250 años los marineros han construido “los cimientos de nuestra preparación y determinación”, permitiendo que la Armada estadounidense siga siendo “la fuerza marítima más fuerte y capaz del mundo”.

Según oficiales navales, los portaaviones tienen capacidades estratégicas únicas debido a su movilidad y rapidez de despliegue. Además, pueden operar libremente en aguas internacionales y responder de forma inmediata ante conflictos o desastres alrededor del planeta.

Superar barreras y destacar

Durante su carrera militar, Chamorro-Vinueza también ha tenido que enfrentar retos importantes, especialmente relacionados con el idioma y la adaptación al sistema militar estadounidense.

“Recibí el premio al Marinero del Año en 2023 en mi primer mando, el Escuadrón de Ataque Electrónico 144”, recordó. “Fue muy duro para mí porque no sabía mucho inglés y no sabía nada de aviones. Pero aun así pude superar esos desafíos”.

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La Armada estadounidense conmemora este año sus aportes a la defensa nacional en el marco de los 250 años de independencia de Estados Unidos. Las autoridades navales destacan que el éxito de la institución depende de atraer talento de distintos orígenes y experiencias.

Con el 90 % del comercio mundial moviéndose por vía marítima y gran parte del internet global dependiendo de cables submarinos de fibra óptica, la Armada insiste en la importancia de mantener operaciones navales sólidas alrededor del mundo.

Para Chamorro-Vinueza, la experiencia ha significado una transformación personal.

“Servir en la Armada me ha demostrado hasta dónde se puede llegar cuando uno cree en sí mismo”, aseguró.

Finalmente, la ecuatoriana dedicó palabras de agradecimiento a quienes la apoyaron en su camino.

“Quiero agradecer a mi familia y a mi primer mentor, el Jefe Luis Pérez”, dijo Chamorro-Vinueza. “Mi familia siempre me apoyó y creyó en mí. Siempre me impulsaron. El Jefe fue la primera persona en la Armada que creyó en mí. Cuando pensé que no podía hacerlo, él me dijo que sí podía”. (I)