Gabriela Cabezón (1968), escritora y periodista argentina invitada a la FIL 2020, es ganadora del International Booker Prize 2020 por su libro Las aventuras de la China Iron (2017), novela que relata un viaje en carreta a través de la pampa argentina. Es una figura prominente de la literatura latinoamericana contemporánea, además de activista feminista.

¿Qué marca el camino literario de Gabriela Cabezón, cuándo y cómo decide alzar la lucha feminista a través de las letras?

No sé si alzó la lucha feminista a través de las letras. Pero escribo. Y escribo desde una posición periférica en varios sentidos: mujer, latinoamericana, trabajadora. Habitar la periferia suele ser una situación menos cómoda que habitar el centro, sin dudas, pero también es una posición que permite tener otras perspectivas, miradas nuevas. Como decía la poeta argentina Alejandra Pizarnik, “Una mirada desde la alcantarilla puede ser una visión del mundo, la rebelión consiste en mirar una rosa, hasta pulverizarse los ojos.”

¿Qué necesita el mundo: literatura feminista o literatura femenina?

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El mundo necesita enterarse de que se escribe con las manos. Parece una obviedad, pero si prestamos atención a la sorpresa que genera que las mujeres estemos escribiendo no podemos menos que inferir que evidentemente hasta hace poco se ha creído que se escribía con los genitales. El mundo necesita que las mujeres, y todas las otras consideradas "minorías" –hablo de clase social, racialización, etc.– escribamos. Necesita una literatura plural, rica, diversa. El mundo necesita muchas perspectivas, no una sola. ¿A quién le sirve una sola perspectiva?

¿Considera que la presencia de las autoras mujeres está despuntando? ¿Cree que aún hay trabajo por hacer?

En mi país (Argentina), sin dudas. Creo que en Ecuador también, por lo menos a juzgar por obras como la de Daniela Alcívar y Gabriela Ponce, que son las que he podido leer. Claro que hay trabajo por hacer, pero lo estamos haciendo.

¿En qué tiempo fue escrito el libro China Iron y bajo qué condiciones lo realizó?

La primera idea –luminosa y feliz– apareció en el 2013, estando en Berkeley. Me habían dado una beca como escritora residente y estaba relajada y contenta. Enseguida volví y se acabó el relax: trabajo, mudanzas, cambio de trabajos, crisis de pareja y la larga y tremenda agonía de mi papá, que duró dos años. Fue un periodo muy duro para mí. Toda la alegría y la luz de la vida se me concentró en la escritura de la novela.

¿Por qué es importante fijarse en los personajes invisibilizados a lo largo de la historia?

Porque alumbran zonas que están a oscuras o silenciadas. Y siempre es hermoso explorar territorios que han permanecido difusos.

¿Qué le gustaría decirle a las escritoras ecuatorianas en estos momentos?

Que las quiero leer a todas.