Por | Paula Oñate

Nunca es tarde para adentrarse al mundo de las artes escénicas; ya sea para el teatro, la danza, la música, o cualquier otra representación artística. Gilberto Au es un profesional del ballet cuya formación inició a la edad de 15 años; nacido en Cuba y residido en Ecuador desde hace 11 años, ha tenido una larga e importante trayectoria, llegando a participar en obras de gran reconocimiento.

Cuando Au encontró su vocación en el ballet, era ya un estudiante de artes plásticas. Por lo general se recomienda estudiar esta disciplina en edades tempranas, pero para aquellos que descubrieron su deseo por la danza a una edad más adulta, en Cuba tienen la oportunidad de inscribirse en grupos especiales que, aparte de permitirles adentrarse al mundo del ballet, tienen menos tiempo de estudio con una carrera de 4 años de duración. Así fue el camino de Au.

Desde sus inicios ha logrado cumplir varios retos que se impuso en el camino; fue sobresaliente en su clase y uno de los primeros graduados; adicionalmente es uno de los primeros bailarines de la compañía donde trabajó, llegando a obtener roles principales y al rango de primer solista en obras como Don Quijote. También fue partícipe de obras reconocidas como Coppélia, Giselle, El Lago de los Cisnes, El Corsalio, entre otras.

El trayecto no es nada fácil, incluso los pasos que lo parecen. Desafiar la gravedad, la inercia y la anatomía son los retos que todo bailarín debe pasar durante su formación. Cada paso que se ensaya tiene una ejecución distinta, que a su vez conlleva una técnica personal. Para lograr los movimientos se trabaja mucho con las posiciones de ciertas partes del cuerpo, como la pelvis, el abdomen y la espalda; así como los músculos también forman parte fundamental del proceso. Sin embargo lo más difícil y doloroso, según Au, que implica el estudiar ballet es la flexibilidad la cual debe ser llevada a los extremos.

En cuanto al esfuerzo físico de mujeres y hombres; al cuestionar si había pasos específicos para cada sexo, su respuesta fue un sí, pero que de todas formas debían ser dominados por ambos. Como ejemplo expone el Piroutte Fouettes y Foutte Italiano, para las mujeres; y el Double Cabriole y Casiol, para lo hombres.

Discriminación

A pesar de que se ha visibilizado la participación de hombres dentro de la danza, incluido el ballet, hablar del tema todavía continúa siendo algo tabú en la sociedad. Au comentó que en su país natal, por ejemplo, había ciertas regiones que aún veían mal el hecho de que un hombre estudiara ballet, asociándolo a la homosexualidad.

Por otra parte, en sus años viviendo en Guayaquil, se dio cuenta que el tabú alrededor de este estilo de vida es reforzado fuertemente por los mismos hombres bailarines. Esto lo concluye con base en los reality shows que hay en el país, donde se hace una exageración en los movimientos acorde a la orientación sexual del bailarín, promoviendo así el estereotipo. No obstante, estos actos no han sido impedimento para que el artista deje a un lado su pasión por el ballet.

Si bien Au ingresó a estudiar ballet, también tuvo que aprender otros géneros como el jazz, mambo, danzas españolas y rusas e incluso el folclore ecuatoriano, que le permitieron destacar y expandirse en sus participaciones. Cuando llegó a Ecuador trabajó en el Ballet Nacional de Ecuador, una institución encargada de la difusión de la danza; ahora se encarga de dictar clases en la Academia Karinska. (I)