Aparentemente, para las nuevas generaciones de periodistas deportivos, jugadores, aficionados y directivos del balompié ecuatoriano, el nombre del brasileño Moacyr Pinto representa entre poco y nada. Solo así se explica que el brasileño que llegó al país en 1964, con 28 años para unirse al Everest, luche hoy por su vida de manera solitaria, sin más respaldo que el apoyo moral brindado por varios de sus excompañeros de Barcelona SC.

Moacyr, quien tiene asegurado un lugar de privilegio en la historia del fútbol mundial, permanece internado desde la semana pasada en el Hospital General Guasmo Sur. Ingresó con un cuadro de neumonía, complicaciones cardiacas y otras dolencias que determinan un estado de salud grave.

Publicidad

En una época en la que públicamente muchas voces exigen levantar estatuas a entrenadores por clasificar a mundiales —aunque al marcharse interpongan demandas millonarias—, a Moacyr le bastaría con que los clubes y organismos deportivos le retribuyeran, mediante ayuda efectiva, una parte de lo que el crack les entregó como genial jugador y entrenador.

Necesita ayuda

Publicidad

Como extraordinario volante canario, como histórico técnico que clasificó a Ecuador a su primera Copa del Mundo y como futbolista que brilló durante seis temporadas en las canchas del país donde decidió radicarse, Moacyr debería ser apoyado en este crítico momento por la actual dirigencia de Barcelona SC, la Federación Ecuatoriana de Fútbol y la Agremiación de Futbolistas de Ecuador.

En Brasil, donde nació el 18 de mayo de 1936, Moacyr es una figura respetada. Su nombre aparece en la web oficial del Flamengo, de Río de Janeiro, en el capítulo dedicado a los ‘Nombres Memorables’ del club más popular de ese país, junto con los ilustres Zico, Zagallo, Junior, Bebeto y otros cracks.

Allí formó una de las líneas de ataque más célebres de la historia rojinegra: Joel, Moacyr, Evaristo, Dida y Zagallo. Excepto Evaristo, quien luego brilló en el FC Barcelona y Real Madrid, los demás levantaron con Brasil la Copa Jules Rimet en Suecia 1958, torneo al que Moacyr llegó con 22 años y solo dos después de su estreno en primera división.

Moacyr Pinto, figura de la selección de Brasil.

Junto con Pelé

Compañero de Pelé, Didí, Vavá, Zito, Garrincha, Nilton Santos y otras leyendas brasileñas en Suecia, Moacyr dejó el Flamengo en 1961 con un legado de 226 partidos disputados y 59 goles anotados. Se unió a River Plate, donde registró siete goles en 28 encuentros. “Su tanto más famoso en Argentina fue un legendario tiro libre, con chanfle, desde un ángulo cerrado con el que doblegó al arquero Antonio Roma, de Boca Juniors (el 6 de agosto de 1961, en el Monumental. El clásico culminó 2-2”.

Entre 1962 y 1963, el brasileño militó en Peñarol y, junto con Alberto Spencer, alcanzó la final de la Copa Libertadores de 1962, perdida tras verdaderas batallas contra el Santos de Pelé.

Su historia en Ecuador comenzó en 1964, cuando deslumbró en el Everest. Tan fantástico fue el rendimiento de Moacyr que Barcelona SC no perdió tiempo y lo contrató. Con los toreros, lo mejor de su inteligencia futbolística cubrió una etapa memorable de cinco temporadas. Con el cuadro del Astillero ganó dos veces el torneo profesional de Asoguayas (1965 y 1967) y fue campeón nacional (1966).

Rumbo al primer Mundial

El domingo 19 de octubre de 1986 quedó registrado en la posteridad del balompié nacional por ser la fecha de su primera clasificación mundialista. Con Moacyr como DT, la Tricolor clasificó a la Copa del Mundo Sub-16 de Canadá 1987, al igualar a 2 en el estadio José Díaz de Lima con Bolivia, en el cierre de la fase final del Sudamericano de Perú 1986.

Si Ecuador derrotaba al conjunto del Altiplano, se habría adueñado de la corona por puntaje; no obstante, el empate bastó para finalizar en la tercera casilla y sellar su pasaporte para competir, por primera ocasión, en un torneo de la FIFA.

El historiador y periodista Alberto Sánchez Varas definió así a Moacyr en 2014: “Uno de los futbolistas más inteligentes que pisó nuestras canchas. No tenía mucho físico, pero sí inteligencia para desplazarse. Su capacidad de pase a distancia era asombrosa y con su remate formidable mostraba su gran técnica: lo podía ejecutar con chanfle o de forma lineal. En Brasil fue suplente de Didí y aprendió de ese maestro”.

Más elogios para Moacyr

Para Mauro Velásquez, Moacyr fue el mejor volante extranjero que llegó al club canario. En su libro Historia de Barcelona SC (1986) lo incluyó en su alineación ideal: “Para Moacyr todo era fácil, sencillo, aun cuando se tratara de las más complicadas maniobras. Clase mundial, pegada al balón como la poseen muy pocos pases puestos como con la mano”.

En 2021, Mario Canessa escribió sobre el crack en EL UNIVERSO: “En 1964 Everest dio el gran golpe al contratar a Moacyr Pinto, el extraordinario volante brasileño que venía con el pergamino de ser campeón mundial en Suecia 1958. Su llegada fue un acontecimiento que conmovió los cimientos del fútbol de Guayaquil, porque se trataba de un jugador de una técnica exquisita, de un aire señorial en la cancha, que después paseó su clase por Barcelona SC”. Para Canessa, Moacyr es “el mejor número 10 extranjero que ha vestido la camiseta amarilla”. (D)