“Con esa cara de bobo que tenés, nadie te iguala”, le dijo con fuego en los ojos el delantero de Argentinos Juniors José Antonio Pepe Castro al central de River Plate Nelson el Tano Gutiérrez.

Pudo estallar una guerra en ese partido de desempate del triangular de la fase semifinal de la Copa Libertadores de 1986.

Patricio Loustau, hijo del recordado Juan Carlos Loustau, dirigirá la final de Copa Libertadores entre Flamengo y Athletico Paranaense en Guayaquil

Con una selección de palabras impublicables respondió el Tano Gutiérrez, un corpulento defensor uruguayo que fue tan temido por su fuerza física en la cancha como respetado fuera de ella por su trayectoria futbolística, en la que ya se contaban la Libertadores y la Copa Intercontinental de 1982 con Peñarol.

Publicidad

El irreverente delantero argentino y el implacable central uruguayo se preparaban para dirimir el contencioso a los golpes cuando surgió entre los dos el árbitro Juan Carlos Loustau para anunciarles su expulsión del partido, aunque sin mostrarles la tarjeta roja.

Marcelo Trobbiani: En la final de 1990 hubo cosas raras que perjudicaron a Barcelona SC

La decisión del árbitro coincidió prácticamente con su pitido que anunciaba el fin del primer tiempo de un partido sin goles, pero no fue advertida por los espectadores ni los periodistas.

Los jugadores de ambos equipos emprendieron el camino a los vestuarios, algunos temiendo lo peor. Entonces Gutiérrez retó a Pepe Castro, siete centímetros más bajo y doce kilos más liviano.

Publicidad

El delantero argentino, solía desquiciar a sus rivales con insultos directos o gestos teatrales, como el que utilizó en Chile para marcar un gol en la paliza por 6-0 que Universidad de Chile infligió a Palestino.

La Copa Libertadores que nos ‘chorearon’ en el Monumental

“Tuve la osadía de arrodillarme en la línea de gol y empujar la pelota con la cabeza”, recordó entonces con orgullo.

Publicidad

Cuando el Tano Gutiérrez estaba a punto de lanzar el primer golpe, Pepe Castro, sin perder la calma, le espetó: “No podés ser tan bobo otra vez. Vamos a decirle a Loustau que estamos arrepentidos y que no volverá a ocurrir”.

El uruguayo y el argentino llegaron al vestuario de los árbitros con cara de penitencia y Loustou, satisfecho con los descargos, los absolvió.

El partido se reanudó con los mismos once jugadores por equipo, no hubo riñas, ni expulsados o goles y River Plate se clasificó a la final de la Copa Libertadores con América de Cali.

(D)

Publicidad